El paraíso es para los humildes
Se puede ser ejemplar y feliz en el fútbol local. Daniel Abate Daga heredó de su padre la pasión por el deporte más popular del planeta. Es un fiel ejemplo de lo mucho que se puede lograr cuando se agrega el esfuerzo, la persistencia y la convicción al perseguir ese sueño que se lleva en la sangre. El fútbol le regaló felicidad.
El corazón de león de esa enorme persona que es el “Lunguito”, le permitió confiar en ese latir especial que siente el futbolista, y luchando por su sueño dibujó una extraordinaria carrera que tuvo final feliz, propio de una película.
Capaz de “entregar la vida” por quitar una pelota, por cortar un ataque prometedor, aquel “león” que debutó a los 17 años en Alem y consiguió su primer título en 1998, buscó y encontró continuidad en Argentino, con el que jugó 3 finales, en River Plate, en Unión Central, hasta llegar casi por casualidad a su lugar en el mundo: Colón de Arroyo Cabral, donde lograría 6 coronas en 6 años en una época dorada, en la que además encontró al amor de su vida y formó una familia bien futbolera.
Recuerda que “siempre luché por un lugar. Nunca la tuve fácil, y nadie me regaló nada. Deseaba volver a Alem, club que amé desde mi nacimiento por mi padre, pero el destino tenía preparado un final de novela para mi vida futbolística en Colón, donde conseguí todo lo que un jugador y una persona aspira. Me dio logros y la felicidad en la vida a la par de mi familia”.
Casado con Florencia Navarro, tiene 3 hijos: Ignacio (13), Mateo (9) y Delfina (1). “Todo me lo dio el fútbol: títulos, casa, trabajo, amigos, el amor de mi vida y una familia hermosa. Llegué casi por casualidad a Colón, y me dio mucho más de lo que cualquier persona sueña. Soy inmensamente feliz”.
“Lunguito” se muestra agradecido “a todos los clubes en los que jugué. En todos me trataron muy bien, y dejé muchos amigos. Es lo mejor que hay en el fútbol, porque esos momentos vividos en un vestuario, o en las prácticas o en los partidos, son tan o más inolvidables que la emoción que se siente cuando se corona con un título”.
Insistió en que “Alem es un grande con una hinchada gigante. River Plate es un club con mucha tradición futbolera. Argentino me hizo consolidar como futbolista y me adoptó. En Unión Central conocí a un club amado incondicionalmente por su gente. Colón fue un paraíso. El amor de mi vida”.
El fútbol, su sentimiento
Abate Daga es un apellido con fuerte historia en la Liga, desde que Héctor escribió páginas doradas en Alem, donde fue ídolo.
“Nunca renegué del apellido, y siempre supe que viviría bajo la sombra y la comparación con mi viejo, que fue un gran ídolo en Alem. Ser “el hijo de” fue gratificante para mí. Humildemente hice mi carrera, jugué 19 años en 5 clubes importantes, y gané 7 títulos. Mal no me fue, aunque eso no significa que borré los 20 años de mi padre que fueron indiscutibles en la Liga. Yo sé que él fue amado por la gente de Alem, y a mí el fútbol me permitió ser demasiado querido por la gente de Colón”.
Agrega que “no dejo de sorprenderme por ese cariño que me hacen sentir todo el tiempo en Arroyo Cabral, donde resido. Fui un privilegiado, un suertudo”.
Destacó que “extrañaba tanto el fútbol, que cuando grité los goles de Boca en la Copa, parecía raro. Espero que vuelva en la Liga”.
Reconoce que “el fútbol es único y los títulos quedan en el recuerdo y para uno, pero lo que realmente vale para siempre es la amistad”.
Agregó que “lo escuchaba cuando era chico, y ahora comprobé que es verdad. Yo jugué 19 años, dejé en 2013, y todavía estoy en muchos grupos de jugadores que la pasamos bárbaro recordando las anécdotas. Nadie habla de logros, sino de los asados, los entrenamientos, las anécdotas. Me divierto mucho con eso”.
Aseguró que “para un jugador de Liga como yo, fue muy gratificante ganar 7 títulos, y un broche de oro haber jugado en el Kempes una semifinal y una final de un Provincial. Pero más lindo es ser capaz de ser felices recordando cada momento con los amigos del fútbol”.
Remarcó que “me puedo olvidar de una jugada, de un gol o de un resultado, pero no de los momentos puntuales que atravesé en cada club y las anécdotas”.
El Porvenir de un futbolero
Destaca Abate Daga que “no sólo sirve ser campeón para ser feliz en el fútbol. Mi primera vuelta olímpica fue con Alem a los 20 años. Pero fui feliz en Argentino, pese a que perdí 3 finales, que pudieron ser 4 si no me hubiese lesionado. También en River Plate fui muy feliz, y en Unión Central aunque estuve sólo 6 meses la pasé muy bien. Lo de Colón fue único e irrepetible”.
Insistió en que “de las malas también se aprende un montón, para el fútbol y para la vida. Yo perdí muchas finales, y me enseñaron”.
Enfatizó que “siempre hay que pelear. Eso es lo primero que aprendí, porque no me sobraban condiciones, y nunca me fue fácil jugar. Ni el apellido me salvó”.
Estimó que “el que baja los brazos o se duerme un segundo en el fútbol, pierde. Se compite con compañerismo, porque hay códigos y valores únicos del fútbol que sirven para la vida. Te marca”.
Apuntó que “el jugador pasa, pero los códigos quedan. Desde niño hay que aprender en el fútbol. Yo creo que en la cuna ya me pusieron una pelota, y siempre hay que aprender, en el fútbol y la vida”.
Remarcó que “nací en el barrio de El Porvenir, donde he dado mis primeros pasos, y donde he llevado a mis hijos también”.
Explicó que “las épocas y el club cambió, pero el sentimiento es el mismo. Jugué en El Porvenir con Cristian Agosto y Daniel Blanco. Con ellos compartí todas las inferiores de Alem, hasta llegar a primera. También jugué con Mario Gómez, Vilches, Leandro Márquez, que era ‘79, pero jugó en la ‘78”.
Añade que “Marcelo Alamo es el DT que nos marcó, pero en El Porvenir tuve a David Vera, que el destino quiso que fuera el delegado de Colón cuando vine a jugar a Arroyo Cabral. Tuve además a Salinas, que también me dirigió en Alem, y a ‘Chiche’ Echeverría, otro gran tipo, como Francisco Márquez, con quien terminé el baby fútbol”.
En inferiores lo dirigieron “Salinas y en gran parte Marcelo Alamo. Yo debuto a los 17 años en primera con Miguel ‘Pelado’ Montes, que me hizo saltar desde la quinta, y me dirigió 2 años hermosos en Alem”.
Títulos con una camada inolvidable
Manifiesta “Lunguito” que “esa camada de clase 1978 dio muchos jugadores, y ganamos un torneo Provincial muy recordado”.
Indicó que “la clase ‘78 dio jugadores como Sebastián Funes, Gonzalo Valle, Diego Marín, Rodrigo Liendo, Víctor Rena, Germán Boretto, Gastón López, Lucas Dagatti, Cristian Agosto, Daniel Blanco. De ellos muchos ganamos con Marcelo Nievas el torneo Provincial, en una recordada final en Laboulaye”.
Abate Daga dijo que “nos separamos de Cristian Agosto y Blanco porque ellos se van a Newell’s. Con Cristian volví a jugar después, cuando en el ‘98 salimos campeón con Alem cuando le ganamos a Sportivo Playosa. Hacía del ‘93, cuando lo dirigió mi papá, que Alem no salía campeón. Fue un sueño, una satisfacción ser campeón a los 20 años con Alem”.
Agregó que “yo fui a préstamo a River Plate, donde me llevó Marcelo Nievas. Un gran equipo, un gran grupo lleno de pibes. Jugamos semifinales, y estaban Pablo Tello, Cristian y Diego Rivarola, Favole, Funes, Saluzzo, Walter Jara. También me dirigió Amadeo Perossi, que luego me dirigió en Colón, donde fuimos campeones”.
Sostuvo que “Argentino me dio la posibilidad de afirmarme en primera de la mano de un gran DT como Carlos ‘Cholo’ Romero. Me sumé a un grupo que practicaba en el Parque de Villa Nueva, y me quedé 4 años. Un club muy lindo”.
Agregó que “me marcó Romero. Me enseñó. Y tuve compañeros increíbles con los que jugamos 4 finales. Yo jugué 3, porque me quebré un dedo y no pude disputar una final con Alumni, que nos ganó 3. La otra fue con Playosa. Pero jugué con pibes que a rompían. Un lujo”.
Destaca que “Unión Central me permitió conocer a otro grande de la Liga. Sus hinchas tienen un sentimiento muy fuerte hacia el club. Colón es una historia aparte, es un club grande en el que encontré mi felicidad completa, mi paraíso”.