“Hace 40 años que me dedico a la apicultura, mis abuelos ya tenían colmenas”, sostiene Federico Ezenga, apicultor de la ciudad, quien admite ser un apasionado por la actividad. El sector de la miel produce en ciudad y región unos 400 mil kilos anuales, los que en gran mayoría son exportados. La producción está integrada por referentes con variada cantidad de colmenas, algunos con más años que otros, incluso algunos novatos “que lo hacen por rentabilidad porque hace un año o dos empezó a ser rentable después de años muy malos”, admitió el entrevistado.
Yendo hacia atrás en el tiempo, dijo que dos décadas atrás había “unos 150 apicultores en la zona” y hoy deben ser “poco más de 30”. Entendió que a muchos de los apicultores les gusta la tarea de “ir al campo”. “Años anteriores se hacía por necesidad; en la década del 90 o 2000 hubo un resurgimiento porque era una opción de trabajo, pero la apicultura tiene sus altibajos: hay tres o cuatro años buenos y después otros tantos malos, como pasa con un montón de actividades en Argentina”, precisó.
“Sino le agarrás cariño haciéndote picar por las abejas y pasando calor, no lo podés hacer. Hay que tenerle mucho cariño a esta actividad”, sostuvo. “Uno tiene que ser muy apasionado para que esto perdure en el tiempo”, dijo.
Incluso recordó que desde los 90 hasta el último tiempo “cambiaron un montón de requisitos, como la trazabilidad de la miel”. “Uno necesita registrarla para que Senasa sepa en qué campo se cosechó, de qué productor son las colmenas. Tanto el dueño del campo como el de las colmenas y el responsable de la extracción tienen un código de barra que figura en el tambor cuando es exportada”, detalló.
Ezenga dijo que, de no haber una “cooperativa o grupo, es muy difícil armar una sala de extracción”. “Los que venimos de muchos años tenemos 4 o 5 salas aprobadas, pero son pocas”, puntualizó.
El problema de las fumigaciones
Uno de los principales e históricos reclamos por parte de los apicultores es la fumigación de tierras en proximidades de las colmenas, situación que pese a estar prohibida sigue ocurriendo en la actualidad. “Hay una mala perspectiva por la cantidad de fumigaciones que se hacen. Estoy en la zona periurbana de Villa Nueva y no se debería seguir fumigando, pero se sigue haciendo”, lamentó.
Dijo que los responsables de llevar adelante esa tarea “desconocen la Ley –provincial- de Apicultores del 93, que detalla que no se puede fumigar a menos de mil metros de un colmenar, y si se hace debe ser con un producto banda verde o que no le haga daño a la abeja. Pero además hay que avisarle al apicultor 48 horas antes para que tome recaudos con las colmenas. Existe un protocolo pero no se cumple; muchas veces no se sabe con qué producto se fumiga”.
Equiparó que llevar adelante esta actividad “es apasionante por un lado, pero por el otro existen un montón de contras por situaciones ambientales, fumigaciones, monocultivos”.
La realidad del departamento
Consultado sobre cuál es la realidad de la ciudad y región en materia de producción, Ezenga expuso que, más allá de lo que se genera “en la actualidad, el departamento no es un punto de referencia como sí lo fue tiempo atrás”. “Después de la crisis del 2009 tuvimos malos años y recién se recuperó en 2015, que fue un muy buen año por los precios. Luego se estabilizó y este año de nuevo se levantó”, resaltó.
Coincidió en que la mayoría de la producción local se exporta, “y otra parte es fraccionada y se vende. Muchos lo hacen en las sierras, aunque por la pandemia se frenó mucho, ya que no hay turistas, que eran los principales compradores”.

