“Hay mucha entrega en nuestras vidas a causa del amor al prójimo”
Hace 25 años que Liliana Subtil es docente en la tecnicatura de Las Rosarinas y enfermera en el Hospital Pasteur. Habló de una de las profesiones con más demanda en la ciudad y del compromiso humano que demanda
Hace 38 años que Liliana se recibió de enfermera en Las Rosarinas. Y a pocos meses de jubilarse de la docencia y la práctica (trabajó 25 años en el profesorado y 25 en el Pasteur) tiene tres certezas absolutas. La primera es que la Enfermería es una de las profesiones más demandadas y demandantes que existen. La segunda es que se trata de una de las menos reconocidas. Y la tercera es que no se puede cuidar al prójimo sin tener vocación y una formación cristiana. “Va todo junto”, dice sin vueltas.
Sin embargo, esta nota es para hablar del profesorado en el Instituto del Rosario; ya que los últimos sondeos en los recintos de la salud local arrojan una tremenda demanda de enfermeros.
“Eso es muy cierto. Hacen falta muchas enfermeras tanto en al ámbito público como privado. Pero como todos saben, esta una profesión muy mal paga. La prueba de esto es que todas las enfermeras tenemos, como mínimo, dos trabajos”
-¿Y qué se necesita, a tu juicio, para ser una buena enfermera?
-Mucha vocación de servicio, competencia y empatía para con el prójimo; precisamente por lo que te digo. Los sueldos no son buenos y muchas veces tenemos que dejar de lado nuestra familia por los horarios rotativos. Acá trabajás de mañana, de tarde y de noche. No hay sábados, domingos ni feriados. Y hay días en que trabajás 16 horas seguidas. Y ahora, no muchos están dispuestos.
-¿Por qué?
-Porque la gente joven muchas veces tiene otros objetivos. Fuera de eso, esta es una carrera corta de salida laboral muy rápida. Muchas veces los hospitales y clínicas te piden la lista de alumnos que todavía no se recibieron. Eso es para que veas que trabajo vas a tener seguro.
-Hablaste de vocación ¿De cuándo data la tuya?
-Si hago memoria, de chiquita jugaba a que era la enfermera de las muñecas. Pero supongo que me viene de cuna porque mi mamá era enfermera empírica. Ella vino un día a preguntar acá a las Rosarinas para tener el título, pero no pudo cursar porque no había terminado el secundario. Le dijo a la hermana Gloria que tenía una hija, que estaba por terminar el colegio y que se interesaba también. Yo quería ser médica pero ella no me podía enviar a Córdoba. Hasta que un día se apareció la hermana Gloria en mi casa y me invitó a conocer la escuela. Cuando empecé a estudiar me enamoré de la enfermería.
-¿Cuál fue tu primer trabajo?
-Entré ese mismo año en la Marañón, donde había un servicio de neonatología modelo. Me acuerdo que trabajé cuatro meses ad honorem para familiarizarme con los niños. Y me enamoré de esos pacientes. Estuve 35 años con niños prematuros.
-Y luego pasas al Pasteur...
-Sí, siempre en la misma sección. De hecho hace 25 años que estoy en el hospital. Allá armamos la neo con el doctor Raguzza. Fueron muchos años en donde entregué todo.
Formación integral
-Además de docente y enfermera, sos la encargada de Capacitación y Docencia en el Hospital ¿Cómo son las prácticas allí?
-Son todas las mañanas de lunes a jueves de 6 a 12. Allí, los estudiantes ven desde el cuidado del niño al de la mamá embarazada y la puérpera, el cuidado del anciano y el adulto, el servicio quirúrgico y los pacientes traumatizados. Pasan por todos los ámbitos. También hay prácticas en la Colonia Vidal Abal de Oliva con pacientes psiquiátricos y prácticas comunitarias en los distintos CAPS de la ciudad, les damos una idea general de todas las actividades que se pueden hacer en enfermería de la ciudad.
-¿Y cuáles son los lugares o las salidas laborales después?
-Los enfermeros podemos hacer muchas cosas en una ciudad como esta; desde asistencia al paciente y enfermería comunitaria hasta investigación y docencia. O tener un consultorio propio si estás matriculada. Pero trabajamos 16 horas por día.
-¿Esta es una carrera de mujeres?
-No solamente, pero son la inmensa mayoría. En segundo año hay 16 mujeres y un varón. Es buenísimo que los hombres se sumen por la fuerza física para mover enfermos.
-¿La mujer está más apta para la enfermería?
-Sí, porque la mujer tiene una naturaleza de cuidar. Pensá que desde sus comienzos la mujer siempre cuidaba a todo el mundo; a los chicos, a los enfermos, a los mayores, a sus padres... Y eso es lo fundamental de la enfermería, cuidar al otro.
-¿Es importante que enfermería se enseñe en un instituto católico?
-Es fundamental. Vos podés tener mucho conocimiento pero si no tenés esa empatía con el otro que te da la parte cristiana, el conocimiento no te sirve de nada. Hay mucha entrega en nuestras vidas a causa del amor al prójimo. Y eso es algo muy cristiano también. O yo lo entiendo desde ahí.
Empatía cristiana
-¿Cómo es esto?
-Quiero decirte que me han tocado situaciones muy difíciles como enfermera. Se me han muerto pacientes y he llorado. Sobre todo cuando eran bebés. Y vos creás un vínculo con ese nene y esos padres. Cuando uno se acostumbra a la muerte ya no sirve más como enfermero. Porque ya empezás a hacer un trabajo deshumanizado. Como enfermero nunca tenés que olvidarte que trabajás con personas que sufren. Y tampoco que tenemos que hacer dos trabajos: cuidar los enfermos y sostener a las familias.
-¿Y a ustedes quiénes los sostiene?
-Nos sostienen bastante poco. So-bre todo desde la patronal y las administraciones. Desgraciadamente trabajamos en instituciones de sa-lud donde, al que menos se cuida, es al personal de salud precisamente. Una paradoja increíble.
-¿Un secreto?
-Capacitarse permanentemente. Esta es una profesión donde no te podés quedar con lo que estudiaste, sino que la capacitación tiene que ser hasta el día en que te jubilás.
-De hecho, tus inicios fueron muy distintos al presente ¿no?
-Cuando yo me recibí, hervíamos la jeringa y afilábamos las agujas. Además, había pacientes con HIV que nadie los quería ni tocar y se escondía el diagnóstico. Parece de la edad de piedra pero era así.
-¿Qué es para Lily Subtil una enfermera?
-Yo soy cristiana y siento que las enfermeras somos un instrumento de Dios. Él nos ha elegido para cuidar a las personas y nosotros tenemos que hacer nuestro trabajo lo mejor posible, aunque es Dios quien tiene la decisión final sobre cada vida. Pero nosotros tenemos que estar. El médico ve al paciente y lo diagnostica, pero la que está junto al paciente las 24 horas es la enfermera. Por eso tenemos que estar bien preparadas y plantadas desde lo psicológico.
-¿Tu mayor alegría?
-Que un paciente se acuerde de mí, que una mamá te diga que la atendiste bien, que la ayudaste con su bebé y que ahora es ese hombre de 30 años que te da un beso y te agradece. Es como si volvieras a estar en neonatología y lo volvieras a tener en los brazos; y Dios te dice que ese no se va, que ese se queda, que Dios tenía en los planes que fuera un hombre y que incluso te iba a dar las gracias 30 años después.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María
Comentá esta nota
Sin embargo, esta nota es para hablar del profesorado en el Instituto del Rosario; ya que los últimos sondeos en los recintos de la salud local arrojan una tremenda demanda de enfermeros.
“Eso es muy cierto. Hacen falta muchas enfermeras tanto en al ámbito público como privado. Pero como todos saben, esta una profesión muy mal paga. La prueba de esto es que todas las enfermeras tenemos, como mínimo, dos trabajos”
-¿Y qué se necesita, a tu juicio, para ser una buena enfermera?
-Mucha vocación de servicio, competencia y empatía para con el prójimo; precisamente por lo que te digo. Los sueldos no son buenos y muchas veces tenemos que dejar de lado nuestra familia por los horarios rotativos. Acá trabajás de mañana, de tarde y de noche. No hay sábados, domingos ni feriados. Y hay días en que trabajás 16 horas seguidas. Y ahora, no muchos están dispuestos.
-¿Por qué?
-Porque la gente joven muchas veces tiene otros objetivos. Fuera de eso, esta es una carrera corta de salida laboral muy rápida. Muchas veces los hospitales y clínicas te piden la lista de alumnos que todavía no se recibieron. Eso es para que veas que trabajo vas a tener seguro.
-Hablaste de vocación ¿De cuándo data la tuya?
-Si hago memoria, de chiquita jugaba a que era la enfermera de las muñecas. Pero supongo que me viene de cuna porque mi mamá era enfermera empírica. Ella vino un día a preguntar acá a las Rosarinas para tener el título, pero no pudo cursar porque no había terminado el secundario. Le dijo a la hermana Gloria que tenía una hija, que estaba por terminar el colegio y que se interesaba también. Yo quería ser médica pero ella no me podía enviar a Córdoba. Hasta que un día se apareció la hermana Gloria en mi casa y me invitó a conocer la escuela. Cuando empecé a estudiar me enamoré de la enfermería.
-¿Cuál fue tu primer trabajo?
-Entré ese mismo año en la Marañón, donde había un servicio de neonatología modelo. Me acuerdo que trabajé cuatro meses ad honorem para familiarizarme con los niños. Y me enamoré de esos pacientes. Estuve 35 años con niños prematuros.
-Y luego pasas al Pasteur...
-Sí, siempre en la misma sección. De hecho hace 25 años que estoy en el hospital. Allá armamos la neo con el doctor Raguzza. Fueron muchos años en donde entregué todo.
Formación integral
-Además de docente y enfermera, sos la encargada de Capacitación y Docencia en el Hospital ¿Cómo son las prácticas allí?
-Son todas las mañanas de lunes a jueves de 6 a 12. Allí, los estudiantes ven desde el cuidado del niño al de la mamá embarazada y la puérpera, el cuidado del anciano y el adulto, el servicio quirúrgico y los pacientes traumatizados. Pasan por todos los ámbitos. También hay prácticas en la Colonia Vidal Abal de Oliva con pacientes psiquiátricos y prácticas comunitarias en los distintos CAPS de la ciudad, les damos una idea general de todas las actividades que se pueden hacer en enfermería de la ciudad.
-¿Y cuáles son los lugares o las salidas laborales después?
-Los enfermeros podemos hacer muchas cosas en una ciudad como esta; desde asistencia al paciente y enfermería comunitaria hasta investigación y docencia. O tener un consultorio propio si estás matriculada. Pero trabajamos 16 horas por día.
-¿Esta es una carrera de mujeres?
-No solamente, pero son la inmensa mayoría. En segundo año hay 16 mujeres y un varón. Es buenísimo que los hombres se sumen por la fuerza física para mover enfermos.
-¿La mujer está más apta para la enfermería?
-Sí, porque la mujer tiene una naturaleza de cuidar. Pensá que desde sus comienzos la mujer siempre cuidaba a todo el mundo; a los chicos, a los enfermos, a los mayores, a sus padres... Y eso es lo fundamental de la enfermería, cuidar al otro.
-¿Es importante que enfermería se enseñe en un instituto católico?
-Es fundamental. Vos podés tener mucho conocimiento pero si no tenés esa empatía con el otro que te da la parte cristiana, el conocimiento no te sirve de nada. Hay mucha entrega en nuestras vidas a causa del amor al prójimo. Y eso es algo muy cristiano también. O yo lo entiendo desde ahí.
Empatía cristiana
-¿Cómo es esto?
-Quiero decirte que me han tocado situaciones muy difíciles como enfermera. Se me han muerto pacientes y he llorado. Sobre todo cuando eran bebés. Y vos creás un vínculo con ese nene y esos padres. Cuando uno se acostumbra a la muerte ya no sirve más como enfermero. Porque ya empezás a hacer un trabajo deshumanizado. Como enfermero nunca tenés que olvidarte que trabajás con personas que sufren. Y tampoco que tenemos que hacer dos trabajos: cuidar los enfermos y sostener a las familias.
-¿Y a ustedes quiénes los sostiene?
-Nos sostienen bastante poco. So-bre todo desde la patronal y las administraciones. Desgraciadamente trabajamos en instituciones de sa-lud donde, al que menos se cuida, es al personal de salud precisamente. Una paradoja increíble.
-¿Un secreto?
-Capacitarse permanentemente. Esta es una profesión donde no te podés quedar con lo que estudiaste, sino que la capacitación tiene que ser hasta el día en que te jubilás.
-De hecho, tus inicios fueron muy distintos al presente ¿no?
-Cuando yo me recibí, hervíamos la jeringa y afilábamos las agujas. Además, había pacientes con HIV que nadie los quería ni tocar y se escondía el diagnóstico. Parece de la edad de piedra pero era así.
-¿Qué es para Lily Subtil una enfermera?
-Yo soy cristiana y siento que las enfermeras somos un instrumento de Dios. Él nos ha elegido para cuidar a las personas y nosotros tenemos que hacer nuestro trabajo lo mejor posible, aunque es Dios quien tiene la decisión final sobre cada vida. Pero nosotros tenemos que estar. El médico ve al paciente y lo diagnostica, pero la que está junto al paciente las 24 horas es la enfermera. Por eso tenemos que estar bien preparadas y plantadas desde lo psicológico.
-¿Tu mayor alegría?
-Que un paciente se acuerde de mí, que una mamá te diga que la atendiste bien, que la ayudaste con su bebé y que ahora es ese hombre de 30 años que te da un beso y te agradece. Es como si volvieras a estar en neonatología y lo volvieras a tener en los brazos; y Dios te dice que ese no se va, que ese se queda, que Dios tenía en los planes que fuera un hombre y que incluso te iba a dar las gracias 30 años después.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María