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La falta de confianza agrava la crisis

El Gobierno no encuentra respuestas a los problemas y las promesas incumplidas se acumulan y atentan contra las nuevas proyecciones. Los agentes económicos buscan escapar de los efectos nocivos de inflación, tasas, recesión y tipo de cambio
 
En medio de la suba del dólar, que paralizó algunos corazones esta semana, el ministro de la Producción, Dante Sica, aseguró que no le preocupaba el movimiento en las pizarras. Pocos le creyeron su aseveración, aunque posiblemente el responsable de las políticas destinadas al aparato productivo debería estar más preocupado por el nivel de las tasas de interés y su efecto en la actividad económica, que sigue profundizando su caída sin encontrar el piso.

La preocupación de los industriales ya no se oculta y a esta altura empiezan a advertir por el futuro de los puestos de trabajo. Después que Coca Cola tuviera problemas en Argentina, muchos temen que sus pymes no resistan la fuerte recesión que está a un paso de cumplir un año.

Sica es un especialista en materia industrial y trabajó para la Unión Obrera Metalúrgica como asesor. Sabe la realidad que se vive de los dos lados del mostrador en momentos como estos. Pero además, sí debería estar preocupado por el efecto que la suba del dólar puede generar en materia inflacionaria, sumando más presión a los precios. Justamente allí hay un talón de Aquiles claro del Gobierno. Enero y febrero posiblemente terminen sumando alrededor de 8% de inflación, y marzo no aparece como un mes en el que esos valores pueden caer bruscamente. La Casa Rosada navega aguas turbulentas: la inflación acelera, el dólar busca acompañarla, el Gobierno responde con tasas al alza y la recesión termina profundizándose.

Según la consultora Management & Fit, “el primer trimestre el PBI tocaría fondo y a partir del segundo comenzaría una gradual recuperación, que no sería suficientemente fuerte como para que el 2019 muestre (en promedio) una variación positiva. Se proyecta -1,3% anual y con menos dispersión entre las cifras, lo que señala cierta convergencia en la mirada de los analistas. Todo ello sujeto a que el agro empuje como un tractor tras el año de sequía (lo que no parece en riesgo), que Brasil acelere su crecimiento (algo que se empieza a dudar) y que no haya eventos que terminen de descarrilar el proceso de estabilización”.

Entre los economistas crecen las críticas por el manejo económico del Gobierno. Esta semana, José Simonella, presidente del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba, aseguró que “el Gobierno falló al no tener un plan y en no lograr transmitir confianza a los agentes económicos, que no sólo son los grandes decisores, sino también los consumidores que tienen una historia inflacionaria y no le creen las buenas perspectivas”.

En la confianza también hay parte de la explicación de por qué la gestión de Mauricio Macri no logra mejorar la proyección. La sumatoria de promesas incumplidas provocaron un descreimiento en la palabra oficial. Desde los brotes verdes hasta los segundos semestres fueron algunos de esos anuncios, sin olvidar que la inflación era un “problema de fácil solución”. Y esa falta de confianza lleva a los agentes a tomar medidas individuales de protección, que terminan conformando conductas de grupo. La recesión se retroalimenta como ocurre también con la inflación y el tipo de cambio. Quien tiene todavía posibilidad de invertir o comprar algún bien puede estar tentado a esperar “por las dudas”. Y entonces hay una porción mayoritaria de caída de ventas que se explica por la brusca baja del poder adquisitivo de 2018, y una parte adicional, por especulación, que termina agravando la situación. Con el dólar ocurre algo similar toda vez que es visto como un reaseguro para sostener ahorros sin perder poder de compra. La historia argentina, y en particular la última década, mostró que el que apostó por el dólar no perdió. El país sigue sin tener una moneda que genere confianza y hoy es una de las economías con más inflación del mundo en una tabla liderada por lejos por Venezuela. En 17 años el peso pasó del 1 a 1, al 1 a 3, luego al 1 a 9 de Cristina -aunque no se conseguía y en el mercado paralelo había una cotización cercana a los 13-; al 1 a 16 de la etapa de Alfonso Prat Gay, el primer ministro de Economía de Macri; al 1 a 19 de enero de 2018 y finalmente al 1 a 43 actual.

Por último, es conocida la conducta preventiva o especulativa ante la suba de precios. ¿Qué debería hacer un comerciante que vive un constante movimiento de precios en sus productos? ¿Vende teniendo en cuenta el valor al que compró la mercadería o al que espera reponerla? ¿Y cómo estima el de reposición? Ante esa encrucijada, la decisión racional es exagerar antes que “quedarse corto”. Y eso termina generando un plus al proceso en sí.

En ese escenario de protección hay un sector que debe ser tenido en cuenta: el campo. Si bien la cosecha gruesa es uno de los pocos  factores positivos que hay en el horizonte -y muy positivo- habrá que esperar a conocer qué actitud toman los productores. ¿Liquidarán toda la cosecha ni bien la comiencen a levantar o tendrán especial precaución a la hora de vender ahorrando en granos por las dudas? Si toman este último camino, aquella falta de confianza generará más complicaciones para el Gobierno, que necesita más que nunca de los dólares para devolver la tranquilidad a los nerviosos mercados.



Gonzalo Dal Bianco.  Redacción Puntal

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