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Malvinas Argentinas, esas 400 viviendas que se volvieron barrio

Hijo de un excombatiente de las islas, Mauricio Güizzo preside el centro vecinal desde hace 5 años. Habló de la lucha por independizarse del San Martín, de conseguir una sede y de mantener “El Algarrobal” como reserva natural

No es difícil encontrarse en la mañana del Municipio con presidentes de centros vecinales. Sobre todo cuando sus gestiones son incipientes, los barrios que representan son nuevos y las necesidades son impostergables. Y bien, el Malvinas Argentinas cumple con los tres requisitos de manera exacta. Y por eso es que Mauricio Güizzo va y viene de las “400 viviendas” a la sede como si fuese el jefe de un remoto poblado del bosque (“El Algarrobal”) que visita cada tanto el castillo (el Palacio Municipal) y tramita lo que piden las dos mil almas  de su reino.

Y así, en un mediodía de enero y en el hall del segundo piso ajedrezado del Palace, tiene lugar esta entrevista.

La invención de un barrio

-¿Es casualidad que el presidente del Malvinas sea hijo de un excombatiente?

-No, para nada. Cuando llegué a las 400 viviendas esto todavía no era un barrio sino  un apéndice del San Martín. Y por cierto que no había centro vecinal. Cuando juntamos las 30 firmas y el Concejo Deliberante lo aprobó, se dijo que el nuevo sector iba a llamarse Malvinas Argentinas. 

-¿Y qué pasó entonces?

-Que como todos sabían que mi viejo había muerto en el hundimiento del Belgrano, me pidieron si no quería ser el primer presidente. Y como nadie quería aceptar, agarré yo. Ahora voy por el segundo mandato, que se termina en el 2020. 

-Contáme cómo era el barrio cuando llegaste...

-Por ese entonces eran sólamente las 400 viviendas que estaban entregando en barrio San Martín. Pero los nuevos habitantes no querían formar parte. 

-¿Tiene que ver con la “mala fama” del San Martín?

-Para algunos, sí. Pero hay una razón más estratégica y más profunda que la supuesta inseguridad. Y es que, al ser un barrio tan grande, era muy difícil que el centro vecinal del San Martín pudiese atender a todas nuestras necesidades; las que tiene un plan de viviendas nuevo. Así que empezamos a ser Malvinas Argentinas y, desde hace 5 años, con un centro vecinal propio. Pero seguimos tramitando para que el Municipio nos ayude a levantar la sede, que no la tenemos todavía. 

-¿Ya tienen visto el lugar?

-Sí. Nos imaginamos que un muy buen lugar sería el terreno frente a la cancha de básquet o “playón” del barrio; porque está cerca del mayor punto de encuentro y donde más chicos se juntan a jugar. De hecho, ahí entrenan muchos equipos de handball y hay gente permanentemente. La idea es tener un salón que nos sirva no sólo de lugar de reunión sino también donde los chicos realicen talleres y alquilarlo para eventos.

-¿Esa es la razón por la que están permanentemente en el Municipio?

-Sí, entre otras tantas; porque siempre hay algo para tramitar. De momento, el proyecto está en  “stand by” y faltan algunas firmas.

-¿Cómo es la relación de tu centro vecinal con la actual intendencia?

-Es buena. Siempre tenemos apoyo, especialmente a través de la gestión de Sebastián Panero, de la Dirección de Vecinalismo. Pero cuando tengamos una sede fija, será un antes y un después...

-¿Qué me podés decir de la población del barrio?

-Que hoy andamos por los dos mil habitantes, contando las 400 viviendas más el pedazo de San Martín Norte que se ha anexado  a nosotros, al fondo de la calle Buenos Aires. El nuestro es un barrio de trabajadores donde la mayoría son empleados de comercio y de la industria láctea. También hay muchos camioneros.

-¿Y vos, Mauricio?

-Yo tengo una pequeña fábrica de ropa y uniformes. Hasta hace poco estábamos en otro lado, pero fue un año durísimo y nos tuvimos que achicar. Así que ahora el emprendimiento funciona en casa. 

Sector de algarrobales y escuelas

-¿Cómo están en el rubro “seguridad”?

-Digamos que el barrio no escapa al nivel de inseguridad general de la ciudad; pero no somos un barrio específicamente peligroso. Hace un tiempo, hubo una ola de robos en una cuadra puntual; pero luego se frenó. Ahora el barrio está bastante patrullado. Lo más difícil es que muchas veces los que roban se esconden o esconden lo robado en El Algarrobal, y ahí no entra casi nadie...

-Sin embargo, El Algarrobal es un símbolo del barrio y el último bosque nativo urbano que queda en la ciudad, ¿no?

-Claro. Y por eso, paradójicamente, no queremos que se desmonte y se declare reserva. Queremos cuidar la naturaleza porque es parte de nuestro patrimonio, igual que la Laguna de Retención, que aunque es artificial, es un símbolo; por más que algunos vecinos la usen de basural. 

-¿Cómo definirías tu trabajo en el centro vecinal?

-Es, básicamente, de gestión. Por eso vengo todo el tiempo al Municipio. De hecho, hay quienes piensan que trabajo acá, pero nada que ver... El del centro vecinal es un trabajo que no se ve; pero hay que estar pendiente día y noche...

-Otro de los hitos del barrio son las escuelas...

-Sí; tenemos la escuela Padre Hugo Salvatto con jardín y primario  y también el secundario de la Escuela Especial Número Veinte; la parte de sus huertas, cocinas y talleres. Cuidar los chicos del barrio es prioritario.

-Decías que, amén de la sede, estás tramitando otros reclamos. ¿Cuáles?

-Las luminarias son un problema permanente. También el cuidado de la plaza, donde muchas veces nos rompen los bancos y los juegos. Tenemos que aprender a cuidar... Hace poco pedimos ayuda cuando nos inundamos por el desborde de la Laguna de Retención a causa de las lluvias. Imagínate que esa laguna recibe el agua de un montón de barrios y a veces no da abasto... Por suerte ya lo solucionamos, y a las dos bombas que tenemos, el municipio nos prestó una tercera.

-¿Cómo está hoy el barrio a nivel servicios?

-Está pavimentado en casi su totalidad, y además tenemos gas y cloacas, que no es poco para un barrio tan nuevo como el nuestro.

Héroe de Malvinas también

-Volviendo al principio de esta nota, ¿qué sentís al ser hijo de un héroe de guerra?

-Siento orgullo por saber que mi viejo dio su vida por todos nosotros, y por otro lado siento tristeza porque no tengo un papá. Por eso, cuando se dio esto que el barrio iba a llamarse Malvinas Argentinas y nadie quería agarrar, me cargué esa mochila al hombro. Lo sentí como una obligación para con él y para con mi familia.

-¿Ese hubiera sido el deseo de tu padre?

-Sí. O al menos es lo que siempre nos inculcó mi vieja a mi hermano y a mí; ser personas de bien y ayudar al prójimo. Mi papá falleció cuando yo tenía cuatro años y no tengo muchos recuerdos; sólo que estábamos en Punta Alta cuando hundieron al Belgrano, que mi hermano no había nacido y que desde ahí nos vinimos a Villa María... 

-Digamos que, a pesar de no haberlo tenido, te dejó una marca indeleble...

-Sí. Y espero, a mi modo, estar a la altura de su nombre y de lo que él se la jugó por los otros. Aunque sea desde el puesto de un centro vecinal que lleva el nombre de la guerra que se lo llevó...

Y Mauricio sonríe para la foto en el hall del segundo piso; allí donde viene cada día a gestionar ayudas para el barrio. 

A su modo y desde el puesto que le tocó en ese otro campo de batalla que es la vida, también Mauricio es un héroe de Malvinas. 



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

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