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El San Antonio festejó su patrono con la murga y sus clásicos bollos

Los 1.200 alumnos de la escuela conmemoraron su santo. Hubo música en vivo en homenaje al monje de Padua. La coordinadora pastoral, Gisela Ambroggio, habló del significado de este día para la comunidad católica

Quizás muchos no lo entiendan, pero cada 13 de junio en el San Antonio no se habla más que de bollos. Sí, también se habla de los mil doscientos chicos que asisten cada día, del hirviente chocolate o de la mítica fundación del primer colegio villamariense allá por 1901, cuando la ciudad era un pueblo y la educación un privilegio. Pero siempre se vuelve a los bollos. Es el tema, la “vedette” de cada 13 de junio en calle Rucci.

Y en conmemoración del santo de Padua en aquel salón se han juntado los tres niveles. El futuro y el presente de la escuela y también de la ciudad. Y en medio de aquel jolgorio, ingresa la murga de sexto año a pura batucada. Y mientras el aroma a chocolate sobrevuela toda la mañana como un mar que se acerca, los nenes aplauden. Sobre todo cuando ven la imagen de San Antonio portada en un palanquín por los alumnos de sexto. Allí, vestido de túnica negra y una aureola de cabellos rodeando su frente calva, el monje ostenta una segunda corona: la aureola de santidad alrededor de su cabeza en bronce forjado. La locutora del evento explica que “San Antonio es nuestro amigo, el intermediario entre cada uno y Dios. Está siempre para cuando tengan problemas y le pidan a Dios por lo que les pasa”.

Acto seguido y con ritmo de cumbia, suena una canción en homenaje al teólogo portugués canonizado en Italia. Y mientras las chicas de sexto, los profes y monjas danzan al paso de Gilda, hay espacio para una entrevista. Y la profe Gisela Ambroggio me conduce a la sala de maestras, lejos de aquel “grito sagrado”.

 Gisela es trabajadora social y puede afirmarse que “se pasó la vida” entre las paredes del colegio. No sólo porque hizo jardín, primaria y secundaria ahí adentro, sino porque desde hace 24 años integra la Pastoral y es docente de “Formación Cristiana y Catequesis”. Y es difícil encontrarla en algún lugar que no sea la escuela. 

Le pregunto, entonces, por el sentido más profundo de la Pastoral Cristiana del San Antonio.

“Tiene que ver con mantener viva la luz del Evangelio y los valores cristianos en la escuela -comenta-. Ese es el objetivo de todas las comunidades de la Madre Tránsito a la que pertenecemos”.

-Sin embargo no estás sola en esta cruzada ¿no?

-¡Para nada! Por suerte hay muchas agrupaciones trabajando con nosotros en la escuela. Los misioneros de la Madre Tránsito, el movimiento “Piedras Vivas” y muchísimos alumnos. Todos estamos en obras de misericordia. Vamos a comedores, a geriátricos y al Hogar de Ancianos; hacemos muchas colectas y los chicos del centro de estudiantes tienen muchos proyectos en la escuela.

-¿Qué significa la figura de San Antonio de Padua?

-San Antonio fue un monje agustino de la Edad Media que era teólogo; un hombre de libros y pensamiento. Era, también, contemporáneo de San Francisco de Asís. En esos tiempos no se llamaba Antonio sino Fernando y vivía en Portugal, su país natal. Hasta que un día, viendo una procesión donde llevaban los restos de mártires franciscanos, se dijo “¿Qué estoy haciendo acá? ¡Mi lugar está con los pobres, anunciándoles el reino de Dios como hicieron esos misioneros!” Ese día nació San Antonio...

 -Y así llegó a Italia...

-Sí. Y allá hizo muchos milagros porque era un hombre muy poderoso, uno al cual Cristo le dio el don de curar. Pero sobre todo, San Antonio se la jugó muchísimo por los más necesitados, por llevarles a ellos la fe. Para nosotros sigue siendo un ícono, nuestro santo y nuestro amigo.

-¿La vida de San Antonio es un símbolo de lo que el mundo necesita de la iglesia?

-¡Sin dudas! San Antonio siguió los pasos de San Francisco de Asís. Y a San Francisco, Jesús le pidió: “renová mi casa”. Por eso no es casualidad que el Papa haya tomado este nombre. Si bien él es jesuita, entendió que debía consagrarse a los pobres como lo están pidiendo estos tiempos.

-La última, Gisela ¡Contame por favor, la historia de estos bollos!

-¡Dale! (risas) Tiene que ver, justamente, con un milagro de San Antonio... Había una mujer que tenía su hijo muy enfermo y le dijo que si él se lo curaba, iba a hacer la misma cantidad de bollos de lo que pesara su hijo para repartir entre los pobres. San Antonio cumplió y ella también. Y fabricó cincuenta o sesenta kilos de bollos. De algún modo, aquellos panes del Evangelio se volvieron a multiplicar aquel día...

Gisela vuelve a reír y en la mesa de los profes veo restos de bollos con dulce de leche y tazas de chocolate. Y dos mil años después de Jesús y mil años después de San Antonio, aquel milagro de los panes vuelve a ocurrir entre los hombres. 

Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.

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