Villa María | entrevista

“Cuando todo se nos caía, Villa María empezó a girar alrededor de esta peli”

Docente de la UNVM y cineclubista, Maximiliano Lema viene de estrenar “Refusilo”; el cortometraje que realizó con sus alumnos. Habló del desafío de filmar desde Villa María y con recursos propios
 
Maxi es de Puerto Madryn, pero cuando uno  repasa su labor cineclubista en la ciudad (diez años en el Cine Club Universitario y unos cuantos más en los altos del Club Sarmiento) parece más nativo del país de las palometas que del maravilloso reino de las ballenas. Y quizás su último cortometraje, “Refusilo”, ambientado a orillas de las aguas marrones del Ctalamochita, no hagan más que confirmar esta, su nueva identidad.

Por si esto fuera poco, se recibió de licenciado en Diseño y Producción Audiovisual en la UNVM. Allí, y desde su reciente trayectoria como docente (es profesor desde 2015), Maxi acaba de crear el “Taller de Realización Cinematográfica de Ficción”, un espacio que será crucial para los estudiantes que sueñan convertirse en realizadores. 

Por todo eso, por el corto de 23 minutos estrenado la semana pasada en el Favio, por el taller y su “ciudadanía villamariense”, es que nace esta entrevista.

Refusilo con “ese” de rayo

-Entonces, Maxi ¿cómo nació “Refusilo” con ‘s’”?

-Es el producto de un guión que hice en 2007 adaptando un cuento de Marechal, “El Hipogrifo”. Como nunca lo filmé, lo fui cambiando y corrigiendo muchas veces. Y lo que quedó de ese fue el origen de la historia. En cuanto a lo otro, a mí me gusta escribir “Refusilo” así, porque la “s” me remite al rayo más que la “c”. El nene de la peli encuentra un perrito en el río y lo bautiza así. Y cuando escribe el nombre en el cuaderno lo pone con “s”... 

-La curiosidad del film es que fue realizado entre vos y tus alumnos ¿no?

-Sí, y eso tiene un viejo origen también. Porque cuando yo era estudiante, me hubiese gustado que un profe viniera y me dijera “tengo una peli para filmar, vengan y participen”. Pero eso nunca pasó. Hoy la dinámica es otra. Así que apenas entré a dar clases planteé la necesidad de un taller que se llamó, precisamente, de “realización cinematográfica de ficción”. Como soy el más chico de los docentes, no me animé a convocar a los profes de más experiencia. Pero llamé a egresados de música, a una profe de Córdoba y a 15 de mis estudiantes de Diseño. Quise que todos metieran las manos en la misma masa porque siempre pensé que era una buena manera de aprender. 

-¿Cómo fue la realización de la película?

-Arrancamos en marzo con el guión ya listo, con un grupo de gente que convoqué y otros que se sumaron después. Buscamos las locaciones y empezamos el primer casting, que en realidad fue el único. De allí elegimos al protagonista, un nene de 12 años. Después hicimos pruebas de actores en junio. En julio vimos las locaciones pero la más importante fue mi casa, no hubo inconvenientes en los interiores. El exterior fue el río. Filmamos durante todos los fines de semana de agosto porque muchos laburamos o cursamos.

-Decías que es bueno aprender metiendo “las manos en la misma masa” ¿Confirmaste tu pedagogía?

-Totalmente. Y lo noté de entrada, en la preproducción. Yo traje todo terminado pero gracias a los comentarios de mis alumnos, el guión mejoró muchísimo. Cuando terminamos de rodar yo traje el primer corte de la peli. Y la devolución de ellos fue impresionante. Cambié un montón de cosas y todas las sugerencias que me hicieron ayudaron a mejorar la película. Las ideas que ellos tenían eran mejores que las mías. En octubre hicimos la corrección del color y el sonido y la dejamos lista.

-¿Pensás que tu corto es minimalista como las películas cotidianas de Irán?

-No lo sé exactamente. Creo que en mis historias pasan pocas cosas, y por eso trato de que sean lo más accesibles posibles, porque muchas veces me enredo y me cuesta comunicar. Esta vez traté de que la película no sea ni tan minimalista ni tan enmarañada. Lo que sí quise fue que la película se entendiera como una pequeña metáfora. Más que en los directores de Irán, mientras la hacía me acordé mucho de Leonardo Favio.

La poesía de hacer cine desde acá

-¿Cómo es hacer cine desde Villa María?

- Muy difícil. Sobre todo cuando uno piensa en las formas de producción. Que esta sea una ciudad pequeña facilita las cosas en un sentido y las dificulta en otro.

-¿Cómo es esto?

-Acá no hay un negocio con el cine y por tanto no hay “sponsors”. Por otro lado, Villa María tiene la ventaja de que desde la Universidad se puede contar con un equipo técnico y gente con muchas ganas de filmar. Además, la Universidad y el Instituto de Humanas nos apoyaron muchísimo. A las comidas, por ejemplo, las articulamos con el Comedor Universitario. Y cuando hubo que conseguir avales, se portaron re bien... Pero hay algo de increíble y de poético en esto de hacer cine acá...

-¿Qué es?

-Que cuando por falta de fondos todo se nos caía y parecía que no llegábamos, Villa María empezó a girar alrededor de esta peli. No lo digo de ego ni por mí. Me refiero al proyecto. Y fue increíble cómo se acomodaron todos los planetas.

-¿Qué fue lo que pasó?

 -Nos pasó que hubo gente que no conocíamos, se enteró y nos llamó para ayudarnos. Incluso una tarde sucedió algo rarísimo. Estábamos filmando una escena en el río del lado de Villa Nueva. Era pleno invierno y había una gente humilde cortando leña. Así que les pedimos si por favor podían dejar de cortar un rato para rodar. Y ellos colaboraron de muy buena gana. ¡No lo podíamos creer! Después, la gente de la Protectora nos prestó un cachorrito para filmar durante un mes y ese fue un gesto increíble... Yo no sé si eso pasa en otro lado...

- Uno de los actores es Mario Pierantonelli, docente de la Universidad. ¿Cómo conseguiste semejante actor?

-Lo de Mario fue increíble también. Siempre me llamó la atención su estampa. Pensaba que estaba diseñado para el cine. Cuando lo hablé, le dije que me encantaría que participara pero que no estaba seguro de que se moviera bien en cámara. Supongo que le toqué el ego porque después andaba como pez en el agua. Y su actuación nos pareció espectacular...

La peli de Maxi no está ambientada en Madryn, ni en el azul océano de las azules ballenas. No. Es la historia de un nene, Walter (Sebastián Galíndez), que ama pescar y que se encuentra un cachorro abandonado en el río (“Refusilo”), que lleva a su casa. Pero sus padres (Mario Pierantonelli y Mariela Sachetto)  no quieren saber nada con la mascota y le piden que lo deje en la calle. Walter, contra viento y marea, decide quedarse con el perrito.

No. No es una historia con fondo de ballenas azules sino con las marrones aguas del Ctalamuchita, el ladrido de los perros abandonados de la ciudad y plateadas mojarras coleteando sobre la arena.

Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.

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