El desafío de mantener la calma
Por Concejal Juan Romeo Benzo.
El desgraciado hecho de ayer, con su explosión de opiniones y manifestaciones, marca a las claras que lo sucedido con la vice presidente de principal protagonista, es una consecuencia de un camino descendente que nos tiene a todos de insignes tripulantes. Sin ideas y propuestas innovadoras, llegamos a este vergonzoso presente.
Repudiar el hecho, es de manual, y más para quienes formamos parte de la política concebida sobre valores democráticos y republicanos, donde debe primar el diálogo y la mesura. Para todos aquellos que no nos identificamos con el kirchnerismo y sus formas, les pido calma en esta hora, mucha calma. No pretendo torcer el pensamiento de aquellos más extremos, pero quiero seguir apostando al deber ser, a la paciencia, a la institucionalidad y a la tolerancia. Pretendo que la calma deje emerger la inteligencia y no abone pasiones que contribuyan a agravar más nuestra desgracia colectiva.
Que alguien aparezca con un arma amenazando a un funcionario público es un hecho grave? Sí es grave. Sacar conjeturas de la situación y lamentarse que no haya sucedido lo peor? Es muy grave también. Lo que pienso, es que hay demasiados errores prácticos frente al hecho, que no nos involucran directamente a quienes somos adversarios, y aún para los detractores de alto verbo del kirchnerismo. No creer en estos hechos, tampoco lo considero un pecado, debido a que es la misma consecuencia de la moraleja que enseña el cuento del “Pastor mentiroso”. Pero advierto, que no debemos tomar posición sobre ello, porque no nos incumbe este análisis. Que la investigación haga su tarea, que así como es grave lo otro, será mucho más grave si todo resulto un montaje. Los hechos deben seguir su curso, el gobierno deberá analizar sus fallas en seguridad y debe dar explicaciones, la justicia debe hacer su trabajo, y la situación procesal de la vice presidente no debe cambiar de ninguna forma.
Habrá en lo sucesivo numerosas manifestaciones institucionales que nos identificaran con los “discursos del odio”. Hay que bajarle la espuma a la cosa, para quedarnos solo con la gravedad del hecho, de lo contrario terminaremos siendo barbaros emocionales, perdiendo espíritu crítico, y que no logremos diferenciar cuales son los verdaderos problemas que la sociedad reclama.
