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Los Olmos se coronó campeón del tercer campeonato de locro

La competencia se desarrolló en el Sportivo Junior’s Club y participaron once instituciones. El segundo lugar fue para el Centro Vecinal de barrio Evita -como en las dos ediciones previas- y el tercero para Deportivo Las Playas

Algunos están desde las cinco de la mañana. Otros desde las siete. El Sportivo Junior’s Club, en el barrio Las Playas, es un salón que ya huele a porotos y maíz, a zapallo y cebolla de verdeo y que más tarde también olerá a chorizo, panceta, mondongo y patitas de cerdo. Es un salón que, mientras tanto, también huele a mates amargos y a criollitos, a pastafrola de batata y a budines de naranja, vainilla y limón. Es una casa que suena a chacareras vestidas por lloviznas embarradas de madrugada. Es una casa despierta. Porque ya están todos: los locales (Junior’s), el Club San Lorenzo, Deportivo Las Playas, la Iglesia Evangélica Pastor Olthoff, la Cooperativa 18 de Septiembre, los centros vecinales de los barrios Industrial, Evita y Los Olmos, el Centro de Educación Popular para la Infancia y la Adolescencia (Cepia), la Academia Sueños de Tradición y el Centro Nuevas Oportunidades. Ya están todos. Ya se desarrolla el tercer campeonato interbarrial de locro.

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La vestimenta es sencilla: cofia, guantes y delantales. Las instituciones se identifican con banderas que cuelgan de las paredes. No hay luz, excepto una pequeña, al fondo, que quizás sea de emergencia. No hay luz, pero no importa: porque los quemadores son un sol que hierve y alimenta las bocas profundas de las ollas que son revueltas por hombres y mujeres jóvenes y no tanto que, de a ratos, hacen tiempo para fotografiarse. 

Dos hombres, enormes, se convierten en cuadro. Están en uno de los rincones. Remueven, despacio, la mezcla: como si todo hubiera terminado, como si conocieran todos los secretos del guiso, como si acariciaran la superficie de un océano que los parió. Afuera, el frío no afloja y varios se reúnen y fuman. Llegan los músicos. Agustín Galván (Río Negro), Ariel Vergara (Catamarca) y Fernando Cheein (Santiago del Estero), la tríada que abrigará una siesta que se deshace con la voz hecha guitarra y con el cuerpo hecho percusión.

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Un color puede ser lejano. Y así es el gorro de aquel hombre.

—Hace frío. Hace frío. Y hay que caminar —dice mientras avanza lento, como si no existiera el tiempo y con la certeza de que en su bolsa, en la que tal vez lleve una fuente, cargará la porción exacta para un domingo que se resiste a mirar un espejo.

Así llegará el mediodía, casi con cierta pausa. Aparecerán, a contraluz, siluetas encapuchadas y con boinas en busca de esa porción para llenarse las manos y la boca y la panza y los ojos. Y, también, más veloces, se mostrarán los perfiles de niños y niñas que se agolpan en el ingreso, donde un hombre brota, casi de repente, con globos y demás juguetes. Irán y vendrán sobre los mosaicos bordó y anaranjados que, después, quedarán convulsos por la multitud al ritmo de un cuarteto humeante.

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Apenas pasados algunos minutos de la una de la tarde llega el intendente Martín Gill. Hace una hora que hay luz. El funcionario saludará a los padres, hablará de la fiesta popular y destacará el “trabajo colectivo” y la unión de voluntades para “vivir un día especial”.

Luego se armará una pequeña mesa. El jurado probará el plato de todos los participantes. Se tendrá en cuenta la presentación y el sabor. Galván, Vergara y Cheein subirán otra vez al escenario. Cantarán y habrá aplausos e ilusión en los rostros de los equipos.

Hasta que lo digan: el Centro Vecinal de barrio Los Olmos se coronará campeón. El Centro Vecinal de barrio Evita quedará segundo —como en las dos ediciones previas— y el Deportivo Las Playas tercero.

La tarde no será más tarde. Se parecerá a una noche y la gente no será más gente. Se parecerá más a un fotograma sonriente impreso en la melodía de un domingo de otoño.

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