En pleno paro nacional, el Gobierno dijo a los franceses que deberán trabajar más tiempo
Por la polémica reforma jubilatoria, se cumplió el segundo día de la huelga por tiempo indefinido
El primer ministro de Francia, Édouard Philippe, aseguró ayer que los franceses tendrán que "trabajar más tiempo" como "en otros países", en pleno conflicto con la ciudadanía por una controvertida reforma del sistema previsional impulsada por su Gobierno.
"Nuestros conciudadanos saben que progresivamente tendremos que trabajar un poco más de tiempo, pero es lo que sucede ya en otros países comparables a Francia", afirmó Philippe durante una alocución televisiva.
Asimismo, el premier reafirmó su "firme" voluntad de aplicar la reforma, pero prometió que ésta se llevará a cabo "sin brutalidad".
"Estoy convencido de que con las organizaciones sindicales encontraremos un buen equilibrio, sin renunciar a nuestra voluntad firme de crear un sistema universal", añadió el jefe de Gobierno galo.
Posteriormente, Philippe buscó presentarse abierto al diálogo en esta segunda jornada de paro general casi total en la compañía pública de ferrocarriles (SNCF) y en la entidad del transporte metropolitano de la región de París (RATP).
Philippe remarcó que no va a renunciar a una reforma que unificará los 42 regímenes jubilatorios especiales actuales en un "sistema universal" por puntos y con el que los ciudadanos tendrán que trabajar "un poco más", como ya ocurre en otros países.
A su vez, destacó que esos cambios no hay que hacerlos "brutalmente, con urgencia", sino que su voluntad es que se apliquen "razonablemente, de forma progresiva".
El premier hizo una mención particular para los beneficiarios de los regímenes especiales de la SNCF y la RATP que pueden jubilarse a partir de los 52 años, en lugar de los 62 años, que es la edad de jubilación voluntaria en el régimen general.
Además, reiteró la promesa de una suba salarial a los profesores para compensar la rebaja de las jubilaciones que resultaría de su paso a un sistema por puntos.
Philippe no quiso dar cifras ni precisiones sobre sus concesiones, con el argumento de que todavía habrá una última jornada de concertación con los sindicatos y con la patronal el martes.
Por eso, aseguró que los anuncios los hará el miércoles al mediodía, un día después de la segunda jornada de manifestaciones.
Segundo día de paro nacional
Mientras tanto, Francia afrontó ayer su segundo día consecutivo de huelga por tiempo indefinido contra la reforma que prepara el gobierno de Emmanuel Macron y que el jueves sacó a las calles a más de 800.000 personas, según el Ministerio del Interior, y a 1,5 millones, para la CGT, en la movilización más importante desde la reforma de las pensiones de 2010.
Anteayer, en el primer día de huelga nacional, considerado como una prueba crucial para Macron y su agenda reformista, se produjeron movilizaciones en más de 70 ciudades, junto con huelgas que paralizaron el transporte público y vaciaron las aulas.
Según un sondeo publicado ayer por la cadena France 24, el 62% de los franceses apoya la huelga y 75% desaprueba la política económica y social del gobierno francés.
Sin embargo, el Ejecutivo todavía confía en un vuelco de la opinión pública por el hartazgo con una huelga que altera mucho su vida cotidiana y que descansa en trabajadores con condiciones de jubilación mucho más favorables que el resto.
El temor del Gobierno es que el país permanezca bloqueado durante tres semanas, como ocurrió en 1995, cuando los franceses torcieron el brazo del Ejecutivo del primer ministro Alan Juppè, que pretendía reformar el sistema jubilatorio y debió renunciar a su cargo.
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"Nuestros conciudadanos saben que progresivamente tendremos que trabajar un poco más de tiempo, pero es lo que sucede ya en otros países comparables a Francia", afirmó Philippe durante una alocución televisiva.
Asimismo, el premier reafirmó su "firme" voluntad de aplicar la reforma, pero prometió que ésta se llevará a cabo "sin brutalidad".
"Estoy convencido de que con las organizaciones sindicales encontraremos un buen equilibrio, sin renunciar a nuestra voluntad firme de crear un sistema universal", añadió el jefe de Gobierno galo.
Posteriormente, Philippe buscó presentarse abierto al diálogo en esta segunda jornada de paro general casi total en la compañía pública de ferrocarriles (SNCF) y en la entidad del transporte metropolitano de la región de París (RATP).
Philippe remarcó que no va a renunciar a una reforma que unificará los 42 regímenes jubilatorios especiales actuales en un "sistema universal" por puntos y con el que los ciudadanos tendrán que trabajar "un poco más", como ya ocurre en otros países.
A su vez, destacó que esos cambios no hay que hacerlos "brutalmente, con urgencia", sino que su voluntad es que se apliquen "razonablemente, de forma progresiva".
El premier hizo una mención particular para los beneficiarios de los regímenes especiales de la SNCF y la RATP que pueden jubilarse a partir de los 52 años, en lugar de los 62 años, que es la edad de jubilación voluntaria en el régimen general.
Además, reiteró la promesa de una suba salarial a los profesores para compensar la rebaja de las jubilaciones que resultaría de su paso a un sistema por puntos.
Philippe no quiso dar cifras ni precisiones sobre sus concesiones, con el argumento de que todavía habrá una última jornada de concertación con los sindicatos y con la patronal el martes.
Por eso, aseguró que los anuncios los hará el miércoles al mediodía, un día después de la segunda jornada de manifestaciones.
Segundo día de paro nacional
Mientras tanto, Francia afrontó ayer su segundo día consecutivo de huelga por tiempo indefinido contra la reforma que prepara el gobierno de Emmanuel Macron y que el jueves sacó a las calles a más de 800.000 personas, según el Ministerio del Interior, y a 1,5 millones, para la CGT, en la movilización más importante desde la reforma de las pensiones de 2010.
Anteayer, en el primer día de huelga nacional, considerado como una prueba crucial para Macron y su agenda reformista, se produjeron movilizaciones en más de 70 ciudades, junto con huelgas que paralizaron el transporte público y vaciaron las aulas.
Según un sondeo publicado ayer por la cadena France 24, el 62% de los franceses apoya la huelga y 75% desaprueba la política económica y social del gobierno francés.
Sin embargo, el Ejecutivo todavía confía en un vuelco de la opinión pública por el hartazgo con una huelga que altera mucho su vida cotidiana y que descansa en trabajadores con condiciones de jubilación mucho más favorables que el resto.
El temor del Gobierno es que el país permanezca bloqueado durante tres semanas, como ocurrió en 1995, cuando los franceses torcieron el brazo del Ejecutivo del primer ministro Alan Juppè, que pretendía reformar el sistema jubilatorio y debió renunciar a su cargo.