Elizabeth Theiler es vicerrectora de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) desde septiembre del año pasado.
En diálogo con este diario la docente, que también fue titular del Instituto de Ciencias Sociales, reflexionó acerca de la gratuidad del nivel superior y habló sobre el acompañamiento necesario para con los estudiantes en su trayecto por la casa de altos estudios e incluso tras la graduación.
“El acceso a la universidad está atravesado por la gratuidad que es el punto inicial de base, indiscutible para el sistema argentino e innegociable. Sin embargo no es suficiente para que alguien decida estudiar en la universidad pública, aun teniendo las condiciones para poder hacerlo. La limitante de tipo cultural sigue siendo absolutamente fuerte así como otras condiciones económicas y laborales que requieren una adaptación también en el sistema del trabajo para poder habilitar el acceso”, describió.
Y además incorporó como elemento la necesidad de que el sistema acompañe esa gratuidad “aumentando otras condiciones de acceso para lo que es el transcurso de la formación y la graduación”.
Ante ese diagnóstico que alcanza a la casa de altos estudios local, la siguiente consulta fue sobre las herramientas de que dispone la universidad para hacer posible ese proceso.
“En este momento, y partir de varias experiencias que se vinieron realizando en los distintos Institutos Académicos Pedagógicos, se elaboró un plan de articulación de acciones que van en conjunto a sostener las políticas de los tres institutos”, apuntó. Y describió: “Hemos diseñado un programa para trabajar en el sostenimiento del estudiante en el primer año, que es el punto más crítico de la sostenibilidad del proceso educativo porque no se trata solo de variables económicas sino que inciden también otros procesos de cambios, por ejemplo de estudiantes que durante el secundario vivían con su familia y ahora tienen que asumir otro tipo de responsabilidades, y también lo que tiene que ver con estrategias de estudio, que suelen ser una barrera”.
Por otra parte, mencionó que otras acciones diseñadas “tienen que ver con la permanencia ya a lo largo de la carrera y ahí sí son ayudas económicas puntuales para colaborar con recursos” y que se dan bajo el formato de becas de estudio o becas para el acceso a fotocopias e insumos. “Y está el apoyo para la graduación, que es esa etapa final en la que de nuevo las y los estudiantes tiene que rearmar una estrategia, porque empieza una etapa de síntesis, donde ya no es la formación conjunta en equipos de trabajo o de estudio, sino que se enfrentan nuevamente a la soledad de la producción de un conocimiento que les es propio y eso tiene la característica de requerir algún tipo de apoyo en la consolidación de una nueva estratégica pedagógica”, precisó.
Y en relación con la inserción laboral de los graduados, indicó que según los estudios realizados el porcentaje “es altísimo, supera el 80 por ciento”.
Apuntó que eso también se explica en el proceso de anticipación que se hace a la hora de delinear la orientación de las carreras.
“Una universidad tiene la obligación de dar también respuestas a una demanda de formación del medio”, señaló Theiler. Y aclaró que eso no incluye solo al sector empresarial sino a toda la comunidad.
Un poco de historia
En noviembre se conmemoró el 70 aniversario de la sanción de la gratuidad universitaria en Argentina, paso que se dio en 1949 durante la presidencia de Juan Domingo Perón, quien firmó el decreto a través del cual el Estado nacional se comprometió a dotar a las casas de altos estudios de los recursos necesarios en ese objetivo. Tal como publicó el portal oficial de la Nación, “como resultado de esta sanción la matrícula estudiantil aumentó exponencialmente, pasando de 66.212 estudiantes en 1949 a 135.891 en 1954”.
Mariana Corradini. Redacción Puntal
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“El acceso a la universidad está atravesado por la gratuidad que es el punto inicial de base, indiscutible para el sistema argentino e innegociable. Sin embargo no es suficiente para que alguien decida estudiar en la universidad pública, aun teniendo las condiciones para poder hacerlo. La limitante de tipo cultural sigue siendo absolutamente fuerte así como otras condiciones económicas y laborales que requieren una adaptación también en el sistema del trabajo para poder habilitar el acceso”, describió.
Y además incorporó como elemento la necesidad de que el sistema acompañe esa gratuidad “aumentando otras condiciones de acceso para lo que es el transcurso de la formación y la graduación”.
Ante ese diagnóstico que alcanza a la casa de altos estudios local, la siguiente consulta fue sobre las herramientas de que dispone la universidad para hacer posible ese proceso.
“En este momento, y partir de varias experiencias que se vinieron realizando en los distintos Institutos Académicos Pedagógicos, se elaboró un plan de articulación de acciones que van en conjunto a sostener las políticas de los tres institutos”, apuntó. Y describió: “Hemos diseñado un programa para trabajar en el sostenimiento del estudiante en el primer año, que es el punto más crítico de la sostenibilidad del proceso educativo porque no se trata solo de variables económicas sino que inciden también otros procesos de cambios, por ejemplo de estudiantes que durante el secundario vivían con su familia y ahora tienen que asumir otro tipo de responsabilidades, y también lo que tiene que ver con estrategias de estudio, que suelen ser una barrera”.
Por otra parte, mencionó que otras acciones diseñadas “tienen que ver con la permanencia ya a lo largo de la carrera y ahí sí son ayudas económicas puntuales para colaborar con recursos” y que se dan bajo el formato de becas de estudio o becas para el acceso a fotocopias e insumos. “Y está el apoyo para la graduación, que es esa etapa final en la que de nuevo las y los estudiantes tiene que rearmar una estrategia, porque empieza una etapa de síntesis, donde ya no es la formación conjunta en equipos de trabajo o de estudio, sino que se enfrentan nuevamente a la soledad de la producción de un conocimiento que les es propio y eso tiene la característica de requerir algún tipo de apoyo en la consolidación de una nueva estratégica pedagógica”, precisó.
Y en relación con la inserción laboral de los graduados, indicó que según los estudios realizados el porcentaje “es altísimo, supera el 80 por ciento”.
Apuntó que eso también se explica en el proceso de anticipación que se hace a la hora de delinear la orientación de las carreras.
“Una universidad tiene la obligación de dar también respuestas a una demanda de formación del medio”, señaló Theiler. Y aclaró que eso no incluye solo al sector empresarial sino a toda la comunidad.
Un poco de historia
En noviembre se conmemoró el 70 aniversario de la sanción de la gratuidad universitaria en Argentina, paso que se dio en 1949 durante la presidencia de Juan Domingo Perón, quien firmó el decreto a través del cual el Estado nacional se comprometió a dotar a las casas de altos estudios de los recursos necesarios en ese objetivo. Tal como publicó el portal oficial de la Nación, “como resultado de esta sanción la matrícula estudiantil aumentó exponencialmente, pasando de 66.212 estudiantes en 1949 a 135.891 en 1954”.
Mariana Corradini. Redacción Puntal

