Carlos Bonaveri es el actual DT de 9 de Julio de Pasco, un reconocido entrenador de la ciudad y la región, pero además fue un jugador de lujo, que vivió la época dorada del Ferro Carril Oeste presidido por Santiago Leyden en los 80, y luego retornó para ser campeón con Alumni y Rivadavia.
Hijo de Francisco, uno de los más grandes bochófilos de la ciudad, abrazó al fútbol como pasión, y edificó una gran carrera, que se inició en las inferiores de Argentino. A los 15 años, marchó lleno de sueños a vivir 5 años de “un curso acelerado de fútbol” con Griguol, en la elite del fútbol nacional.
“Era el nene mimado de la pensión de Ferro, porque tuve la suerte de llegar a los 15 años recién cumplidos, y a los 17 ya entrenaba con los jugadores de Primera, con los que me sigo escribiendo por un grupo de whatsapp que compartimos. Fue la época dorada de Ferro la que me tocó vivir con Carlos Griguol de maestro. Era mi casa, fue duro, me adapté, pero no hay lugar para todos en el fútbol”.
Supo aprender y mamar de esa “escuela de vida” que impulsó el viejo maestro haciendo epicentro en los 80 en un club modelo como Ferro. “Estaban muy avanzados en todo. Por ejemplo, comíamos con todos los deportistas del club en un restaurante, vivíamos en pensión y luego en departamentos, pero nunca se perdía el rumbo, la humildad, el ritual de ir a entrenar en colectivos, de comprarte primero la casa y después el auto, aún con jugadores de Selección como Cúper o Garré”.
Destaca que “podés compartir o no la forma de juego que te inculcaban Griguol y Aimar, pero es una escuela de vida. Ferro era un modelo de club. Nunca te faltaba, pero nunca te sobraba. Yo tuve la suerte de estudiar en un colegio nocturno, y los mozos del restaurante nunca me escatimaron la comida, y hasta comía con ellos”.
Insiste en que “tenías psicólogo, médicos, charlas de educación sexual, el secundario era obligatorio, por eso digo que era una escuela. A los más grandes como Cúper, Garré, Brandoni, Cristofanelli, Márcico o Marchesini los hacían llevar un cuaderno para que anotaran todo al finalizar la práctica. ¿Cómo no iban a salir DT? Entrené con todos ellos, pero no pude firmar contrato. Aún así, si tuviera que elegir, mandaría a mis hijos a esa escuela de fútbol de Griguol”.
Entiende que “lo mismo te diría Fabián Suescun, que llegó y jugó varios años en Primera, pasó a Racing, Rafaela, y en Perú. Vive en Buenos Aires. En ese momento estuvo conmigo Víctor Ferretti”.
Cuenta que “con gomas de auto, resortes y tres caños, armaron una puertita vaquera colgada en un arco. Te enseñaban a saltar para cabecear impulsado por los brazos. La técnica era desarrollada al máximo, no sólo hacían goles con pelota detenida por practicar tiros libres. Colgaban pelotas en diferentes alturas y superficies para que aprendieras a mover la cintura, a arquearte. La pelota parecía lejana, pero con práctica, la empezabas a rozar, hasta que las cabeceabas. Con el pie hacían lo mismo. No goles casuales de centros de los laterales como Mario Gómez. Era técnica más trabajo”.
El sueño de esos 5 años se cayó cuando parecía más cercano que nunca. “Un torneo fui a préstamo con Claudio Reyna, otro pibe de Monte Maíz, a la Liga de 25 Mayo en Buenos Aires. Luego me casé con Daniela, la hija del presidente de Argentino, pero Ferro no me prestó más. Pensé que me harían contrato, pero un año y medio después, me dejaron libre. Me intentaron ubicar en otro club hasta mis compañeros, pero mi sueño era jugar en Ferro. Y decidí volver”.
Hoy disfruta de “Daniela y mis 3 hijos maravillosos, que están estudiando en la universidad, y serán profesionales más allá que heredaron mi pasión por el fútbol, y tienen condiciones. Es el objetivo”.
Dirigió a los 3, que juegan muy bien al fútbol, pero Ulises y Francisco serán abogados, y Tadeo profesor de educación física. Es regla número 1 de la Escuela de Griguol: Primero el estudio, luego el fútbol.
Demostró ser un crack en las Ligas
Su primer club en inferiores fue Argentino, antes de emigrar a Ferro. Luego de 5 años en Buenos Aires recuerda que “en la Liga 25 de Mayo gané el título con Argentino. Allí jugaban muchos profesionales, y aún hoy se recuerda ese título y se reúnen todos los años”.
Agrega que “llevaban 12 años sin ganar un título. Tuve chances de ir después a jugar a esa Liga, porque allí conocí a mi señora, la madre de mis 3 hijos, pero elegí volver a Villa María. Recuedo que Antonio Alegre llevaba jugadores y ponía plata en Plaza Italia, porque era nacido allí. Se descolgaban muchos jugadores como Percudani, que es de Bragado, o Tenaglia”.
Al volver a Villa María juega en Alumni con Iván Miranda en la ACF, pero Central Argentino lo tienta, y con Julio Fraga realiza una gran campaña. “Le ganamos al Colón imbatible del tetracampeonato, y llegamos a semifinales. Jugaban ‘Pichi’ Molina, Mario Juan, ‘Zurdo’ Alaniz, Chiodi, Vico, Fonseca, Araya, ‘Gallego’ Arcas”.
El ascenso con Alumni en la ACF fue muy recordado. “Un torneo durísimo. Jugué todos los partidos, pero tuve que salir una vez que un jugador de Villa Azalais, que era un kamikaze me pegó un codazo y me abrió la nariz a los 5 minutos”.
Se alejó Mario Requena de Alumni, y “llegó Arturo Santaclara con muchos jugadores de afuera. Con ‘Catete’ Gómez nos fuimos. Con él, después también salimos campeones con Ramón Conti en Rivadavia de Arroyo Cabral”.
Destaca que “ese equipo rompió la hegemonía de Colón, porque fue campeón en el ‘91, cuando me fui a Río Tercero, pero volví en el ‘92. Jugaban Escurra, César y José Luis Danna, Pereyra, Serda, Alcalino, Vincenti, ‘Sapo’ Villagra, ‘Catete’ Gómez, Machado, Fabián Echegaray, Stuyck, ‘Tupe’ Echegaray”.
En el año 1993 emigró a la Liga Béccar Varela a Sarmiento de Etruria. “Volví a Rivadavia en 1994, cuando perdimos la final con River Plate en el duelo de los Requena. Los DT eran Mario y Pablo”.
“En el ‘95 salimos campeones cuando le ganamos a Yrigoyen en Plaza Ocampo. Decían que estábamos de vuelta cuando empatamos en Arroyo Cabral, pero ganamos en Plaza Ocampo”, recuerda.
Jugó en varios recordados equipos de River Plate (el que enfrentó a Alumni en un torneo superior), Argentino, Central Argentino, Rivadavia y la Selección de la Liga.
Un DT con sello y convicción
Bonaveri fue DT de Alumni, Central Argentino, Unión Central, Atlético Ticino, Juventud y ahora en 9 de Julio. En Recreativo de Laborde, en Etruria, en Noetinger y Bell de Bell Ville ganó o peleó por los títulos y dejó su huella. “Trabajo igual en Pasco que en el Real Madrid. Le dedico el mismo tiempo, esfuerzo, pasión y el mismo entusiasmo”.
Recalca que “a todos les advierto que no solo me interesa que me llamen para dirigir un equipo para campeón, pero sí que me cumplan, porque si no pierdo tiempo y plata al dejar de trabajar en mi remis”.
Sostuvo que “disfruto más cuando tengo que armar sin tantos recursos un equipo, pero quiero consensuar cuáles son los objetivos antes de empezar mi trabajo”.
Recalca que “me gusta transitar esta profesión utilizando lo que tengo, y siendo astuto e inteligente para remediar cuando no tengo los medios o jugadores. Ir de punto te hace crecer. El equipo debe tener tu sello sin que sea fácil, con o sin infraestructura o dinero. Lo que me enseñó Griguol era eso, podés estar de acuerdo o no, pero tenía fundamento, y nos sirvió como experiencia de vida. Fue una formación como jugador, DT y persona”.
Los DT que Bonaveri resalta
Resaltó que “tener la posibilidad de trabajar con Arzubialde, fue confirmar que iba por el buen camino. En ese ascenso de Alumni, y también en el descenso, confió en mí, lo dijo en un Congreso, y me enseñó ser más profesional”.
Remarca que “Abel Volta fue un gran formador de pibes. Eran tipos que estaban avanzados como Pedro Calderón en Argentino”.
Destaca que “Mario Requena es de otro nivel. Te marca su sabiduría, cómo aplica su conocimiento”.
Se emociona cuando resalta que “en Laborde me dicen que nadie se animó a dirigir un equipo con los chicos del pueblo. Recuerdo que hasta cruzaba una laguna para ir a entrenar. Lo que no tiene precio para un entrenador, es el agradecimiento de los jugadores con el paso del tiempo. Eso no se compra”.
“Siempre les pido que no pasen por los entrenamientos, aprendan. Siempre mejoren algo, no pierdan el tiempo, aprendan. No me gusta irme de un club sin dejarles algo”.

