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EE.UU. relativizó amenaza china de nuevos aranceles

En una escalada, podría aplicar tasas por 60 mil millones de dólares a productos norteamericanos
 
Estados Unidos desestimó ayer la amenaza de China de imponer nuevos aranceles por 60.000 millones de dólares a importaciones estadounidenses, subiendo el tono de la confrontación comercial entre las dos superpotencias.

Después de que China anunciara que prevé imponer nuevas tasas arancelarias de represalia a una variedad de productos estadounidenses, desde carne hasta condones, la guerra verbal entre Washington y Pekín se intensificó aún más.

El principal asesor económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, consideró "débil" la respuesta de Pekín y advirtió que es "mejor no subestimar" la determinación del presidente Donald Trump de "cambiar las prácticas comerciales", al tiempo que señaló que la economía del gigante asiático está en "problemas".

La última salva de Pekín se produjo después de que la administración Trump subió recientemente la apuesta en sus planes de aplicar aranceles adicionales para productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares.

"Pensaría que los 60.000 millones son una respuesta débil a nuestros 200 mil millones", dijo Kudlow a periodistas.

Pero fue aún más duro al opinar sobre la economía china. "China está en problemas en este momento: su economía es pésima, los inversores se están retirando, la moneda está cayendo", afirmó.

"Los inversores extranjeros no quieren estar en China. Hoy noté que el mercado bursátil de Japón vale más que el de China, me encanta eso", añadió.

Japón es la tercera economía del mundo, después de la de Estados Unidos y la de China.

Más temprano,  Kudlow había advertido que a Pekín le conviene tomar en serio la convicción de Trump en relación al comercio. "Es mejor no subestimar la determinación del Presidente de ir más allá", dijo.

¿Y los consumidores?

Estados Unidos y China están envueltos desde hace meses en un conflicto comercial que amenaza con perjudicar a los consumidores en ambos países.

A principios de julio, Estados Unidos impuso aranceles del 25% sobre 34.000 millones de dólares de bienes chinos, que en las próximas semanas alcanzarán a otros 16.000 millones, generando una represalia proporcional por parte de China.

Días después, Washington reveló nuevas tasas sobre otros 200.000 millones dólares de productos chinos, incluidos desde maquinaria eléctrica hasta marroquinería, que recibirían aranceles de importación del 10% a partir de septiembre.

Trump incluso anunció que considera imponer tasas arancelarias a productos chinos por un total de 500.000 millones de dólares, lo que equivale a prácticamente todo lo que Estados Unidos le compró el año pasado.

"China no está contenta conmigo", dijo Trump el jueves en un acto en Pensilvania con miras a las cruciales elecciones legislativas de noviembre.

El mandatario aseguró a sus partidarios que él es diferente de los políticos que se limitaron a ver cómo otros países "se quedaban con las joyas de la corona de la economía estadounidense". "No soy otro político. Cumplo mis promesas", dijo.

Una política riesgosa

Pero hay cada vez más señales de preocupación de la Casa Blanca sobre el impacto de esta disputa en la base política de Trump. Una guerra comercial total podría eclipsar el buen desempeño de la economía, tanto en términos de empleo como de crecimiento.

China, que ha dicho que los nuevos aranceles se aplicarán sólo si Washington hace lo propio, destacó el "respeto, la igualdad y el beneficio mutuo" como la forma efectiva de resolver las diferencias comerciales.

Para el Ministerio de Comercio chino, "cualquier amenaza o chantaje unilateral sólo conducirá a exacerbar los conflictos y dañar los intereses de todas las partes".

El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, instó ayer a Estados Unidos a "mantener la cabeza fría".

"La cooperación es la única opción posible" para ambos países, dijo, de acuerdo con la agencia oficial china Xinhua, tras reunirse en Singapur con el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo.

Washington y Pekín están trenzados en un diferendo comercial desde que Estados Unidos acusó a China de prácticas desleales y de robarle tecnología.

La última ronda de aranceles de Estados Unidos afectaría a más de 5.000 productos, desde carne vacuna, avionetas y componentes químicos, hasta textiles, gas natural licuado y condones.

Pekín no puede igualar esas medidas dólar por dólar, ya que sus exportaciones superan con creces las importaciones.

Pero los analistas dicen que China puede absorber el golpe con programas de estímulo fiscal, en tanto la reciente devaluación del yuan beneficia a los exportadores chinos.

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