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"Ferro era un sacerdocio"

 
Logró dos títulos con Rivadavia. En la imagen: Bonaveri, Machado, Favole, Escurra, Pereyra, Vincenti, Gómez, C. Danna, Echegaray, Balbas y Alcalino.  

Carlos Bonaveri afirmó: “Los hermanos Arzubialde me abrieron las puertas a un nivel profesional del fútbol, pero elegí mi familia”.

Remarcó: “Viví cinco años solo en Buenos Aires. Volví y logré formar una familia, que valoro. Mis hijos me dicen aún por qué no me voy, porque tengo los mismos contactos e integro un grupo con Cristofanelli, Marchesini, Garré, Ayala, con quienes me saludo como si viviéramos en la pensión todavía”.

Sin embargo, “estoy bien en Villa María, haciendo el máximo esfuerzo con mi mujer para que mis tres hijos terminen sus carreras universitarias y sean profesionales. Dedicarme a ser DT significaría viajar y vivir lejos, en otras ciudades”.

Destacó: “Son decisiones. No quita que mañana pueda cambiar este punto de vista, con mis hijos ya recibidos. Es una decisión de vida. Las satisfacciones que te da el fútbol son impagables y no se pueden describir con palabras, pero después está la persona, que tiene una vida, y te encontrás viviendo solo o lejos de los seres queridos”.

Agregó: “Jorge Desio jugó conmigo y hoy es AC de Sampaoli. También un PF de Tijuana y coordinador de inferiores Fabián Bazán. Son de Corral de Bustos. Pasaron por situaciones de vida muy duras, sacrificadas y de soledad, pero lograron su objetivo, y en la faz económica están bien”.

Recalcó: “He visto a Carlos Bilardo llorando porque se le pasó la vida sin disfrutar su familia por estar en la elite siempre. Ruggeri le dijo a Gareca qué hacés solo ahí. Y es DT de la selección de Perú. Son decisiones de vida, no sólo de DT”.

Su vida deportiva en Ferro

Destacó: “Me fui a jugar a Ferro con 15 años recién cumplidos. Cuando tenía 5 años le dije a mi mamá que me iba a ir a jugar al fútbol a Buenos Aires. Era fanático de Boca y ese era mi sueño. Mi papá era bochófilo y también me gustaba (ganó un provincial)”.

Resaltó: “Al baby lo inicié en Bancaria, pero me fui a Olimpia y continué en Argentino en las inferiores. Ya me entrenaba el doble, y hasta iba al gimnasio”, dijo.

Aclaró: “Probé en Ferro a los 14, cuando estaba en la elite del fútbol argentino. Con Carlos Griguol le peleó campeonatos a River y Boca, hasta ser campeón”.

Recordó: “Le dije a mi mamá que me iba y no volvía más. Ella falleció a los 54 años, 6 meses después que yo fui a Buenos Aires”.

Resaltó: “Ella me decía que no me hiciera ilusiones, pero quedé”.

Enfatizó: “Probé en diciembre. Me dijeron que en marzo me avisaban, pero en enero me llamaron. Estuve 5 años en Ferro”.

Explicó: “Me tocó la época de Márcico, Saccardi, Cúper, Garré, Cañete, Juárez. Un equipazo”.

Consideró: “Fue muy duro la muerte de mi mamá y no tener al lado a nadie cuando no te va bien, es difícil. Ferro estaba adelantado en materia de pensión, pero en ese nivel no sólo pasa por tener condiciones. El cabeza dura llega. El que está firme, el que no se bajonea, y tiene las convicciones claras”.

Agregó: “Lo mental es fundamental para manejar todas las demás situaciones. No pude firmar contrato, pero tuve posibilidades de ir a varios clubes de la B Metropolitana, como Nueva Chicago, pero no me gustó y me volví”.

Precisó: “En aquellos años no todos eran clubes que te permitían vivir del fútbol en la B. Hay jugadores que estuvieron 10 o 12 años, y no hicieron la diferencia”.

Una escuela de vida

El recuerdo del Ferro de Griguol es “espectacular. Un educador, y un adelantado. Ferro era un club profesional, que entrenaba en doble turno. Era un sacerdocio”.

Afirmó: “Marcó época. Hoy después de 35 años los jugadores nos juntamos, con Artime en Córdoba, Ayala en Pergamino, y al ‘Viejo’ lo llevan a comer asados”.

Subrayó: “El sentido de pertenencia, el esmero por el trabajo, el consejo de vida permanente. Tanto Griguol como Carlos Aimar, o Miguel Micó son ejemplos”.

Contó una anécdota: “Griguol te decía: primero la casa y después el auto. Pero en Ferro tenías a jugadores de selección como Garré o Cúper, que se compró una Coupé Fuego y dejaba el auto a 10 cuadras de la cancha. Fijate el respeto que le tenían a Griguol”.

Otra anécdota: “Cúper vivía en el mismo edificio que yo. Íbamos juntos y caminando a tomar el colectivo que nos llevaba al predio. Una hora de ida y otra de vuelta había, pero él era un crack y venía con nosotros con el termo y el mate. Era una escuela de vida”.

“La rebeldía del adolescente nos hacía enojar con Griguol. Renegaba porque me hacía cortar el pelo. Alejandro Mancuso se ataba el pelo con invisibles como las mujeres, para no cortarse el pelo. Con los años te das cuenta el motivo”.