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Mucho ruido y pocas nueces

Por Francisco Alcácer. Télam

Donald Trump y Kim Jong-un regresaron a sus países tras su histórica cumbre celebrando un supuesto acuerdo de desnuclearización y de paz que apenas alcanza el estatus de una declaración de intenciones, y cuya única garantía es la palabra de dos líderes inconstantes y caprichosos que hoy pueden decir una cosa y mañana otra.

Tras un show de gestos y declaraciones para las cámaras que parece ocultar bajo su pompa la total falta de detalles y sustancia, los presidentes estadounidense y norcoreano lograron además proyectar la imagen que buscaban: la de dos estadistas capaces de superar décadas de enemistad heredada en aras de la paz y el bien de sus pueblos.

Todo un logro para presidentes bastante poco convencionales: uno capaz de pelearse con líderes aliados y, dos días después, sentarse a conversar y elogiar a Kim, tercer vástago de una dinastía comunista, acusado de brutales violaciones a los derechos humanos y de mandar asesinar a su medio hermano y su tío, entre otros.

Según el texto suscrito, Kim "reafirmó su firme e inquebrantable compromiso con la desnuclearización de la península de Corea", una ambigua promesa que Corea del Norte ya hizo en el pasado y que elude la exigencia de larga data de EE.UU. de que renuncie a todo su arsenal nuclear. A cambio, Trump "se compromete a ofrecer garantías de seguridad" a Corea del Norte, es decir, un compromiso a no invadir o atacar al aislado y hermético régimen comunista. 

El problema, para empezar, es que el mismo término "desnuclearización", central en la negociación, es entendido de manera muy diferente por ambos países.

Para Washington, esto implica que Kim ponga fin a su programa nuclear militar de manera "completa, verificable e irreversible", una demanda que no se incluyó en el documento.

Para Pyongyang, en cambio, la desnuclearización no es sólo suya, sino "de la península coreana", una formulación que contiene la exigencia implícita de que Estados Unidos, una potencia nuclear, retire a los casi 30.000 militares que posee en Corea del Sur desde el fin de la Guerra de Corea en 1953.

De hecho, Estados Unidos fue el primero en desplegar armas nucleares en la península coreana. 

Otro punto por lo menos endeble del compromiso firmado en Singapur es la modalidad de la negociación en sí misma.

Estos delicados procesos comienzan primero con conversaciones entre técnicos, conocedores de la disputa y de sus vericuetos jurídicos. Lo hacen lejos de los flashes de los paparazzis y de los titulares de los diarios. Una vez consensuados algunos puntos concretos fundamentales, se va avanzando de manera ascendente en la escala jerárquica, pasando por secretarios, ministros y, finalmente, los presidentes mismos, que pasan a la historia estampando su nombre al pie del documento ante la vista del mundo. 

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