El vuelo especial de "Chicho"
Leandro “Chicho” Escurra parecía quedar suspendido en el aire, y llegaba justo y seguro a descolgar los centros entre los gigantes. Fue un arquero con condiciones naturales increíbles, que pese a su baja estatura logró que el arco de equipos grandes, le quedara chico.
Surgió de River Plate, donde fue debutó a los 15 años y rápidamente llegó a disfrutar de su primera final a cancha llena ante Alem en 1993.
Sobresalió en Rivadavia, donde fue campeón en 1995, y tuvo una notable labor en un recordado torneo del interior.
Claro que su amor por Alumni era grande, y de ser alcanzapelotas en el famoso partido contra Belgrano que el “fortinero” ganó con goles de Agonil y Beltramo, cumplió su sueño al consagrarse campeón con el increíble equipo del Provincial 2001, y luego en la Liga.
Si bien finalizó su carrera en la Liga Bellvillense (Unión de Morrison y 3 años en Bell), sus recuerdos se remontan a la época del baby en All Boys y San Martín, y los 3 clubes de nuestra Liga en los que “Chicho” cortó centros como ninguno y el arco le quedó chico.
“Yo amo jugar al fútbol, y aunque me atrasó mis estudios (Ciencias Económicas), me quedó la sensación de haber disfrutado cada momento. Incluso ahora en la AFUCO siento placer”, sostuvo.
Resalta que “me gustaba hacer deportes, y el vóley y el básquetbol me ayudaron a saber salir, a saltar justo, y a asegurar el agarre de la pelota. Los arqueros se fueron transformando en gigantes del arco, y no llegar al 1,80 metro me condicionó, pero el fútbol me dejó miles de amigos, y viví una época de grandes jugadores que me hizo muy feliz”, dijo.
El fútbol después del fútbol
Insiste en que “el fútbol es lo más lindo que hay en la vida. Después de jugar oficialmente, empecé a jugar al fútbol después del fútbol”.
Explicó que “jugar en la AFUCO en Honda Suárez es un placer. La pasó bárbaro, porque es tan lindo ponerse los botines con amigos que jugaron en diferentes clubes de la Liga, como prepararnos para el tercer tiempo. Jugamos para ganar, hemos ganado muchos torneos, pero también para vernos cada fin de semana. Es un placer calzarse los timbos y guantes. Me pongo el disfraz como decía Juan Cardozo, y hasta jugué de 9”.
Juegan “Echevarría, Oggero, los hermanos Valle, Negrini, el DT es el Mister Horacio Escurra (su hermano), Abelardo Perren, Bocha López, Aris, Carassai, Erregarena, Cerutti, Andrada, Salgado, Quique Sánchez, Sieracki, Ferrer y Gobbato entre otros. Si lo llevamos 20 años para atrás, tendríamos un equipazo”, resalta.
Su gran carrera se inició en “All Boys con Jorge Alamo, y me fui a San Martín con Carlos Romero en la Liga de Baby Fútbol. Luego en las inferiores de Alumni iba al banco, y cuando me buscó Marcelo Alamo para atajar en River Plate, me fui. Nunca dejé de ser hincha de Alumni, donde jugaba mi hermano y mi papá colaboraba como dirigente. Pero me crié viendo al ‘Taza’ Balario en El Pozo. No olvidaré jamás cuando fuimos campeones invictos en Mendoza con varios chicos que emigraron a Independiente como Romero y Morales. Fernández jugó en Central, y jugaban también Vittoria, Galli, Arzoaga. Le ganamos a Gimnasia La Plata, El Santo y le ganamos la final a Godoy Cruz. No nos hicieron goles y convertimos 27”.
Aquella clase ‘73 de River Plate fue “la primera que ganó ese torneo. En All Boys jugué con Christian Romero, ‘Cabezón’ González, Aguilera, Racca, Delfino, Gutiérrez. En All Boys sumale a Castro, Víctor García, Emilio Vittoria, Cortez, Horacio Rossetto”.
Formado en las inferiores de River Plate, debutó en primera “en 1989. Marcelo Alamo quería que trascendiéramos, que fuéramos ganadores, competitivos. Lo logró con muchas camadas, con pocos elementos y condiciones deplorables de los pisos. Yo tuve problemas con los hombros y los codos”.
Explica que “es la gran falencia de nuestra Liga. Tiene grandes jugadores, y malos pisos. Me dejó secuelas importantes. En Bell Ville me tocó vivir la etapa en la que los clubes de la A eran los que tenían mejores infraestructuras. Todos se ocuparon de mejorar sus canchas, porque quedaron condicionados a jugar en la B. El juego cambia con buenos pisos”.
Reseña que “en Villa María la calidad de los compañeros que tuve fue increíble. En River Plate jugué con 1989 con ‘Cuisa’ Berterame, ‘Tatalo’ Giovanardi, Bachanini, los hermanos López, Ponce, los Benito, Jara. Fue en un Provincial en el que enfrentamos a Alumni”.
Remarca que “fui suplente de Fabián Pfaffen que era de lo mejor de la Provincia. Luego se lo llevó Central de Río Segundo, y también viví esa experiencia hermosa junto con ‘Bicho’ Ochoa, que era otro enorme jugador y gran persona”.
Indicó que “debuté contra Sportivo Playosa, en un partido nocturno entresemana. Me acuerdo que Giovanardi y Bachanini me dijeron que ellos me ayudarían. Tiraron un centro y salí a buscar ante un 9 grandote. Llegué a la pelota y pensé que el 9 me iba a matar cuando me chocara. Pero no fue así, cuando me doy vuelta lo veo al 9 en el piso. ‘Tatalo’ Giovanardi me dijo: ‘Vos salí, que yo te cuido’. No me olvido más de esa gente”.
Sueños compartidos
Jugar en River Plate le permitió cumplir el sueño del equipo de barrio. Y en Alumni, cumplió el sueño del equipo de su corazón. “Mis viejos nacieron uno en cada barrio. Pero en mi época todos querían jugar en Alumni, y ver como alcanzapelotas el gol del ‘Gaucho’ Beltramo a Belgrano y el grito de la hinchada en la Plaza Ocampo llena, era increíble. Yo iba a todos los partidos de Alumni, y tengo fotos con el equipo de los ‘80 (las muestra orgulloso)”.
Indicó que “mi viejo participaba en la vida social de Alumni. Modificaron muchas cosas en el club esos dirigentes, desde la ropa hasta los vestuarios eran diferente. Hasta colaboré vendiendo los choripanes”.
Del “millonario” dijo: “Con Jorge Peñaloza me tocó jugar mi primera final en 1993 contra Alem. Había jugadores muy buenos en ambos equipos, y la Plaza se llenó”.
“Empatamos las 3 finales con árbitros de la AFA, y perdimos por penales. Ellos tenían la pelota, pero le reventamos un palo en el final de un partido. Si entraba esa, éramos campeones, porque en tres finales nos hicieron un solo gol. River Plate tenía una enorme cantera”.
Luego “jugué en una Alianza que armó River Plate con Yrigoyen. Era un gran equipo que perdió semifinales de un Provincial con Central de Río II, donde estuve en 1992 cuando perdió la semifinal del Regional contra Gimnasia y Tiro. Bujedo lo tenía a Fabián Pfaffen”.
Señala que “en 1994 me voy a Rivadavia con Pablo Requena, y ese gran equipo pierde ante River Plate la final. Mario Requena es un sabio, y pese a que cambió gran parte del equipo, salió campeón”.
Su primera vuelta olímpica se registró en Rivadavia en 1995, cuando le gana la final a Hipólito Yrigoyen de Tío Pujio. “Ese campeonato fue hermoso. Conocer a tanta gente buena en River Plate, le dio lugar a conocer a más gente buena como la de Rivadavia. No me olvido que mi primera vez en el ‘verde’ terminé comiendo en casa de los Alcalino. Era como una gran familia”.
Fiebre por el fútbol
Leandro Escurra recuerda aquella final del torneo Interligas en la que Rivadavia vencía 2-0 a Atlético Pascanas, y tuvo que atajar con 40 grados de fiebre. “No había suplente. Hoy, por esta pandemia, no hubiese jugado”, declaró.
Remarca que “era leche hervida en la cancha. Hoy soy esencial, tengo transporte de leche y sus derivados. No paré nunca de trabajar, aunque la situación esté complicada. Con los cuidados y cumpliendo protocolos sanitarios, le sumamos varias medidas preventivas más a las muchas que ya teníamos habitualmente”.
Explica que “el problema no está en la actividad laboral, sino en las reuniones sociales. El problema es el relajamiento. Hay que cuidarse, aunque por suerte no hay casos en la industria láctea, porque sabemos que la relajación no es posible. Lo aprendí en el fútbol, no te podías relajar nunca. El fútbol educa”.