El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inició ayer una visita oficial a Japón para conocer al nuevo emperador, Naruhito, con una explícita demanda para reducir el desequilibrio comercial que, a su juicio, condiciona las relaciones bilaterales, y un pedido a los empresarios nipones para que aumenten las inversiones en su país.
Durante la visita, Trump analizará con las autoridades japonesas temas de fuerte impacto global, como el estancamiento de las negociaciones con Corea del Norte y las renovadas tensiones con Irán.
"Japón lleva muchos, pero muchos años, disfrutando de sustanciosas ventajas respecto a nosotros, pero bueno, vale. Quizás es por eso por lo que nos caemos tan bien. Esperamos abordar este desequilibrio comercial, eliminar las barreras a las exportaciones estadounidenses y garantizar que nuestra relación se caracterice por su reciprocidad", expresó Trump en su primera rueda de prensa.
El gobernante esgrime este mismo argumento durante la guerra comercial que está librando con China, a la que acusa de explotar desequilibrios en la balanza comercial con Estados Unidos y de ignorar las peticiones de Washington para incrementar sus esfuerzos contra la piratería de las propiedades intelectuales.
Al mismo tiempo, Trump aseguró a los líderes empresariales japoneses que no hay mejor momento para invertir en Estados Unidos, en un mensaje que trasladó a sabiendas de que su equipo económico se está planteando seriamente imponer aranceles a la industria automovilística nipona.
Trump declaró la semana pasada que los automóviles importados representaban una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, aunque anunció un retraso en la imposición de aranceles a varios países, entre ellos Japón, durante 180 días, para proseguir las negociaciones.
Fue recibido a su llegada a Tokio por el ministro japonés de Asuntos Exteriores, Taro Kono, entre otras personalidades, y el principal motivo de su visita es la audiencia que tendrá el próximo lunes con Naruhito, quien llegó al trono el pasado 1 de mayo tras la abdicación de su padre, Akihito.
Trump será el primer gobernante extranjero que se reúne con el nuevo emperador.
El viaje también servirá para repasar con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, una serie de prioridades de la agenda regional y global, desde los esfuerzos para desnuclearizar la península coreana hasta la tensión por las relaciones entre Washington y Teherán.
Japón, una de las naciones más expuestas a las pruebas nucleares y balísticas que viene realizando Pyonyang desde 2006, está apoyando los esfuerzos de Trump para que el presidente norcoreano Kim Jong-un cese ese programa bélico. Esto, en un momento particularmente delicado tras el fracaso de la última cumbre entre Trump y Kim en Hanoi a finales de febrero pasado y la reanudación de las pruebas balísticas de Corea del Norte a comienzos de mayo.
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"Japón lleva muchos, pero muchos años, disfrutando de sustanciosas ventajas respecto a nosotros, pero bueno, vale. Quizás es por eso por lo que nos caemos tan bien. Esperamos abordar este desequilibrio comercial, eliminar las barreras a las exportaciones estadounidenses y garantizar que nuestra relación se caracterice por su reciprocidad", expresó Trump en su primera rueda de prensa.
El gobernante esgrime este mismo argumento durante la guerra comercial que está librando con China, a la que acusa de explotar desequilibrios en la balanza comercial con Estados Unidos y de ignorar las peticiones de Washington para incrementar sus esfuerzos contra la piratería de las propiedades intelectuales.
Al mismo tiempo, Trump aseguró a los líderes empresariales japoneses que no hay mejor momento para invertir en Estados Unidos, en un mensaje que trasladó a sabiendas de que su equipo económico se está planteando seriamente imponer aranceles a la industria automovilística nipona.
Trump declaró la semana pasada que los automóviles importados representaban una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, aunque anunció un retraso en la imposición de aranceles a varios países, entre ellos Japón, durante 180 días, para proseguir las negociaciones.
Fue recibido a su llegada a Tokio por el ministro japonés de Asuntos Exteriores, Taro Kono, entre otras personalidades, y el principal motivo de su visita es la audiencia que tendrá el próximo lunes con Naruhito, quien llegó al trono el pasado 1 de mayo tras la abdicación de su padre, Akihito.
Trump será el primer gobernante extranjero que se reúne con el nuevo emperador.
El viaje también servirá para repasar con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, una serie de prioridades de la agenda regional y global, desde los esfuerzos para desnuclearizar la península coreana hasta la tensión por las relaciones entre Washington y Teherán.
Japón, una de las naciones más expuestas a las pruebas nucleares y balísticas que viene realizando Pyonyang desde 2006, está apoyando los esfuerzos de Trump para que el presidente norcoreano Kim Jong-un cese ese programa bélico. Esto, en un momento particularmente delicado tras el fracaso de la última cumbre entre Trump y Kim en Hanoi a finales de febrero pasado y la reanudación de las pruebas balísticas de Corea del Norte a comienzos de mayo.
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