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“Hay un entramado del poder que no permite que el caso se esclarezca”

La escritora local Manuela Centeno presenta mañana su tercera novela policial, en la que relata el asesinato de una mujer que altera la rutina de una sociedad conservadora e hipócrita

La periodista Pilar Rosso está trabajando como cualquier día normal en su escritorio cuando se entera del asesinato de Claudia Ochoa, una mujer que vivía en el mismo barrio privado que ella, a kilómetros de distancia, en su ciudad natal. El interés periodístico se entremezcla con su propia vida, signada también por la violencia. A pesar de haber abandonado su tierra, decide volver para desentrañar el crimen y las relaciones de poder que se esconden detrás de él. Como en todo caso policial, en la tercera novela de Manuela Centeno “El crimen del que todos hablan”, el rol de justiciera le fue otorgado a esta periodista. “Es la búsqueda de respuestas de su propia vida la que la motiva a investigar el caso que esconde una trama oculta”, describe la autora. 

La historia está inspirada en el asesinato de Nora Dalmasso, ocurrido en el barrio Villa Golf en noviembre de 2006, que cobró repercusión nacional y todavía no ha sido resuelto por la Justicia. 

-¿Cuánto tiempo estuviste preparando esta novela?

-La tengo escrita hace 5 años. Tenía un contrato firmado con otra editorial, que no la quiso publicar, y tuve que atravesar un brete judicial y legal hasta poder cambiar de editorial. Entré en Raíz de Dos (sello cordobés) hace un año y medio, y hace dos o tres meses que me avisaron que estaba listo el libro.

-¿Tuviste que modificar algo de la novela, teniendo en cuenta que hubo cambios en la causa?

-No. Porque yo armé la novela de acuerdo a la lógica de los personajes y al armar una trama, la novela tenía que desembocar con un final. Me interesa ahondar en la profundidad del personaje, el final quedó como yo venía armando la novela.

-¿Por qué decidís contar esta historia?

-Pensé en reivindicar la memoria de tantas mujeres que no tienen voz. Porque no importa lo que seas, no mereces la muerte en absoluto. 

-¿Por qué el caso Dalmasso no encabeza los pedidos de Ni Una Menos?

-Se ensució mucho la escena del crimen desde el principio. Luego  se culpó a la víctima. Se la estigmatizó, se usó la violencia psicológica antes, durante y después del asesinato y el entorno fue cómplice. En esa época tampoco había una conciencia como hay hoy de qué es la violencia. Estaba naturalizado señalar a alguien por su condición sexual. Creo que en estos años hemos recorrido un camino y entendemos mejor esas cosas. 

-¿Tuviste que investigar el caso para contar la novela?

-He hablado con personas cercanas a ella (Nora Dalmasso). Pero más me interesó investigar el estereotipo del psicópata, para construir el personaje, cómo va tejiendo la telaraña alrededor de la persona que quiere poseer. Más allá del hecho concreto de lo que pasó o no, me interesa profundizar en los personajes. Nunca tuve contacto con la familia. La novela  no necesita autorización porque es sobre un femicidio como podría ser cualquier otro. La lee una persona que no sabe del caso y tiene que entender qué pasa. Es como el caso del libro de Sergio Olguín, “Las extranjeras”; está basado en el caso de las monjas francesas y es una novela. Este caso es igual, es ficción.

-¿Qué implica escribir ficción basada en hechos reales?

-Es un enorme desafío. Tenemos que lograr que se pueda separar la línea delgada entre la realidad y la verdad. Los hechos que sucedieron uno los que tiene recrear para que sea verosímil la atmósfera.

Las miradas

La novela está escrita con dos narradores. En primera persona, desde la visión de  Pilar Rosso, la periodista que va investigando, y por otro lado, hay un narrador omnisciente, en tiempo presente, que describe la última semana de vida de la víctima. 

“Hay como dos perspectivas que puede tener el lector, la mujer que fue víctima toda la vida y la perspectiva del narrador omnisciente. En esa última semana de vida, se va a haber consumado el crimen”, explica la escritora. 

A pesar de que no quiso anticipar el final, Centeno aseguró que “cuando el lectora lo lea va a entender quién es el asesino”.

-Algunos de los personajes del libro tienen las iniciales de las personas involucradas en el caso. ¿Fue casualidad?

-Al principio fue casualidad, luego encontré esta veta porque es un guiño para el lector. Buscando los porqués de un crimen no resuelto. 

-La regla se rompe en el caso de la mujer asesinada cuyo nombre completo es Claudia Ochoa. 

-Me gusta cómo sonaba, la sonoridad del nombre. 

-¿Por qué creés que el asesinato de Nora Dalmasso sigue impune?

-Falta justicia social y responsabilidad de parte del Poder Judicial. Además, creo que hay un entramado del poder que no permite que el caso se esclarezca. Hay una falla en el sistema judicial, donde no se termina de resolver la matriz patriarcal, que está en toda la sociedad. Es justamente en el ámbito  judicial donde tendría que trabajarse para que las mujeres podamos caminar sin miedo y tener vínculos sanos, pero no se toma en cuenta que la gente que se encarga de impartir justicia esté preparada para recibir estos casos. Si el juez, fiscal, abogado, no tiene idea de violencia de género, estamos mal.

El caso de Dalmasso no tiene que ver ya ni con el dinero, tiene que ver con el poder. Cuando el dinero trasciende es una cuestión de impunidad. No es casual que el crimen siga impune. Entonces creo que la novela no resuelve el caso pero echa luz sobre la búsqueda que realiza la periodista.

-¿Es difícil hablar del poder o de la clase socioeconómica alta?

-Yo en el libro hablo “de la rotonda para acá y la rotonda para allá”. Hay estudios que han determinado, en el caso de los country, que en esos sectores se aísla a las mujeres para que vivan en esa burbuja y tengan acceso sólo ciertas personas. Es una forma de invisibilizar a la compañera mientras que el macho proveedor sale a buscar el dinero y el poder. 

Lo que intento marcar en la novela es que en este crimen está muy marcado el poder económico.

-Hablás en la novela de una sociedad hipócrita y que ostenta poder, ¿así es Río Cuarto?

-Todas las sociedades son así. En la ciudad chica se ve más. En las microculturas, si uno pone la lupa, son todas iguales, se repite el patrón. El vendedor de flores que conoce todas las historias del lugar, igual que el que lustra zapatos, que está en todas las ciudades, conoce a todos. La hipocresía es parte del ser humano. Usamos careta para ir al trabajo, con mi marido, con la mamá del colegio de mis hijos,  es en parte porque la mujer tiene que “ser”, son mandatos sociales y si te salís de esa regla ya sos una “puta, renegada, feminista”. En el caso de Nora Dalmasso, que hayan sido abordadas sus relaciones extramatrimoniales ya es una condena social de antemano.

-Hay una creencia de que difundir casos de violencia o femicidios en los medios podría generar efecto contagio. ¿Qué opinás?

-Es que al macho -lo digo de una manera amorosa- le molesta que se difunda, no porque contagie. Yo trato de aplacar, explicando que esto es una matriz que viene de la colonización, que establecía que el que tiene el poder es el hombre y las mujeres, por más que seamos profesionales, hay ciertas cosas a las que no podemos acceder o decidir. Somos víctimas de nuestro propio confort. 

Magdalena Bagliardelli.  Redacción Puntal.

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