Villa María | eclipse

Ausonia vivió un atardecer distinto, con un efímero romance de astros

La luna ocultó al sol, y el público lo disfrutó. El acontecimiento duró poco más de un minuto y culminó con el aplauso de vecinos
 
Y fue un atardecer distinto el que se vivió en Ausonia. El eclipse total fue como un romance efímero entre la luna y el sol. Tan breve como intenso, capaz de ocultar los rayos solares, encender las farolas del alumbrado público, y oscurecer más de lo común la invernal tarde cuando las agujas del reloj se paralizaron a las 17.43.

Esa unión duró apenas 64 segundos, cuando la luna dejó de ocultar al astro rey. Y fueron testigos centenares de vecinos, no sólo en la vecina localidad ubicada a la vera de la ruta 4, sino en cada punto del país donde el fenómeno se dejó ver.

En Ausonia, el Municipio acondicionó un terreno camino al cementerio, donde el Cenma 96 fue recibiendo a cada uno de los que llegaron esperanzados con disfrutar de un fenómeno único, y por el que habrá que esperar la extensa cifra de 375 años para disfrutarlo nuevamente por estas tierras.

Los estudiantes, desde hace semanas y ni bien se conoció que Ausonia sería uno de los puntos donde el fenómeno sería total, fueron confeccionando equipamiento obligatorio para observar, teniendo en cuenta que hacerlo a simple vista ocasionaba daños severos en la visual. 

A punto tal que los especialistas alertaron que aquellos que lo hicieran sin protección eran propensos a perder la visual. 

Al terreno llegaron niños entusiasmados, jóvenes curiosos y adultos con reposeras. No faltaron los equipos de mate, que se fueron compartiendo desde minutos antes de las 17 hasta pasadas las 18, donde cada uno fue regresando a su hogar.

A Ausonia llegaron desde poblaciones vecinas, y varios villamarienses decidieron participar, algunos desde el terreno municipal ubicado en Sáenz Peña y 25 de Mayo, y otros apostados junto a la ruta 4.

Entre mates y reposeras

El fenómeno duró apenas 64 segundos. Cuando el reloj marcó las 17.43, el público comenzó a visualizarlo con una especie de máscaras acondicionadas para tal fin, aunque otros -los menos- optaron por utilizar las caretas de soldador.

La fría tarde se fue oscureciendo de manera imprevista. Los rayos se fueron ocultando y el silencio se hizo presente. Nadie decidió hablar por ese tiempo, y sólo se advirtió el “cuchicheo” de quienes no tenían “máscara” y pedían prestada a quienes tenían a su lado. Ninguno quería perderse el acontecimiento.

Un minuto y cuatro segundos después, los destellos del sol volvieron a ganar en el firmamento. Las luces del alumbrado se fueron apagando prácticamente de manera sincronizada. Y el aplauso de los presentes fue el cierre propicio para dar fin al fenómeno. 



Daniel Brusa.  Redacción Puntal Villa María

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