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Ellos saben: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”

Así lo escribió el poeta español Antonio Machado. Y, tal vez, ese sea el lema de todos los que ayer se reunieron en la explanada del Anfiteatro en el marco del 4° Encuentro de Combis y Escarabajos del Centro de la República

—Cuando la restauré a ella, restauré el taller —cuenta Federico. Ella es la combi (segunda foto). Federico es mendocino y viaja junto con su compañera Julieta y sus hijas Florencia, de 6 años, y Jade, de 2. Llegaron a la ciudad el viernes a la tarde y están acampando, como los demás en el Camping del Smata, situado en el kilómetro 552 de la ruta nacional 9. Federico y su familia están participando del 4° Encuentro de Combis y Escarabajos del Centro de la República, que tiene su cierre hoy, alrededor de las tres de la tarde.

—Esta es una combi nacional, modelo 1982. La tenemos hace aproximadamente cinco años y, de esos cinco, tomó tres restaurarla, dejarla así, pintada, de colores, con su motorcito. Por dentro está toda amoblada. Una casita chiquita. Y hace un año y medio que hemos salido de viaje.

Recorrieron todo el norte de Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia. Ahora se dirigen hacia el sur.

—Estamos bajando bien despacito. Vamos a hacer temporada en el sur, en El Bolsón (Río Negro), por allá —comenta.

El año pasado participaron de un megaencuentro en Curitiba, Brasil. Hubo unas 200 combis. 

—Allá es distinto. A veces son combis que salen el fin de semana, a los encuentros. Acá encontrás más viajeros. Muy bonito lo que se ha generado. Nos encontramos todos y  hacemos contacto con gente: “Che, yo soy de Buenos Aires, yo soy de acá. Venite, pasá, compartimos”, y nosotros andamos siempre por todos lados. Y re lindo. Muchas familias también.

Su proyecto se llama “Ecocombi” y trabajan con lo que denomina artesanía reciclada.

—Venimos de varias experiencias sociales en nuestro pueblo, Palmira (centro-noreste de Mendoza), en el tema de separación de residuos en origen con vecinos, creación de composteras comunitarias, trabajando con recuperadores urbanos. Así que también vamos dando charlitas de concientización ambiental en las escuelas.

Federico viaja y tiene “alguito fijo”. Ese alguito se lo deja su taller mecánico que, cuando emprendió el recorrido con su familia, alquiló para tener alguito para, por ejemplo, la comida. Federico es mecánico y ese oficio lo ayudó en Brasil. Federico es, ante todo, alguien que quiere. Y lo dice.

—Cuando uno tiene ganas de generar, genera en todos lados.

***

Tal vez, los escucharon. La Familia Zapp. Herman y Candelaria. Cuatro hijos. Todos nacidos en diferentes países. Un 25 de enero del 2000. Un Graham-Paige azul del año 28. Más de 18 años sin rumbo. Más de 18 años yendo.

Willy y Fla son pareja hace casi siete años (tercer foto). Willy, de Saavedra. Fla, de Pilar. Saavedra y Pilar, Buenos Aires. Están en Villa María. Pero mucho antes de estar en la ciudad, una historia. A ella se le ocurrió.

—Me encanta viajar. Estábamos de novio y esperábamos las vacaciones para irnos de viaje de mochileros, esos 15 días. Yo quería ver si había alguna posibilidad de viajar en un vehículo, más tiempo, si se podía. El sueño de muchos —dice Fla.

Y ahí, los Zapp.

—Empecé a seguirlos y ver, y ver, y ver, y ver y entusiasmarme. Y vi que se podía.

Investigó y le “picoteó” la cabeza a su compañero. Ya hace nueve meses que viajan por el país.

—Salimos para el sur el 6 de enero. Llegamos a Ushuaia, recorrimos todo lo que es la Patagonia argentina y chilena. Ahora salimos y, como el norte ya lo conocíamos, nos quedaba pendiente Córdoba. Es una provincia hermosa. Queríamos conocerla entera.

Habían participado de otros encuentros pero el de la ciudad no lo conocían.

—Nos encantó porque es distinto. Es más un encuentro con las combis pero con otro ambiente viajero. Te conocés con todos y nos gustó esa particularidad. A parte es muy organizado —cuenta ella.

—Muy organizado. Eso es importante —insiste él.

—Te reencontrás con otros. Con los chicos que están acá al lado nos rencontramos, somos amigos. Pero íbamos con distintos rumbos y justo nos encontramos acá. Te reencontrás con viejos amigos, conocés gente nueva, gente que está queriendo comprarse un vehículo y viene en carpa al encuentro a empaparse un poco —agrega ella.

Su combi, modelo 84, era un furgón —no tenía ventanas (excepto unas muy pequeñas). Les llevó un año y medio armarla. Armarla —muestran— es colocarle una cama, una cocina, agregarle ventanas. Ella pinta. Él hace de la madera, mates.  Él toca en bares. Juntos, sólo ellos saben. Pero, por qué no, la letra de una canción a la que están acostumbrados aquellos que tararean las melodías que insinúa un futuro incierto.

***

El primer paso fue en agosto de 2014. La combi, una Volkswagen modelo 81. Lucila es periodista. Su novio, Nicolás, ingeniero industrial (primer foto). Hace un mes que se instalaron en Córdoba.

—Estamos fabricando juguetes didácticos de madera y necesitábamos armar un taller con las herramientas —comenta Lucila.

Hace un mes que pararon porque hubo cinco años de rodar. Porque hubo Alaska y hubo Ushuaia. Hubo norte y hubo sur.

—Fuimos por tierra hasta Alaska. Tardamos dos años en llegar. Desde ahí bajamos y decidimos ir hasta Ushuaia para unir las dos puntas del continente. En el camino escribimos un libro de viaje que se llama “A 60 kilómetros por hora, experiencias y reflexiones de un viaje en combi por América” —relata y cuenta, además de venderlo mientras viajaban, aprendieron a hacer artesanías para financiarse.

Alaska son alces, son osos. Alaska, dice, es un verano con unos veinte grados y un invierno con unos cuarenta bajo cero. Estuvieron un mes y medio.

—Llegar es muy emocionante. Al final te das cuenta que no era tan difícil, que paso a paso se podía. A nivel lugar y paisaje es increíble. Es muy parecido a la Patagonia argentina, pero todo mucho más grande, exuberante. Visitamos glaciares. Es un estado muy grande pero muy poco territorio se puede recorrer por tierra. Tratamos de recorrer todo lo que pudimos. Vimos auroras boreales.

Encuentros más chicos, encuentros más grandes. Siempre de clubes de Volkswagen. El más grande en el que estuvieron fue en California, donde hubo 1.300 combis.

—Nunca habíamos visto tantas combis y escarabajos juntos. 

La pregunta, siempre está. ¿Cuánto hace falta?

—Uno cree que hay que tener mucha plata para vivir viajando. Pero, en realidad, es mucho menos de lo que uno necesita cuando está en un lugar fijo.

No pagan alquiler, ni luz, ni agua. El dinero que recaudan va a la comida y el combustible. Otro poco va a arreglos, repuestos o para visitar museos y sitios turísticos.

Lucila y Nicolás conocen unos 18 países. Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica. Lucila y Nicolás tenían trabajos convencionales y los dejaron. Lucila y Nicolás, Willy y Fla, Federico y su familia, podríamos ser vos y yo, usted y aquél. Podríamos ser los que repiten, como Antonio Machado, “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

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