El vicerrector de la Universidad Tecnológica Nacional y decano de la Facultad Regional Villa María de la UTN, ingeniero Pablo Rosso, admitió que el que termina fue un año difícil desde lo presupuestario, pero destacó que como equipo también pudieron gestionar “en épocas de vacas flacas”.
En diálogo con este diario también habló sobre los proyectos que pudieron concretar, como tener un nuevo laboratorio de Electrónica, y sobre los que se plantean para 2019. En relación con los desafíos académicos, recordó el trabajo para la actualización de las currículas en Ingeniería y se refirió a avanzar en nuevos métodos de enseñanza. Además señaló las demandas del mercado del trabajo en la región.
“Siempre los balances son positivos más allá de los desafíos que nos toque enfrentar. Fue un año difícil desde lo presupuestario pero también creo que esas condiciones le dan al equipo la posibilidad de demostrar que se puede gestionar en épocas de vacas flacas. Y así lo hicimos, porque desde el punto de vista de proyectos pendientes hemos podido llevar adelante aquellos que teníamos en mente: ampliarles la cantina a los estudiantes, generar la explanada de graduados, tener un laboratorio nuevo de Electrónica, y esta semana terminamos de ver tres proyectos más que son el nuevo laboratorio de Sistemas, el nuevo laboratorio de Física y una readecuación de biblioteca”, describió Rosso.
Y añadió: “Seguimos gestionando en lo académico, y creo que es lo más importante para los próximos tres años al menos en la Ingeniería. Vamos a actualizar nuestras currículas, vamos a empezar a debatir la modalidad de la enseñanza, tenemos que centrarnos en el estudiante, la enseñanza tradicional pasa por un momento de fuerte análisis, ya no es la clase magistral la que le llega al estudiante, son otros métodos los que se están imponiendo en el mundo y eso lo tenemos que hacer con un consenso primero de la universidad, debería ser también del Estado y luego de los docentes y estudiantes”.
Ante la consulta sobre cómo los interpela el mercado del trabajo, Rosso avanzó en una respuesta regional.
“Tenemos una demanda laboral que de alguna manera lo puede satisfacer nuestra producción de ingenieros que ronda los 60 u 80 por año, esa es nuestra media en una línea de tiempo de casi 15 años, pero tenemos rubros que al igual que el país sufren caídas en su demanda y tenemos rubros que no vamos a poder abastecer como es el caso de la informática, el hardware, la computación, que son ingenierías cada vez más demandadas ante un mercado ya no local ni nacional sino mundial, que exige profesionales en esta temática”, precisó.
Destacó que es necesario también poder responder a la demanda que surge en fuerte vinculación con la tecnología que viene de parte de la sociedad, “que en muchos casos la asemeja como incremento en su calidad de vida, y Argentina tiene buenos recursos humanos en el tema, compitiendo con la formación mundial”.
Destacó que el director del Departamento de Sistemas de la Facultad, en un viaje reciente que hizo a Sillicon Valley, se encontró con que “los estadounidenses hablaban de la capacidad de los argentinos, en India también la reconocen y en el mercado asiático”. Ese estándar más la devaluación del peso permiten “a los programadores argentinos otra vez tomar una buena posición, aparte de por su capacidad por sus costos de contratación”, dijo.
En ese contexto remarcó: “Entonces creo que para la enseñanza de la Ingeniería la relación con los sectores industriales va a ser cada vez más fuerte pero también hay un nuevo escenario mundial, que no podemos dejar de ver, que es la existencia de empresas unipersonales de no larga duración en el tiempo a través de proyectos que los mismos profesionales van lanzando y alcanzando, y que en alianza estratégica con inversores hacen que esas ideas se conviertan en proyectos, en empresas que dan solución y que a veces rápidamente cambian hacia otro desafío u otra nueva creación de fuente laboral, o de programa, de proyecto, que los tiene permanentemente activos”.
“Creo que nos vamos a acostumbrar a un ingeniero independiente, capaz de generar ideas, capaz de generar empleos y capaz de dejar esas ideas para seguir con otras”, cerró.
Mariana Corradini. Redacción Puntal Villa María
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“Siempre los balances son positivos más allá de los desafíos que nos toque enfrentar. Fue un año difícil desde lo presupuestario pero también creo que esas condiciones le dan al equipo la posibilidad de demostrar que se puede gestionar en épocas de vacas flacas. Y así lo hicimos, porque desde el punto de vista de proyectos pendientes hemos podido llevar adelante aquellos que teníamos en mente: ampliarles la cantina a los estudiantes, generar la explanada de graduados, tener un laboratorio nuevo de Electrónica, y esta semana terminamos de ver tres proyectos más que son el nuevo laboratorio de Sistemas, el nuevo laboratorio de Física y una readecuación de biblioteca”, describió Rosso.
Y añadió: “Seguimos gestionando en lo académico, y creo que es lo más importante para los próximos tres años al menos en la Ingeniería. Vamos a actualizar nuestras currículas, vamos a empezar a debatir la modalidad de la enseñanza, tenemos que centrarnos en el estudiante, la enseñanza tradicional pasa por un momento de fuerte análisis, ya no es la clase magistral la que le llega al estudiante, son otros métodos los que se están imponiendo en el mundo y eso lo tenemos que hacer con un consenso primero de la universidad, debería ser también del Estado y luego de los docentes y estudiantes”.
Ante la consulta sobre cómo los interpela el mercado del trabajo, Rosso avanzó en una respuesta regional.
“Tenemos una demanda laboral que de alguna manera lo puede satisfacer nuestra producción de ingenieros que ronda los 60 u 80 por año, esa es nuestra media en una línea de tiempo de casi 15 años, pero tenemos rubros que al igual que el país sufren caídas en su demanda y tenemos rubros que no vamos a poder abastecer como es el caso de la informática, el hardware, la computación, que son ingenierías cada vez más demandadas ante un mercado ya no local ni nacional sino mundial, que exige profesionales en esta temática”, precisó.
Destacó que es necesario también poder responder a la demanda que surge en fuerte vinculación con la tecnología que viene de parte de la sociedad, “que en muchos casos la asemeja como incremento en su calidad de vida, y Argentina tiene buenos recursos humanos en el tema, compitiendo con la formación mundial”.
Destacó que el director del Departamento de Sistemas de la Facultad, en un viaje reciente que hizo a Sillicon Valley, se encontró con que “los estadounidenses hablaban de la capacidad de los argentinos, en India también la reconocen y en el mercado asiático”. Ese estándar más la devaluación del peso permiten “a los programadores argentinos otra vez tomar una buena posición, aparte de por su capacidad por sus costos de contratación”, dijo.
En ese contexto remarcó: “Entonces creo que para la enseñanza de la Ingeniería la relación con los sectores industriales va a ser cada vez más fuerte pero también hay un nuevo escenario mundial, que no podemos dejar de ver, que es la existencia de empresas unipersonales de no larga duración en el tiempo a través de proyectos que los mismos profesionales van lanzando y alcanzando, y que en alianza estratégica con inversores hacen que esas ideas se conviertan en proyectos, en empresas que dan solución y que a veces rápidamente cambian hacia otro desafío u otra nueva creación de fuente laboral, o de programa, de proyecto, que los tiene permanentemente activos”.
“Creo que nos vamos a acostumbrar a un ingeniero independiente, capaz de generar ideas, capaz de generar empleos y capaz de dejar esas ideas para seguir con otras”, cerró.
Mariana Corradini. Redacción Puntal Villa María

