Villa María | Educación

“A los chicos que se fueron con el tambo nos los devolvió la comunidad boliviana”

Gloria Perín es la directora y única maestra de la Escuela Cristóbal Colón, en Las Cuatro Esquinas, al norte de calle Buenos Aires. Remarcó que la mitad de los 22 alumnos que arrancarán en 2019 provienen del vecino país
 
Si la calle Buenos Aires se extendiera infinitamente como la Avenida Rivadavia en Capital, a la altura del diez mil arribaríamos a Las 4 Esquinas, paraje donde hasta no hace mucho funcionara un boliche y en los años 50  celebrara  míticos bailes en una pista al aire libre. Hoy, lejos de aquellos días dorados, todo el movimiento social del paraje se ha muerto. El boliche ya no existen, la pista de baile es un baldío y sólo podemos encontrar dos casas habitadas en la comarca.

Pero la “casa” que nunca cesó sus actividades fue la escuela. Y es que la Cristóbal Colón, fundada en 1933, nació como ámbito donde educar a los hijos de los obreros campesinos del lugar, tamberos en su enorme mayoría. Sin embargo, con el nuevo proyecto de país a comienzos de este siglo, Argentina se pasó al modelo sojero; produciendo el éxodo masivo de esos empleados tras el cierre de los tambos. Aún así, la escuelita arrancará el 2019 con 22 alumnos. “Son cuatro más que el año pasado, lo que no deja de ser un pequeño repunte” comenta su directora, la seño Gloria Perín.

Recibida de maestra en 1989, Gloria se inició en una escuela de campo. “Fue en la Rosario Vera Peñaloza, entre Silvio Pellico y La Playosa. Pero al poco tiempo me casé y me tuve que venir a la ciudad. Y es que esa escuela quedaba lejos y no daba para viajar todos los días. Así que me quedó esa deuda pendiente para con la ruralidad”.

Una vez en Villa María, Gloria fue seño en tres escuelas. 

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“En el ´93 di clases en Las Playas, luego me pasé al República del Paraguay y después a la Agustín Álvarez, donde estuve 9 años. Pero seguía pidiendo el traslado al campo. Se me dio, por fin, a fines de 2016. Y en febrero de 2017 entré en las Cuatro Esquinas como personal único, sólo con la profe de Educación Física que venía cada 15 días”. 

-Sin embargo, ese año se comenzó con la jornada extendida ¿no es así?

-Claro. Y por suerte pudimos ampliar el staff. Conseguimos una profe de inglés que es Soraya Bresso y un profe de teatro que es Andrés Brarda. Yo doy Literatura y Tics y también Ciencias. El año pasado nos visitó el inspector Raúl Padilla. Quería ver cómo estábamos trabajando con los chicos de 4 y 5 años escolarizados, ya que técnicamente no tenemos salita de jardín.  Y le pedimos una profe de música. Si Dios quiere, la tendremos este año. Todo lo que hacemos es siempre para mejorarles la calidad educativa a nuestros estudiantes.

-¿Cómo te arreglás con el almuerzo?

-También hice la gestión por el almuerzo con el Paicor y nos traen la comida de Gasa, la empresa que atiende a todas las escuelas de la ciudad. 

-Me contabas del pequeño repunte de 4 alumnos ¿Cuántos había en 2017 cuando llegaste?

-Había 12 chicos pero terminamos con más. La matrícula de una escuela rural es siempre muy fluctuante, ya que hay muchas familias “golondrinas” que vienen o se van por trabajo. Hoy, por ejemplo, la mitad de los chicos vienen de los cortaderos bolivianos, que se trasladaron de este lado de la autopista. Y también tengo chicos de otras provincias como Formosa, Entre Ríos y Corrientes, ya que muchos empleados rurales de la zona vienen de allí. 

-¿Podría decirse que los chicos de los cortaderos han reemplazado a los que el tambo se llevó?

-Exactamente. A los chicos que se fueron con el tambo nos lo devolvió la comunidad boliviana de los cortaderos de ladrillos. Y es una muy buena noticia.

De campo y de ciudad

-¿No tenés alumnos de Villa María?

-No. Porque para llegar acá tenés que hacer cuatro kilómetros de pavimento y otros cuatro de tierra. Y los días de lluvia el camino de tierra es intransitable. No llego ni yo ni los papás. Por suerte, nos comunicamos siempre por wassap. 

-Otras escuelas rurales de la zona, sí tienen chicos villamarienses ¿no?

-Sí, porque a Las 4 Esquinas de la Ruta 158 o a las Islas Malvinas de Las Mojarras llegás por pavimento. Y algunos papás de la ciudad eligen la paz de la ruralidad.

-Fuiste maestra en el campo y en la ciudad ¿Cuáles son las diferencias y similutides?

-Hoy con la tecnología hay muchas más similitudes. Pero en el ´90 cuando entré, había muchas más diferencias. En la ciudad tenías muchas cosas que en el campo no había. En lo humano, te diría que el niño del campo es más libre y tranquilo; quiere estar todo el tiempo afuera y juega a otro tipo de juegos. 

-¿Y el de ciudad?

-Está siempre más alterado, quizás por la misma dinámica de los días. Pasa mucho tiempo frente al televisor o a la computadora y va de una actividad a la otra, a donde los mandan los papás que trabajan todo el día y no están en la casa. Y esa es la otra diferencia. En el campo, los papás están siempre. Trabajan pero están a mano, mucho más presentes. En el aula, los chicos del campo están mucho más distendidos. Yo tengo 20 alumnos de 4 a 12 años y nunca tuve que levantar la voz. En la ciudad, en cambio, los chicos son más inquietos y bullicioso. El chico de campo apenas llega te pide tarea. Y como la sala es múltiple, están muy acostumbrados a ayudar a los más chiquitos. Digamos que la escuela rural desarrolla un espíritu mucho más solidario en los chicos.



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

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