Un corazón “grande” como el edificio del Cenma Manuel Anselmo Ocampo
Al centro educativo para adultos asisten con frecuencia 18 niños con sus padres. Los directivos, profesores y preceptores asumen el compromiso de cuidar de los pequeños para que los estudiantes no pierdan la matrícula
Dentro del barrio Centro Oeste, en Villa María, uno puede encontrarse con edificios que forman parte del patrimonio histórico de la ciudad. Frente a plaza General San Martín, sobre calle Estados Unidos, se encuentra la Iglesia Catedral. A pocas cuadras, también dentro de la zona, se ubica la Capilla San Antonio, una de las pocas arquitecturas de la provincia con estilo gótico.
No hay que irse demasiado lejos para encontrarse con un edificio que parece haber quedado en la historia. En el inmueble que supo ser Municipalidad, se encuentra el Centro de Enseñanza de Nivel Medio para Adultos (Cenma) “Manuel Anselmo Ocampo”. En la intersección de calles Santa Fe y Estados Unidos se emplaza el lugar.
Se trata de un espacio con amplias dimensiones, pero hay algo que lo hace aún más grande: el corazón de los directivos, docentes y preceptores que le ponen el cuerpo a su labor.
Al centro educativo para adultos asisten con frecuencia cerca de 20 niños. Los padres, en situación de vulnerabilidad, no tienen otra opción que llevarlos a la escuela. Miembros de la institución han armado un “Rincón de los Niños” para que estos puedan entretenerse hasta que termine el horario de clase. “Es todo a pulmón”, le cuenta la directora, María Eugenia Ponce, a PUNTAL VILLA MARÍA. El Cenma es un ejemplo de luz, justamente en un colegio de modalidad nocturno.
“No perder la matrícula”
El colegio de adultos abrió las puertas a este matutino, así como lo hizo siempre con los pequeños que acompañan a sus padres. “Nosotros le permitimos a los estudiantes la asistencia con los hijos para no perder la matrícula. De otra manera no podrían asistir”, manifestó la máxima autoridad del establecimiento.
Ponce explicó que la idea de la sala para los más pequeños surgió de la preceptora de primer año, que además es psicopedagoga. Relató: “Comenzamos a pedir donaciones y se armó un rincón para los niños. Ahora tenemos televisor con cable y películas, dvd, alfombras, juguetes, ropa, mesas con sillas, cochecitos y andadores”.
Al establecimiento para adultos asisten 234 estudiantes. La planta docente está conformada por 45 profesores. En las instalaciones del exedificio municipal, que ahora es escuela, reciben a 18 niños frecuentemente con edades que van de los 45 días a los 8 y 9 años. “Son los preceptores los que cuidan a los chicos”, aseguró la directora y agregó: “Somos una sala cuna sin ser sala cuna”.
Una de las preceptoras, María Eugenia Possetto, le contó a este medio que cuando los niños son muy chiquitos se les sugiere a los estudiantes no llevarlos por el hecho de las enfermedades que se transmiten por vías respiratorias. “Les decimos que vengan cuando tengan con quién dejarlos, o bien, que se acerquen solamente a buscar los trabajos”, dijo.
La empatía del cuerpo docente es grande, tan grande que deja en evidencia la ausencia de un Estado que debe garantizar el acceso a la educación y no coartarlo. “Resultaría necesario tener salas cuna, por lo menos, una en esta zona ya que en pocas cuadras hay cuatro colegios nocturnos”, sugirió la representante del Manuel A. Ocampo.
La otra cara de la educación
A esta redacción llegó hace días una imagen de Horacio Lucero, profesor de historia del Cenma, sosteniendo a un bebé de 60 días en sus brazos. La niña era hija de una estudiante. Con tan poco, Lucero entendió de qué trata la vida. “El trabajo que estaba haciendo segundo año era muy bueno, estábamos viendo el tema Imperialismo. Le dije a la alumna que yo me hacía cargo de la nena para que ella trabaje en el aula”, sostuvo el docente en diálogo con este medio.
Lucero, quien además conduce un programa de radio que se llama ‘Bichos de ciudad’, reflexionó sobre la educación. “Esta es la otra cara”, comentó, y añadió: “Considero que no estamos bien en ese aspecto pero creo también que el trabajo docente se sostiene por la vocación y por las ganas que los mismos le aportan”.
Al Cenma Manuel A. Ocampo asisten poblaciones de sectores vulnerables y de barrios de la periferia. Al instituto también asisten estudiantes judicializados y con problemas en las adicciones. La escuela cuenta con extensiones en barrio Las Playas, Rivadavia y en pueblos como Ticino y Arroyo Cabral. “Estamos expandidos y damos respuesta a un sector problematizado”, afirmó Lucero.
“Nosotros tratamos de darle contención y escuchar a los chicos. Desde acá hacemos un trabajo personalizado y nos involucramos, tratamos de que permanezcan en la escuela y eso es todo un desafío. Quiero reivindicar al grupo humano que tiene el Cenma porque somos gente que cumple una función social muy interesante”, detalló.
“A pesar de las dificultades edilicias creo que hemos logrado un buen ambiente a nivel humano porque los chicos a pesar de todo siguen viniendo y lo hacen porque se sienten bien. A veces no se logran los objetivos que nos gustaría cumplir como docentes. Es todo un combo y nosotros no podemos olvidarnos que pasan otras cosas también”, aportó.
Ponce, en concordancia con lo expuesto por el profesor anexó: “Trabajamos con seres humanos y lo importante es que cada uno tiene un nombre, una identidad, una historia y es una persona importante. Nosotros los identificamos a todos y sabemos qué le pasa a cada uno”, concluyó.
Maximiliano Gilla. Redacción Puntal Villa María
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No hay que irse demasiado lejos para encontrarse con un edificio que parece haber quedado en la historia. En el inmueble que supo ser Municipalidad, se encuentra el Centro de Enseñanza de Nivel Medio para Adultos (Cenma) “Manuel Anselmo Ocampo”. En la intersección de calles Santa Fe y Estados Unidos se emplaza el lugar.
Se trata de un espacio con amplias dimensiones, pero hay algo que lo hace aún más grande: el corazón de los directivos, docentes y preceptores que le ponen el cuerpo a su labor.
Al centro educativo para adultos asisten con frecuencia cerca de 20 niños. Los padres, en situación de vulnerabilidad, no tienen otra opción que llevarlos a la escuela. Miembros de la institución han armado un “Rincón de los Niños” para que estos puedan entretenerse hasta que termine el horario de clase. “Es todo a pulmón”, le cuenta la directora, María Eugenia Ponce, a PUNTAL VILLA MARÍA. El Cenma es un ejemplo de luz, justamente en un colegio de modalidad nocturno.
“No perder la matrícula”
El colegio de adultos abrió las puertas a este matutino, así como lo hizo siempre con los pequeños que acompañan a sus padres. “Nosotros le permitimos a los estudiantes la asistencia con los hijos para no perder la matrícula. De otra manera no podrían asistir”, manifestó la máxima autoridad del establecimiento.
Ponce explicó que la idea de la sala para los más pequeños surgió de la preceptora de primer año, que además es psicopedagoga. Relató: “Comenzamos a pedir donaciones y se armó un rincón para los niños. Ahora tenemos televisor con cable y películas, dvd, alfombras, juguetes, ropa, mesas con sillas, cochecitos y andadores”.
Al establecimiento para adultos asisten 234 estudiantes. La planta docente está conformada por 45 profesores. En las instalaciones del exedificio municipal, que ahora es escuela, reciben a 18 niños frecuentemente con edades que van de los 45 días a los 8 y 9 años. “Son los preceptores los que cuidan a los chicos”, aseguró la directora y agregó: “Somos una sala cuna sin ser sala cuna”.
Una de las preceptoras, María Eugenia Possetto, le contó a este medio que cuando los niños son muy chiquitos se les sugiere a los estudiantes no llevarlos por el hecho de las enfermedades que se transmiten por vías respiratorias. “Les decimos que vengan cuando tengan con quién dejarlos, o bien, que se acerquen solamente a buscar los trabajos”, dijo.
La empatía del cuerpo docente es grande, tan grande que deja en evidencia la ausencia de un Estado que debe garantizar el acceso a la educación y no coartarlo. “Resultaría necesario tener salas cuna, por lo menos, una en esta zona ya que en pocas cuadras hay cuatro colegios nocturnos”, sugirió la representante del Manuel A. Ocampo.
La otra cara de la educación
A esta redacción llegó hace días una imagen de Horacio Lucero, profesor de historia del Cenma, sosteniendo a un bebé de 60 días en sus brazos. La niña era hija de una estudiante. Con tan poco, Lucero entendió de qué trata la vida. “El trabajo que estaba haciendo segundo año era muy bueno, estábamos viendo el tema Imperialismo. Le dije a la alumna que yo me hacía cargo de la nena para que ella trabaje en el aula”, sostuvo el docente en diálogo con este medio.
Lucero, quien además conduce un programa de radio que se llama ‘Bichos de ciudad’, reflexionó sobre la educación. “Esta es la otra cara”, comentó, y añadió: “Considero que no estamos bien en ese aspecto pero creo también que el trabajo docente se sostiene por la vocación y por las ganas que los mismos le aportan”.
Al Cenma Manuel A. Ocampo asisten poblaciones de sectores vulnerables y de barrios de la periferia. Al instituto también asisten estudiantes judicializados y con problemas en las adicciones. La escuela cuenta con extensiones en barrio Las Playas, Rivadavia y en pueblos como Ticino y Arroyo Cabral. “Estamos expandidos y damos respuesta a un sector problematizado”, afirmó Lucero.
“Nosotros tratamos de darle contención y escuchar a los chicos. Desde acá hacemos un trabajo personalizado y nos involucramos, tratamos de que permanezcan en la escuela y eso es todo un desafío. Quiero reivindicar al grupo humano que tiene el Cenma porque somos gente que cumple una función social muy interesante”, detalló.
“A pesar de las dificultades edilicias creo que hemos logrado un buen ambiente a nivel humano porque los chicos a pesar de todo siguen viniendo y lo hacen porque se sienten bien. A veces no se logran los objetivos que nos gustaría cumplir como docentes. Es todo un combo y nosotros no podemos olvidarnos que pasan otras cosas también”, aportó.
Ponce, en concordancia con lo expuesto por el profesor anexó: “Trabajamos con seres humanos y lo importante es que cada uno tiene un nombre, una identidad, una historia y es una persona importante. Nosotros los identificamos a todos y sabemos qué le pasa a cada uno”, concluyó.
Maximiliano Gilla. Redacción Puntal Villa María