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Recomponen el precio del etanol de maíz y la industria pide un corte del 15%

"Estamos listos para asumir una mayor contribución a la nafta, evitar importaciones y ahorrar dólares", dicen desde el sector. Energía habilitó una suba del 29,85% para este mes que se suma a las mejoras de febrero y marzo

Finalmente ayer, mediante una publicación en el Boletín Oficial de la Nación, la Secretaría de Energía dispuso una importante recomposición en el precio del etanol de maíz que permite ordenar la ecuación de la industria y busca constituirse en una señal para fortalecer al sector en medio de un déficit de combustible fósil en Argentina que hizo eclosión el mes pasado con el gasoil y que motivó que muchos propusieran potenciar el uso del biodiésel.

Lo cierto es que el etanol recibió una suba del 60% en lo que va del año, al pasar de $ 59,35 a los $ 94,93 que publicó Energía para este mes. Lo hizo en tres tramos: febrero, marzo y abril. Pero además, la cartera que conduce Darío Martínez elaboró un nuevo sendero de precios, como el que ya había anunciado a comienzos del año pasado, y dispuso valores para mayo, junio, julio y agosto. Al final de ese camino, el litro de etanol de maíz habrá alcanzado los $ 103,76. Por lo cual tendrá un alza del 75% para los primeros 8 meses del año.

En la industria lo evaluaron como positivo y hasta se entusiasmaron al destacar que las empresas “están listas para cubrir ya el 15%” de la demanda de naftas del país. Hoy, el aporte es del 12% en partes iguales de etanol de maíz y de caña. El primero podría trepar a 9% del volumen general.

Es que luego del reclamo que nació a inicios de 2020, que traspasó la pandemia y llegó hasta el año pasado, en que se dictó una nueva ley de biocombustibles que reemplazó la aprobada en 2006, el etanol de maíz vino planteando la necesidad de tener certeza en los valores de su producción. Se sabe, es un producto cuyo precio es fijado por la Secretaría de Energía de la Nación, y en ese tránsito pasó por diferentes etapas, desde ecuaciones automáticas hasta definiciones estrictamente discrecionales del funcionario de turno.

De hecho, en 2020 sólo hubo una mejora del 10% en el valor. En enero del año pasado comenzó una recomposición que mejoró en parte la desactualización del año previo, pero después llegó otro factor desequilibrante: el alza del precio internacional del maíz, principal insumo y costo del sector.

Por eso las etanoleras estuvieron a un paso de parar la producción en marzo, debido a que la ecuación se había roto cuando la sequía sudamericana y la guerra en Ucrania habían hecho saltar los precios del maíz. En Argentina superaba los 30 mil pesos la tonelada y la industria advirtió que ya no podía seguir con las plantas en marcha.

Pero se planteó ahí un inconveniente: la nueva ley de biocombustibles ataba el precio del etanol al de las naftas y sólo se podía incrementar si lo hacían los combustibles fósiles. Un error que se había advertido durante el debate de la ley pero que el oficialismo prefirió no corregir. Por eso ahora la Secretaría de Energía dispuso la semana pasada una corrección y por resolución rompió aquella atadura y dejó liberado el camino para que las plantas de etanol de maíz no detuvieran su marcha: una parada pondría en jaque la provisión de naftas en todo el país y ese factor fue clave para que el Gobierno decida revisar el mecanismo de actualización e hiciera una excepción para darle una mayor previsibilidad al sector.

Una decisión que potencia al maíz, que es el que puede hacer la diferencia

La decisión de Energía de abrir un camino distinto al establecido en la normativa aprobada apenas 9 meses atrás para el etanol de maíz no sólo ordena lo que a todas luces parecía un contrasentido: un producto que estaba atado a los vaivenes de otro, cuyas características no tenían nada en común. Al precio del etanol se lo ató al de las naftas, aunque su estructura de costos no se parecen en absoluto. Y cuando vino el primer movimiento de las commodities se observó lo que era una fija: las empresas ingresaron en un colapso que las dejó a un paso de paralizar la producción. El maíz trepó fuerte por la sequía sudamericana y la guerra de Ucrania y sin embargo el etanol quedó congelado o subiendo apenas con las naftas. Por eso los planteos se fueron superponiendo.

Y Energía fue dando los pasos para ajustar ese desequilibrio. Primero habilitó la revisión y luego dispuso una resolución que dejó atrás las ataduras de la nueva normativa. Finalmente publicó los nuevos valores, más allá del precio de la nafta.

Pero esto a su vez marca una diferencia en el precio del etanol de maíz y el de caña que es histórica. Nunca el de maíz costó más que el producido en el Norte argentino. Allí radicó siempre una consideración de tipo político: en el Norte, la caña tiene una fuerte raíz social y son miles los trabajadores que viven de ese cultivo, a diferencia de lo que puede ser el cultivo extensivo del maíz. Por eso, sumado a un importante lobby azucarero, el alcohol producido en Jujuy, Salta y Tucumán mantuvo cierta ventaja.

Sin embargo, y más allá de la característica social del cultivo, la caña presenta una clara limitación de expansión y de volumen productivo. No así el maíz. Por eso el potencial de generación de alcohol para aportar a las naftas y el incremento en ese corte necesariamente debería venir de la industria radicada en el centro del país, especialmente en Córdoba.

Porque además, suma un ingrediente más: la estabilidad productiva. El maíz está disponible todo el año y en volúmenes necesarios, mientras la caña es estacional. El primero garantiza una base inamovible durante los 12 meses mientras que la caña muestra picos y caídas en la producción, conforme a su ciclo. Y hoy aumentar el corte con biocombustibles tiene múltiples impactos porque además de lo ambiental, que debería ser central, en la Argentina de la urgencia implica especialmente sustituir importaciones y evitar la salida de los escasos dólares de la economía.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal