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Aceptó “sin dudas” y destacó que el Presidente tiene los votos y el poder

El senador peronista dio una conferencia de prensa ayer para informar que la decisión fue personal y consideró: "Macri me ha honrado, inmediatamente le dije que sí” tras reconocerle su autoridad

El senador nacional Miguel Pichetto afirmó ayer que el presidente Mauricio Macri lo "ha honrado" al elegirlo como compañero de fórmula y contó que aceptó "sin dudas", al tiempo que se encuadró rápidamente detrás del mandatario y destacó que es el que "tiene la autoridad, el poder y los votos".

"Macri me ha honrado, inmediatamente le dije que sí, no hubo dudas. Y además, cuando hay dudas vale más el coraje", expresó Pichetto en la conferencia de prensa que dio en el Salón Eva Perón del Senado, poco después de que se confirmara su candidatura por Cambiemos.

Renunció a la presidencia del bloque de senadores justicialista

El senador rionegrino indicó que la decisión de aceptar el ofrecimiento fue "personal" y anunció su renuncia a la presidencia del Bloque Justicialista del Senado, al tiempo que destacó que "el vicepresidente tiene que acompañar al Presidente" y remarcó que el jefe de Estado "es el que tiene la autoridad, el poder y los votos".

De esta manera, intentó aventar cualquier posible suspicacia en torno a su presencia junto a Macri en un eventual segundo mandato, posición que reforzó al señalar que conoce "cuáles son los límites de un vicepresidente", en lo que se leyó, además, como un tiro por elevación a la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

Al justificar su decisión, Pichetto señaló que comparte con el Gobierno "una visión capitalista, de un capitalismo moderno" y su rechazo al kirchnerismo, el cual expresó al reiterar que "nunca es bueno que vuelva el pasado".

"El debate es más profundo, tiene que ver con la democracia, con que, si vuelve el pasado, nuestro destino es Venezuela, que vuelva el autoritarismo, tiene que ver con la situación internacional, que la Argentina vuelva a ocupar un lugar en el mundo", indicó.

Consultado por la prensa sobre el cambio que implica pasar de la oposición al oficialismo, subrayó: "He sido siempre un opositor democrático, propositivo, a diferencia de otros que proponían que todo volara por el aire, que cuanto peor mejor".

No obstante, afirmó que su desembarco en el oficialismo no implica un cambio de postura en temas como los pedidos de desafuero contra la senadora Cristina Kirchner, sobre lo cual afirmó: "Mantengo la misma posición que he tenido siempre".

"La idea del Presidente fue tomarme como soy y mantengo mi postura. Estoy en contra de la prisión preventiva anticipada. Mi aporte también será una mirada sobre el sistema judicial argentino", agregó.

Respecto de la expectativa de la UCR por ocupar el lugar que finalmente ocupará él, Pichetto destacó la "relación personal" que mantiene con dirigentes del radicalismo como el exsenador Ernesto Sanz y el diputado José Cano, quien estuvo presente en la conferencia.

De hecho, reveló que habló con Sanz y con el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, además de comunicarle su decisión de aceptar el ofrecimiento de Macri a "muchos gobernadores" peronistas, entre ellos sus hasta ahora socios en Alternativa Federal Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey, y también al líder del Frente Renovador, Sergio Massa.

Por otra parte, valoró como "aciertos" del Gobierno la "política internacional" y en materia de seguridad, al tiempo que dijo que "hay que mejorar" en el ámbito económico y agregó: "La Argentina de la pobreza extrema, de la ideología del pobrismo, no es la que me contiene".

"El desafío con los pobres es sacarlos de la pobreza y del plan, recuperar al sujeto trabajador", agregó el senador y, en este sentido, se expresó nuevamente a favor de un acuerdo programático entre distintos sectores y señaló que "está claro que a partir del 10 de diciembre un gobierno de un partido solo en minoría no sirve para el país".

De todos modos, remarcó que "las prioridades" de un eventual segundo gobierno de Macri "las va a fijar el Poder Ejecutivo Nacional. La autoridad de un gobierno está en la figura del presidente".

De justicialista vertical a compañero de fórmula de Cambiemos

Tras una extensa carrera dentro del Partido Justicialista, Miguel Pichetto se convirtió en el candidato a vicepresidente de Mauricio Macri por Cambiemos y llegó así a la meta de un camino que empezó a transitar en 2015, tras la salida del kirchnerismo del poder.

Pichetto tiene 68 años y pasó 26 dentro del Congreso de la Nación: tuvo dos mandatos como diputado nacional, desde 1993 hasta 2001 y ese año, días antes de la crisis que derrumbó al gobierno de Fernando de la Rúa, asumió como senador.

Bajo el ala de Eduardo Duhalde, por entonces presidente interino, Pichetto se convirtió en jefe de la poderosa bancada peronista del Senado, cargo en el que luego fue ratificado por Néstor y por Cristina Kirchner.

Cuando se lo consultaba sobre su lealtad a distintos presidentes, Pichetto siempre respondía lo mismo: "Yo soy dirigente del Partido Justicialista, cuando mi partido está en el gobierno mi deber es acompañar".

Eso cambió ahora, porque por primera vez se ubica en un espacio que tiene poco y nada que ver con el peronismo, aunque este desenlace empezó a madurar el 10 de diciembre de 2015, con su ruptura definitiva con el kirchnerismo, pues inmediatamente marcó que la acompañó "como corresponde al jefe del bloque oficialista" hasta el último día pero que, a partir de entonces, él recuperaba su "capacidad de pensar".

Pichetto no tardó en diferenciarse del discurso "progresista" del kirchnerismo para expresar ideas que muchas veces levantaron polémica, como cuando sostuvo que Cambiemos había hecho "kirchnerismo blanco" al aumentar la cantidad de planes sociales.

También dijo que la Argentina funcionaba "como ajuste social de Bolivia y ajuste delictivo de Perú", pero el senador no se cansa de afirmar que sus declaraciones no son xenófobas, sino parte de un análisis de la realidad.

En el transcurso de estos 3 años y medio de gobierno de Mauricio Macri, Pichetto se consolidó como el garante en el Senado de las leyes pedidas por el Gobierno, siendo en un principio el encargado de negociar las condiciones puestas por los gobernadores peronistas.

Paralelamente mostró también cada vez con mayor frecuencia una faceta que durante el kirchnerismo reservó sólo para las conversaciones privadas: una forma cruda de expresar ideas, alejada del "correctismo político" que, según dijo varias veces, le molesta.

En diversas oportunidades se puso en el papel de orientador al tratar de darle "lecciones" a Cambiemos sobre cómo gobernar: hubo varias sesiones en las que le recriminó a la Casa Rosada que "no expliquen" las medidas que toman y les recordó que "cuando uno es gobierno pone la cara".

Su carácter áspero -que muchas veces puede llevarlo a enojarse hasta con un micrófono que funciona mal al grito de "no anda nada en este Senado"- lo llevó a terminar estableciendo una regla no escrita de la Cámara Alta que al día de hoy todavía se cumple: está prohibido aplaudir.

"La política no es para almas sensibles", suele decir el dirigente oriundo de la localidad bonaerense de Banfield y rionegrino por adopción, que acostumbra valorar la "razonabilidad" por sobre la "emoción".

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