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Una verdadera fiesta: Villa María vibró al compás de la final del rugby cordobés

El predio de Jockey Club de la ciudad se vistió de gala para recibir el evento y fue un éxito que colmó todas las expectativas. Hubo color y calor en las tribunas en un partido apasionante. Asistieron más de 4.000 personas.

El predio de Jockey Club Villa María fue una verdadera fiesta. Más de 4.000 personas disfrutaron y vibraron al compás de la final del rugby cordobés.

Desde el viernes a la tarde la ciudad ya tenía olor a final, los equipos finalistas llegaron a la Villa y se instalaron en distintos hoteles, recorrieron las instalaciones del hípico y luego pasaron por el centro de la ciudad sin bajarse de los ómnibus que los trasladaban.

Así lo vivió la gente. Toda la ciudad empapelada y con clima de final.

El predio desde muy temprano tuvo movimiento. Los chicos de las infantiles recolectaban la basura, los juveniles acomodaban autos, las chicas de hockey vendían entradas en la puerta, los jugadores del plantel superior de rugby atendían la barra, las jugadoras del plantel de rugby femenino cortaban los tickets. El verde se preparó y armó una logística digna de destacar.

Con un sol espléndido que superaba los 34 grados y por momentos era agobiante para los jugadores y también espectadores, de a poco se fue pintando de azulgrana y albirrojo todo el predio. El verde típico del Jockey desaparecía entre la gente pero rápidamente una camiseta, una señalización, un folleto o cualquier cartel te hacían saber dónde se jugaba la final.

Los primeros que se ubicaron sobre la ruta 158 fueron los simpatizantes de La Tablada, que con colorido azul y rojo, más el cántico de las tradicionales canciones de cancha, arengaron la previa mientras se jugaba Palermo Bajo y Tala por el tercer puesto.

Cerca de las 16.30 fue el ingreso de la gran parcialidad de Jockey, muchísimos, al igual que Tablada, varios micros se trasladaron más de 130 kilómetros para vivir y vibrar con la final.

Las intermitencias del partido hicieron que los corazones se paralizaran más de una vez. Fue de unos y luego de otros.

Se festejó todo el día. El juego dirigido por el árbitro Juan Manuel López colaboró para que la locura se desatara una vez que este pito el final.

Jockey cortó con 28 años de sequía sin lograr títulos, y quien lo hubiera pensado que iba a ser lejos de su casa de Barrio Jardín. El destino quiso que la consagración sea en la casa de su homónimo villamariense, cuestiones de azar.

Hubo fiesta, conformidad y alegría. También chapuzón de los campeones y aplausos a los subcampeones.

El verde se vistió de fiesta y fue de los mejores anfitriones.