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Momento de sacar las cartas de la manga o irse al mazo

Mientras los futbolistas y cuerpos técnicos esperan respuestas a sus ansias de que regrese la actividad, los delegados de las 20 entidades afiliadas a la casa madre del fútbol también evaluarán la situación económica y la asamblea ordinaria

La deuda interna es la asamblea general ordinaria, en la que el 28 de marzo se debía elegir autoridades y había dos listas: una encabezada por el actual presidente Claudio Martínez y la otra por el exvicepresidente Diego Conrero.

La pandemia prolongó más de lo esperado la situación y cierta interna dirigencial derivó en diferencias marcadas en el proceso de cuarentena.

Se suma la deuda externa. Si bien la prioridad debería ser el regreso del fútbol local y regional, luego de que la AFA, a través del Consejo Federal permitiera habilitar los entrenamientos a partir del 7 de septiembre, existen dos temas que requieren resolución urgente: el aspecto económico y el político.

La deuda interna

Claudio Martínez cumplió su segundo mandato presidiendo la Liga Villamariense de Fútbol.

Tras dos períodos (fue reelecto en 2017), caducó su gestión. El llamado a asamblea ordinaria se topó ante situaciones polémicas.

Por un lado, la convocatoria a asamblea general ordinaria prevista para el 28 de marzo se frustró porque imprevistamente se ingresó en “cuarentena”, que impidió e impide reuniones para renovar autoridades (a lo que la oposición le buscaría la vuelta para “contar votos” sin prolongar más la insoportable espera).

Por el otro, IPJ no otorgó validez a la anterior asamblea extraordinaria, que por tercera vez no impactó. La asamblea extraordinaria se convocó por tercera vez para modificar los estatutos y, aunque no se dieron a conocer oficialmente los motivos por los que no impactó, se habían aprobado las modificaciones.

Esta situación de deuda interna (la asamblea para renovar autoridades) condujo a una doble visión. Algunos entienden que al no impactar la asamblea extraordinaria se debe convocar a asamblea ordinaria para renovar autoridades con los anteriores estatutos; y otros consideran que debe llamarse a asamblea extraordinaria para renovar estatutos.

En caso de que IPJ envíe a realizar la asamblea ordinaria, se deberá renovar autoridades en la Liga Villamariense, sin la necesidad de modificar los estatutos.

De ser así, Claudio Martínez sólo podrá ser reelecto con dos tercios de los votos; mientras que el candidato opositor (Diego Conrero) será presidente con la mayoría simple de los votos.

En cambio, de aprobarse las modificaciones del estatuto, ambos contarían votos y el que logre la mayoría simple sería electo.

Esta deuda interna se prolonga y la Liga comienza a tener marcados inconvenientes económicos y también deportivos al no debatirse acerca de un plan para que el fútbol regrese, y para sostener económicamente la entidad madre del fútbol local y regional.

La deuda externa

Un acuerdo económico por 2 meses fue el único tema que unió las partes. Originalmente, el tesorero Sergio Tartaglia propuso evaluar la posibilidad de pagar un 50% de la cuota prevista y aprobada por los 20 clubes afiliados en el presupuesto realizado en el inicio del año ($ 15.500).

El rechazo fue total cuando el fútbol se detuvo y los clubes se cerraron. Se le solicitó al tesorero que evaluara nuevamente la situación y diera a conocer las reservas con las que contaba la Liga. De ese relevamiento surgió que la Liga se podía autosustentar hasta junio.

A continuación, se logró un acuerdo en reuniones vía Zoom para que se abonara $ 3.000 por club por julio, y se planteó el mismo monto para agosto, con la posibilidad de aumentar a $ 3.500.

La pasada semana, sorpresivamente el tesorero Sergio Tartaglia habría acordado ceder al protesorero Daniel Bazán la continuidad del proceso económico (dijo no tener tiempo para continuar).

Para muchos significó una renuncia encubierta, aunque formalmente nunca renunció (se espera que lo haga hoy, o que deje en claro cuál es su postura). Su declaración pública no ayudó y dejó en duda si renunció o no al cargo.

Lo cierto es que sólo parte de los clubes abonaron agosto y se necesita definir cuál será el monto a pagar por club en septiembre.

El fútbol debe volver

No todos coinciden en que el fútbol debe volver en 2020, pero habrá que debatir cómo volverá.

Las deudas económicas no deben tapar la realidad: se trata de una Liga de fútbol. La oposición se reunió y elevará una propuesta para que el fútbol regrese en 2020.

También el oficialismo quiere regresar, pero no “sin público”, ya que los costos serían enormes, y no solventarlos sólo generaría deudas.

La evaluación del retorno a las prácticas, habilitadas a partir del 7 de septiembre, aceleraría el regreso del fútbol, pero con un plan: ya sea para 2020 o para 2021.

Las ganas de entrenar no implican evitar el riesgo, que es la principal razón por la que hoy no se está jugando. Volver con altos riesgos de contagio sería inapropiado.

Por lo tanto, volver cumpliendo estrictamente el protocolo es la respuesta que esperan jugadores y cuerpos técnicos que se brinde.

Hoy habrá que poner las cartas sobre la mesa. Sacar las que estuvieron escondidas en la manga, o irse al mazo hasta 2021 sin fútbol, sin asambleas, y con deudas.