El crack dejó un legado, pero el hombre será un ídolo eterno
Miguel Angel “Zurdo” López falleció a los 83 años en Barranquilla, pero en Villa María nadie podrá olvidar que trajo a Diego Maradona y a Boca
La ciudad llora el fallecimiento de Miguel Angel López, una de las glorias más grandes de nuestro fútbol. Un ídolo indiscutido, referente del deporte de Villa María y región.
El Zurdo seguirá latiendo eternamente en estas tierras, porque le entregó su corazón, que aquí vivirá por siempre.
Hoy las crónicas hablan de un prócer del fútbol de Independiente, pero la ciudad recordará eternamente al gran hombre que fue el Zurdo, que jamás renegó de sus pagos, y siempre sintió orgullo por hablar de su Ticino natal, y de su Villa María que lo adoptó.
Quizás fue el más grande jugador por su carrera que incluyó todos los títulos en Independiente, tras jugar en River y la Selección Argentina como marcador central.
Pero para nosotros fue más grande aún porque nos trajo a jugar a Villa María a Diego Maradona, donde lo dirigió en Argentinos Juniors. También nos trajo a Boca cuando lo dirigió. Y hasta se dio el gusto de dirigir a Alumni, cuando era un joven DT, y cuando en la tercera edad vio que estaba muy comprometido con el descenso en el Argentino A, y su puso el buzo junto a su sobrino Claudio (también lo hizo con Gustavo).
Murió a los 83 años en Barranquilla, donde encontró el afecto y el cariño que necesitó en sus últimos días. Pero su eterno amor era Villa María, y volver era vital para el Zurdo, que era un tanguero incondicional de esta ciudad.
Tango que me hiciste mal...
No era fácil para los periodistas. Pasaba del amor al odio en un abrir y cerrar de ojos. Un día el Zurdo te recibía con su mejor sonrisa, y al día siguiente más vale no te acerques. “Tango que me hiciste mal y sin embargo te quiero”, algo así le sucedía con la prensa.
“Se me pianta un lagrimón cuando recuerdo a Villa María y Ticino. Deseo volver pronto a visitar a mis amigos, que valen más que todas las copas que gané en mi carrera”, le confesó a Puntal Villa María durante la pandemia.
De niño, mi papá me enseñó que ese señor al que llamaban “el Zurdo”, que lo abrazaba muy fuerte y se palmeaban sin decir una palabra, porque a los 2 se les piantaba un lagrimón cada vez que volvía a la ciudad, necesitaba tiempo y espacio para hablar con mucha gente que lo quería bien, y lo extrañaba demasiado.
Era su amigo del colegio, donde compartían interminables picados. Me contó que su hermana Luci se encargaba de coordinarle algún encuentro para cenar tranquilos, y luego concedía reportajes.
A ese Zurdo campeón del mundo y 4 veces de América con el Rojo, Atlético Ticino lo recordó como el crack que nació en su pueblo el 1° de marzo de 1942. “Me apodaban el ‘Negro’ de Caracciolo en mi pueblo”, contó una vez. “Fui feliz en Ticino, pero mis recuerdos más fuertes se reproducen cada vez que vuelvo y me cuentan las anécdotas en asados interminables. Es que yo me fui antes de los 10 años a vivir a Villa María”.
En la ciudad, su club fue Unión Central. “Allí me enseñaron hasta como se toma un vino. Había jugadores que imprimían respeto en el vestuario, y te protegían en la cancha”, dijo cuando volvió para el centenario del Aurinegro.
“Me enteré de las obras que están haciendo. Me alegró saber que vamos a tener cancha propia. Me emocionó. Es el club donde me inicié y tuve mis primeros grandes amigos. Unión me dio el primer empujón para hacer mi carrera. Ya comeremos un asado en el club cuando vuelva”, dijo el Zurdo.
Siempre una visita se merecía su Unión Central, donde diez años después (1962) emigró a Universitario de Córdoba, donde comenzó su carrera formidable. Sarmiento de Junín, Estudiantes de La Plata (lo dirigió Osvaldo Zubeldía), Ferro, Selección Argentina, River Plate (subcampeón en 3 ocasiones), y luego ganó todos los títulos existentes en Independiente.
“Soy del Rojo por demolición”, exclamó siempre. En Independiente, conquistó el Torneo Nacional 1971 desplazando en la última fecha del primer puesto a Vélez. Luego llegaron 4 Copas Libertadores, 3 Copas Interamericanas, y la Copa Intercontinental 1973.
“Mis recuerdos de mi época como jugador de Independiente son los más felices que he tenido en mi vida. Los pongo junto con los que viví en Ticino y en Unión, cuando disfrutaba tener a toda mi familia. Tenía a mis padres y a mi hermana. Dediqué mi vida al fútbol, se hizo pasión y adicción. Tuve la fortuna, gracias a Dios, de ser uno de los jugadores de ese plantel rojo que marcó una época”.
Recuerda que “por pelear para que le pagaran bien a Bochini y Bertoni, casi me bajan del avión. Me defendió Pipo Ferreiro (el DT). ‘Si no va López, yo tampoco voy”.
Y luego disparó: “Los dirigentes nos comentaron que Juventus sólo aceptaba jugar en Roma. Nos reunimos los jugadores. Y ese jugadorazo que era Ricardo Pavoni acabó con el debate cuando dijo: ‘Vamos a romperles el culo a Roma’. No hubo más nada para hablar, fuimos y le rompimos el culo con gol de Ricardo Bochini”.
Cerró su carrera como jugador en Atlético Nacional de Medellín, donde fue campeón, y allí nació el DT en 1977. En 1995 ganó la Supercopa Sudamericana con Independiente, pero sus títulos en México y Colombia le abrieron las puertas en todo el mundo.
En Argentina, Miguel Ángel López debuta como DT en Alumni y la Selección de la Liga. En 1979 lo contrata Argentinos Juniors, donde dirige a Diego Maradona. “Fue el mejor de todos. Un señor y un ganador. Un día le comenté que Hugo Gatti había dicho que era un ‘Gordito’. Diego me dijo: ‘le voy a hacer 4 goles hoy’. Y se los hizo en La Bombonera. Un genio”.
“Diego no murió, siempre estárá con nosotros. Siempre que lo fui a visitar a la selección, les decía a los de seguridad: ‘Dejen entrar a ese señor, que es mi amigo’. Nos estrechábamos en un abrazo interminable y hablábamos de fútbol todo el tiempo, en todo el mundo, incluso en los mundiales”.
Seguro que “el Diego” le abrió las puertas del cielo. “Dejen entrar a ese señor, que es mi amigo”. Ellos hablarán de fútbol. Inolvidables.