“Sacaron séptimo grado, cerraron los tambos y estas aulas se fueron vaciando”
Lo comentó la directora de la escuela Islas Malvinas de Las Mojarras, Mariela Armano. Con una matrícula de diez alumnos, el establecimiento educativo de 86 años sigue aceptando el desafío de educar desde el campo
¿Cómo se pasa de una escuela floreciente que educa desde el campo a medio centenar de nenes, a una escuela herida de muerte, casi agonizante? ¿Y cómo es que un paraje próximo a convertirse en pueblo haya bajado tan estrepitosamente el número de sus pobladores en el siglo veintiuno y esté más cerca de convertirse en un cruce que en una localidad con autonomía propia?
Estas preguntas, que involucran directamente al poblado de Las Mojarras y a su mítica escuela Islas Malvinas (pero también a decisiones políticas respecto a la educación y el modelo productivo de un país) en realidad son una sola. Y la “seño” Mariela Armano, directora de la escuelita desde 1995, ensaya una respuesta.
“Cuando hace 20 años sacaron séptimo grado, se produjo una baja muy grande de alumnos. No sólo porque teníamos un año menos que atender sino porque además, cuando el hijo mayor terminaba el primario, muchas familias se trasladaban a la ciudad, llevándose los nenes más chicos también. Este fue el primer quiebre. Pero enseguida se sumó el cierre sistemático de los tambos de la zona. Y en los últimos diez años, la población de Las Mojarras disminuyó muchísimo. No tiene nada que ver con el pueblo que era hace 25 años....”
-O sea que la secularización de séptimo grado junto al modelo conspiraron contra la escuela rural...
-Totalmente. Sacaron séptimo grado, cerraron los tambos y estas aulas se fueron vaciando. Al igual que todo el pueblo de Las Mojarras. La seguimos peleando desde la ruralidad. Este año, la matrícula es de diez alumnos, siendo que la escuela llegó a tener 70 chicos con una maestra para cada ciclo y la seño del jardín...
-¿Pensaste alguna vez que podrían cerrar la escuela?
-No, jamás se me pasó por la cabeza. Y no tengo conocimiento que se hayan cerrado otras en la provincia. Te comento, además, que la matrícula de una escuela rural es muy fluctuante. Conozco el caso de escuelitas que tenían un solo chico y estaban funcionando, y ahora tienen doce. A nosotros nos ha pasado tener un aumento de chicos en algún momento del año. Todo depende del movimiento familiar de la zona.
-Contame de la población escolar...
-Los chicos son de la zona rural y de la localidad. Y sus papás generalmente se desempeñan en tareas rurales. Son peones, tractoristas, tamberos...
-¿Sos la única docente del establecimiento?
-No, soy la directora y maestra de los dos ciclos pero tenemos además un director con grado a cargo y profesores itinerantes de Educación Física y Música. Además, empezamos con la jornada extendida y tenemos Inglés, Arte y también Literatura y Tics.
Del campo a la ciudad
-Y pileta y ajedrez en Villa María...
-Sí, son los talleres que desarrollamos desde el año pasado y está previsto darles continuidad este año. Es un proyecto de alfabetización integral con los talleres de Arte, Literatura, Tecnología y Ajedrez de la Medioteca y la Tecnoteca más las clases de natación en la pileta de calle Salta. Es un proyecto en conjunto con la escuela Fray Chianea de Las 4 Esquinas; que son nuestros vecinos de la Ruta 158. Esto será a partir de agosto y viajaremos dos veces por semana.
-¿Y cómo se financian esos talleres?
-Contamos con el apoyo incondicional de la Municipalidad de Villa María, que pone al servicio un colectivo que nos lleva y nos trae; además de proporcionarnos los espacios educativos. Así que estamos muy agradecidas por el apoyo a las escuelas rurales. Es un modo maravilloso de brindar igualdad de oportunidades educativas.
-El año pasado, además, hicieron un viaje más largo...
-Sí. Fue mediante un proyecto institucional y conocimos el Parque Temaikén y la Ciudad de Buenos Aires. Pudimos hacerlo pura y exclusivamente gracias al aporte de los vecinos, familias y municipios de Villa María y Arroyo Algodón que donaron el dinero para los pasajes y los dos días de estadía. Imaginate el impacto que fue para los chicos...
-¿Qué me podés decir sobre la historia de la escuela?
-Que fue fundada en 1933 y que empezó a funcionar sin nombre, como exescuela mixta y de tercera categoría con dos secciones de grado. Y que luego, por resolución ministerial, en 1951 se la designó Islas Malvinas; mucho antes de la guerra. El edificio donde estamos ya tiene 86 años y contamos con tres aulas, una sala de dirección, una cocina-comedor y dos baños. Y estamos realizando diferentes trabajos para reacondicionarlo. Desmalezamiento del predio, desinfección, limpieza del tanque de agua y del edificio completo. Queremos recibir de la mejor manera a estos diez chicos que son nuestra población y la razón de ser de este año educativo.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María
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Estas preguntas, que involucran directamente al poblado de Las Mojarras y a su mítica escuela Islas Malvinas (pero también a decisiones políticas respecto a la educación y el modelo productivo de un país) en realidad son una sola. Y la “seño” Mariela Armano, directora de la escuelita desde 1995, ensaya una respuesta.
“Cuando hace 20 años sacaron séptimo grado, se produjo una baja muy grande de alumnos. No sólo porque teníamos un año menos que atender sino porque además, cuando el hijo mayor terminaba el primario, muchas familias se trasladaban a la ciudad, llevándose los nenes más chicos también. Este fue el primer quiebre. Pero enseguida se sumó el cierre sistemático de los tambos de la zona. Y en los últimos diez años, la población de Las Mojarras disminuyó muchísimo. No tiene nada que ver con el pueblo que era hace 25 años....”
-O sea que la secularización de séptimo grado junto al modelo conspiraron contra la escuela rural...
-Totalmente. Sacaron séptimo grado, cerraron los tambos y estas aulas se fueron vaciando. Al igual que todo el pueblo de Las Mojarras. La seguimos peleando desde la ruralidad. Este año, la matrícula es de diez alumnos, siendo que la escuela llegó a tener 70 chicos con una maestra para cada ciclo y la seño del jardín...
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-No, jamás se me pasó por la cabeza. Y no tengo conocimiento que se hayan cerrado otras en la provincia. Te comento, además, que la matrícula de una escuela rural es muy fluctuante. Conozco el caso de escuelitas que tenían un solo chico y estaban funcionando, y ahora tienen doce. A nosotros nos ha pasado tener un aumento de chicos en algún momento del año. Todo depende del movimiento familiar de la zona.
-Contame de la población escolar...
-Los chicos son de la zona rural y de la localidad. Y sus papás generalmente se desempeñan en tareas rurales. Son peones, tractoristas, tamberos...
-¿Sos la única docente del establecimiento?
-No, soy la directora y maestra de los dos ciclos pero tenemos además un director con grado a cargo y profesores itinerantes de Educación Física y Música. Además, empezamos con la jornada extendida y tenemos Inglés, Arte y también Literatura y Tics.
Del campo a la ciudad
-Y pileta y ajedrez en Villa María...
-Sí, son los talleres que desarrollamos desde el año pasado y está previsto darles continuidad este año. Es un proyecto de alfabetización integral con los talleres de Arte, Literatura, Tecnología y Ajedrez de la Medioteca y la Tecnoteca más las clases de natación en la pileta de calle Salta. Es un proyecto en conjunto con la escuela Fray Chianea de Las 4 Esquinas; que son nuestros vecinos de la Ruta 158. Esto será a partir de agosto y viajaremos dos veces por semana.
-¿Y cómo se financian esos talleres?
-Contamos con el apoyo incondicional de la Municipalidad de Villa María, que pone al servicio un colectivo que nos lleva y nos trae; además de proporcionarnos los espacios educativos. Así que estamos muy agradecidas por el apoyo a las escuelas rurales. Es un modo maravilloso de brindar igualdad de oportunidades educativas.
-El año pasado, además, hicieron un viaje más largo...
-Sí. Fue mediante un proyecto institucional y conocimos el Parque Temaikén y la Ciudad de Buenos Aires. Pudimos hacerlo pura y exclusivamente gracias al aporte de los vecinos, familias y municipios de Villa María y Arroyo Algodón que donaron el dinero para los pasajes y los dos días de estadía. Imaginate el impacto que fue para los chicos...
-¿Qué me podés decir sobre la historia de la escuela?
-Que fue fundada en 1933 y que empezó a funcionar sin nombre, como exescuela mixta y de tercera categoría con dos secciones de grado. Y que luego, por resolución ministerial, en 1951 se la designó Islas Malvinas; mucho antes de la guerra. El edificio donde estamos ya tiene 86 años y contamos con tres aulas, una sala de dirección, una cocina-comedor y dos baños. Y estamos realizando diferentes trabajos para reacondicionarlo. Desmalezamiento del predio, desinfección, limpieza del tanque de agua y del edificio completo. Queremos recibir de la mejor manera a estos diez chicos que son nuestra población y la razón de ser de este año educativo.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María