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“Inventaron el síndrome de desatención e hiperquinesis con fines comerciales”

La psicóloga especialista en niños y educación, Susana Amblard habló de los chicos medicados en las escuelas. También del cambio de paradigma que se está operando y donde “felizmente, las maestras son fundamentales”

No siempre fue así. Pero de un tiempo a esta parte (desde fines del siglo veinte a la primera década del veintiuno) los papás pensaronque la falta de interés de los chicos en el colegio era un problema médico. Lo mismo pasó con el mal comportamiento o hiperactividad. Conclusión: durante esos años hubo, como nunca antes en Argentina y en el mundo, una verdadera legión de guardapolvos atorados de psicoestimulantes.

¿Qué pasó para que se llegara a ese punto en lo pedagógico y en lo familiar?, ¿qué hubo y qué no hubo para que la desatención fuese concebida como un problema médico y para que los propios papás hayan sido los encargados de darle a sus nenes la ritalina durante el desayuno? Susana Amblard, una de las psicólogas con más recorrido en la ciudad (y una de las pocas especialistas en el indisoluble maridaje entre niñez y educación), ensaya una respuesta.

“¿Qué pasó? Sencillamente que se cambió el concepto de infancia, y desapareció la idea del niño como sujeto en permanente construcción; es decir, en tránsito hacia la adultez y que, por lo tanto, no está acabado. Si entendemos que un niño es alguien en proceso, lo normal es que tenga todo el tiempo crisis y equilibrios”, dijo.

-¿O sea que la desatención y la hiperactividad no deberían ser tomadas como anomalías?

-Exactamente. El niño es un niño, aunque parezca una redundancia. Y no es que tengamos niños hiperactivos o niños desatentos. Tenemos niños. Y en ellos  es inherente la acción y la hiperactividad. Es absolutamente esperable que un nene no se sienta atraído inmediatamente por todo lo que le ofrece el docente y la escuela; pero eso no quiere decir que tenga un problema neurológico por el cual va a desatender.

La invención de la enfermedad

-Sin embargo, según los médicos hay una figura clínica. Y la llaman “Trastorno por déficit de atención e hieractividad”.

-Sí, claro. Pero inventaron el síndrome de desatención e hiperquinesia con fines comerciales. O sea, que se tomó esa descripción de la conducta del chico como una patología y se lo medicó. Esta es una cuestión absolutamente cultural.

-¿Por qué “cultural”?

-Porque esos mismos síntomas no hubieran llamado la atención a los maestros o a los padres dos décadas atrás. Y porque todas estas pseudopatologías son urbanas y posmodernas. El tema es muy otro.

-¿Cuál es, entonces?

-Que se dejó de preguntar “qué le pasa a este chico”. Y si un chico no presta atención, además de muy probables fallas a la hora de educarlos, las razones pueden ir desde que se les murió el perro hasta que se separaron sus papás. Y eso está muy lejos de ser un problema neurológico. Nos olvidamos que el gran transmisor de lo que le pasa al chico es el cuerpo. Y cualquiera que conoce un niño sabe que en determinadas condiciones se va a comportar mal o va a desatender.

Padres sin ley

-¿Por qué razón los padres aceptaron con tanta naturalidad la medicación y la terapia?

-Porque en una sociedad funcionalista, que vos le digás al papá que el hijo sólo tiene un sindrome de desatención que es medicable, es perfecto. A esos papás les facilitás la vida y no tienen que hacer grandes cambios ni hacerse grandes preguntas. Y mucho menos, intentar saber lo que les pasa profundamente a sus hijos. No te olvides que estos síndromes nacieron en los Estados Unidos. Dicen que el inventor de la ritalina confesó, antes de morir, que era todo un verso. Esta es una modalidad muy urbana y posmoderna.

-¿A qué te referís con “urbana y posmoderna”?

-A que en los lugares pequeños donde todavía se conservan certezas de crianza no entran estas patologías inventadas ni estas dudas nuevas. Pero hace unos 15 años hubo una fuerte corriente biologista y no sólo creció la medicación infantil, sino también la de adultos. Empezamos a solucionar las cosas de manera superficial. Crecieron los libros de autoayuda y las pautas para atacar los problemas de un modo rápido.

-¿Pensás que hubo falta de ley de parte de los padres?

-Absolutamente. Y eso es porque en los últimos tiempos nos han hecho creer que los chicos se las saben todas, que son más inteligentes que nosotros y que por tanto no se les puede poner límites ni ley. 

-¿Has estudiado el tema?

-Con la doctora Mercedes Civarolo, especialista en inteligencias múltiples, hicimos un proyecto acerca de la representación que tienen los adultos sobre los niños de hoy. Preguntábamos en las escuelas, y la respuesta de los docentes era como si hablaran de un adulto. Decían “los chicos saben más que nosotros”. O “cuando nosotros vamos ellos vuelven”. O “nos pasan por encima porque un chico de dos años ya sabe manejar una computadora”. Pero ese nuevo paradigma de una infancia tecnológica no justificaba la falta de autoridad de los padres. Bajo ese nuevo concepto, a la ley la terminan poniendo los chicos. Y es un grave error.

Medicación versus Psicoanálisis

-Hablabas de los intereses comerciales en la invención del “síndrome de desatención” ¿Te referías específicamente a los laboratorios?

-Sí. Y me acuerdo, incluso, que uno de estos medicamentos promocionado por un famoso laboratorio estadounidense había puesto una publicidad en los pasacalles diciendo: “Papis, duerman tranquilos que sus nenes ya tomaron el remedio”. Es evidente que los laboratorios son los máximos responsables y los máximos beneficiados en este negocio. Y también muchos psiquiatras que fueron cómplices. Es una ola muy contrapuesta al psicoanálisis en todas sus modalidades.

-¿Se debe a que la terapia médica dejó de lado al sujeto?

-Claro. Esto viene de las modalidades conductistas donde en lugar de interpretar el fondo de la cuestión, sólo se tiene en cuenta el comportamiento superficial. Y por eso  se recurre a una ayuda externa como la medicación. Esta modalidad biologista, de alguna manera le “reprocha” al psicoanálisis sus tratamientos largos y sin resultados.

-¿Y es así?

-¡Claro que no! Eso es una mentira y una infamia. Yo trabajo con chicos y no los tengo en tratamiento. Mucho menos de manera crónica. Uno trata de dar una orientación de todas estas certezas que se han perdido en el tiempo para los papás, por no preguntar qué le pasa a este chico. Y cuando a un chico lo callan con medicación, es un chico que se siente solo. La medicación ha hecho crecer la soledad en la infancia.

-¿Cómo es esto?

-Un chico que no se queda quieto o desatiende está diciendo muchas otras cosas. Porque su movimiento o pasividad son su lenguaje. Y si eso no se interpreta, se agrava. Y luego, los daños que hacen en el organismo los elementos químicos son gravísimos. 

-¿Por ejemplo?

-Muchas veces pasó que, después de la medicación, efectivamente aparecieron patologías reales; cosas que el chico no tenía antes. Y los papás y los médicos pensaron que habían actuado bien. Cuando fue la medicación la que las generó. Por suerte eso está cambiando y hoy el número de chicos medicados ha disminuido.

-¿A qué se debió?

-Al cambio de paradigma. Se ha trabajado mucho en los últimos tiempos desde los consultorios de psicología infantil y desde las aulas. Y hoy nadie acepta naturalmente este tipo de terapias. Ni los padres que se dieron cuenta que la ritalina los dormía a sus hijos; y mucho menos los docentes. Ellos fueron fundamentales para el cambio de paradigma. Porque el maestro de vocación siempre se va a preguntar qué le pasa a sus alumnos. Y nuestros maestros no han dejado de preguntarse.



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

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