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Guatemala, “país seguro”: entre Trump y la pared

 
En vísperas del triunfo de Alejandro Giammattei en la segunda vuelta de las presidenciales de Guatemala, el actual mandatario, Jimmy Morales, firmó un controvertido acuerdo sobre migración con Donald Trump. Morales aceptó que su territorio se convierta en “tercer país seguro”. ¿Qué significa eso? Que aquel que pide refugio o asilo en los Estados Unidos debe esperar en Guatemala. Un país cercado por la desigualdad, la pobreza, la corrupción y la violencia que no puede retener ni a los suyos. De no haberlo aceptado, Trump podía descargar la munición con la cual amenazó a México y torea a China: aranceles a las importaciones.

El pacto no pasó por el Congreso guatemalteco. Morales, con menos poder de resistencia que Andrés Manuel López Obrador, claudicó y, en cierto modo, hipotecó el gobierno de su delfín, Giammattei, un exjefe de prisiones que asumirá en enero de 2020 después de cuatro candidaturas presidenciales y de haber estado preso durante diez meses por ejecuciones extrajudiciales. 

En la primera vuelta había perdido con Sandra Torres, la exprimera dama que en 2011 se divorció del presidente Álvaro Colom para saltearse el artículo 186 de la Constitución de Guatemala. Un seguro contra el nepotismo que prohíbe a los parientes del presidente ser candidatos a sucederlo.

Ese año, a pesar de la conmovedora confesión de Torres entre lágrimas, “me estoy divorciando del presidente para casarme con el pueblo”, la Corte de Constitucionalidad vetó su postulación. Ganó las elecciones el general retirado Otto Pérez Molina, pero debió renunciar en 2015 por formar parte con la vicepresidenta Roxana Baldetti de una red de corrupción aduanera llamada La Línea. 

Torres, “esposa de nadie” y “madre soltera de cuatro hijos”, según ella misma, probó suerte y, como ahora, pasó a la segunda vuelta. Perdió frente a Morales, el presidente peor valorado de la región después de Nicolás Maduro. 

La decepción frente a Guatemala (Torres) o Guatepeor (Giammattei) quedó plasmada en el índice de abstención. Altísimo. El noveno país más violento del mundo ha sido el único de América latina que fracasó en reducir la pobreza en dos décadas. 

Giammattei rechaza el eventual regreso de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig, dependiente de la ONU), acusada de actos ilegales y de abuso de poder por Morales. También objeta el acuerdo migratorio de Morales con los Estados Unidos. Toma el testigo de la presión de Trump, empeñado en usar la migración como bandera para su búsqueda de la reelección sin medir los daños a terceros. 

Fue un convenio casi secreto entre ambos presidentes, como el que rige entre la Unión Europea y Turquía para atajar a los refugiados. De prosperar, Washington deberá aportar fondos para contener a miles de migrantes, especialmente de Honduras y de El Salvador, las otras dos caras del Triángulo Norte de América Central, que arriben a Guatemala. Una suerte de sala de espera. 

El procurador de Derechos Humanos pidió un amparo. Un juez federal norteamericano frenó el decreto de Trump, tildado de “exceso de autoridad”. Otro juez norteamericano había dicho que Guatemala no reúne los requisitos para considerarse “tercer país seguro”.

Esa condición, basada sobre los principios de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, implica que un país puede negarse a conceder refugio o asilo a una persona y remitirla a un “tercer país” que sea considerado “seguro”. El único que tiene un acuerdo de ese tipo con los Estados Unidos es Canadá desde 2002. Lejos está de ser “tercer país seguro” Guatemala o inclusive México, al cual también ha tentado Trump, más allá de la conveniencia política de Morales para dejárselo en herencia a Giammattei. Un obsequio de bienvenida a la Casa Presidencial.



Jorge Elías - Agencia Télam

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