Según un trabajo que realizan técnicos del INTA Rafaela, la anaplasmosis bovina –enfermedad que ataca los glóbulos rojos de los animales- es endémica en la región. Aunque no se transmite a las personas, su presencia genera pérdidas importantes en los tambos, desde caída del nivel de producción hasta mortandad en los rodeos. En ese aspecto, la letalidad puede llegar al 45 por ciento de los animales sin tratamiento, por lo que su control se torna indispensable. Para ello el esfuerzo debe concentrarse en impedir que ingrese en los establecimientos.
La información fue compartida por Ignacio Echaide, médico veterinario de la citada repartición nacional, quien se reunió en la sede local del INTA con profesionales de la ciudad. El estudio, aun en curso, se denomina “Relevamiento de anaplasmosis bovina en la región centro de la provincia de Córdoba” y pretende realizar un aporte decisivo sobre una problemática que no es del todo conocida en la región.
“Se trata de una enfermedad producida por una bacteria que se multiplica en los glóbulos rojos de los bovinos y se transmite de distintas maneras. En el norte a través de la picadura de la garrapata; en zonas como estas por los insectos hematófagos (que se alimentan de la sangre) como la mosca brava o los tábanos. También se transmite a través de elementos contaminados, como cuchillos o bisturíes”, comenzó diciendo Echaide.
El profesional explicó que la enfermedad se manifiesta con mayor severidad en los animales adultos, pudiendo alcanzar un índice de mortandad entre 30 y 45 por ciento. Igualmente, aunque logren recuperarse, se transforman en portadores para el resto de su vida, convirtiéndose en fuentes de contagio si se dan las condiciones para ello.
“Luego de un período de incubación prolongado, que puede ser entre 30 y 60 días, cuando empieza la etapa clínica avanza bastante rápido. Cae la producción y el animal presenta una anemia profunda: hay ictericia y una gran destrucción de glóbulos rojos. En los animales muertos vemos que la sangre pierde viscosidad, es prácticamente acuosa por la falta de glóbulos rojos”, indicó.
Las vacas que no están en producción “tienen la sintomatología propia de los animales febriles y anémicos. Manifiestan dificultad para movilizarse con el resto de los animales del rodeo y presentan un gran aumento del tamaño del bazo, lo que implica que si son arreados sin consideración pueden tener rotura de bazo, con lo cual la muerte es instantánea”.
Agregó que muchas veces es difícil visualizar la presencia de la anaplasmosis bovina si no se revisan los animales en forma diaria. Por ese motivo, se advierte a partir de la merma productiva.
Aunque existe tratamiento e incluso hay vacunas para su tratamiento, la recomendación de Echaide es trabajar para impedir que ingrese al tambo.
“Eso es lo más importante. No hay que ir atrás del buen negocio sin chequear los animales que se introducen al rodeo, porque se trata de una enfermedad que causa pérdidas económicas significativas. También hay que conocer la situación sanitaria de los rodeos que están alambre de por medio, porque las moscas y tábanos favorecen la transmisión. Afortunadamente una vez detectada tiene tratamiento, aunque los costos son altos. Hay vacunas, pero no para utilizarlas masivamente como en otras enfermedades”.
En ese aspecto añadió: “Este relevamiento busca analizar lo que pasa en la región para después acompañar las decisiones que se tomen por acuerdos entre el veterinario asesor, el laboratorio y el dueño del establecimiento. Probablemente no en todos los casos esté indicada la vacunación. Se trata de una vacuna viva, basada en una bacteria menos patógena; no es totalmente inocua y es conveniente para animales de hasta 10 meses de edad. Puede utilizarse en otras categorías, pero es un riesgo que hay que evaluar”.
Como ocurre generalmente, es trascendente contar de manera temprana con un diagnóstico para intentar que no ingrese la bacteria. Si ya lo hizo se deben adoptar rápidamente medidas, que serán menos costosas y más eficientes que si pasa el tiempo. Cuando la enfermedad afecta al 20 o 30 por ciento del rodeo el panorama es totalmente distinto. El problema es que muchas veces productores y veterinarios desconocen la problemática.
Estudio
El entrevistado destacó que estudios de ese tipo no se realizan frecuentemente, salvo en zonas tradicionalmente endémicas, como en el norte del país. En la región que circunda a Villa María las referencias sobre la enfermedad se relacionan con las muestras presentadas en los laboratorios para diagnóstico.
Los datos relevados hasta el momento permiten confirmar que en la zona “la enfermedad es endémica, aunque vale aclarar, de baja endemicidad. Hablamos que está por debajo del 20 por ciento, aunque debemos seguir trabajando para confirmarlo. En forma preliminar, de lo procesado un 18 por ciento de los rodeos tenía animales infectados en distinto grado, algunos sabiendo que estaba la enfermedad”.
“El segundo aspecto es que encontramos no solo la difusión del anaplasma marginal, que es el nombre de la bacteria que causa la enfermedad, sino también la bacteria de menor patogenicidad que se utiliza para vacuna. Eso ingresó a la zona porque seguramente en algún rodeo ya se utilizó la vacuna o porque se han importado animales vacunados de otras regiones”.
Echaide volvió a subrayar que lo importante a tener en cuenta sobre la enfermedad es que su difusión obedece a la falta de controles previos a la incorporación de animales.
“Se importan animales de otras regiones que vienen de rodeos lecheros de zonas en las que la enfermedad es endémica. Cuando se dieron las inundaciones en la provincia de Santa Fe hubo establecimientos que se cerraron y algunos animales vinieron seguramente a esta zona; esa es la manera de empezar a tener problemas. Hay pruebas de diagnóstico que son rápidas y se puede identificar si algún animal por comprar es portador de la enfermedad”.
Pablo Correa. Redacción Puntal Villa María
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“Se trata de una enfermedad producida por una bacteria que se multiplica en los glóbulos rojos de los bovinos y se transmite de distintas maneras. En el norte a través de la picadura de la garrapata; en zonas como estas por los insectos hematófagos (que se alimentan de la sangre) como la mosca brava o los tábanos. También se transmite a través de elementos contaminados, como cuchillos o bisturíes”, comenzó diciendo Echaide.
El profesional explicó que la enfermedad se manifiesta con mayor severidad en los animales adultos, pudiendo alcanzar un índice de mortandad entre 30 y 45 por ciento. Igualmente, aunque logren recuperarse, se transforman en portadores para el resto de su vida, convirtiéndose en fuentes de contagio si se dan las condiciones para ello.
“Luego de un período de incubación prolongado, que puede ser entre 30 y 60 días, cuando empieza la etapa clínica avanza bastante rápido. Cae la producción y el animal presenta una anemia profunda: hay ictericia y una gran destrucción de glóbulos rojos. En los animales muertos vemos que la sangre pierde viscosidad, es prácticamente acuosa por la falta de glóbulos rojos”, indicó.
Las vacas que no están en producción “tienen la sintomatología propia de los animales febriles y anémicos. Manifiestan dificultad para movilizarse con el resto de los animales del rodeo y presentan un gran aumento del tamaño del bazo, lo que implica que si son arreados sin consideración pueden tener rotura de bazo, con lo cual la muerte es instantánea”.
Agregó que muchas veces es difícil visualizar la presencia de la anaplasmosis bovina si no se revisan los animales en forma diaria. Por ese motivo, se advierte a partir de la merma productiva.
Aunque existe tratamiento e incluso hay vacunas para su tratamiento, la recomendación de Echaide es trabajar para impedir que ingrese al tambo.
“Eso es lo más importante. No hay que ir atrás del buen negocio sin chequear los animales que se introducen al rodeo, porque se trata de una enfermedad que causa pérdidas económicas significativas. También hay que conocer la situación sanitaria de los rodeos que están alambre de por medio, porque las moscas y tábanos favorecen la transmisión. Afortunadamente una vez detectada tiene tratamiento, aunque los costos son altos. Hay vacunas, pero no para utilizarlas masivamente como en otras enfermedades”.
En ese aspecto añadió: “Este relevamiento busca analizar lo que pasa en la región para después acompañar las decisiones que se tomen por acuerdos entre el veterinario asesor, el laboratorio y el dueño del establecimiento. Probablemente no en todos los casos esté indicada la vacunación. Se trata de una vacuna viva, basada en una bacteria menos patógena; no es totalmente inocua y es conveniente para animales de hasta 10 meses de edad. Puede utilizarse en otras categorías, pero es un riesgo que hay que evaluar”.
Como ocurre generalmente, es trascendente contar de manera temprana con un diagnóstico para intentar que no ingrese la bacteria. Si ya lo hizo se deben adoptar rápidamente medidas, que serán menos costosas y más eficientes que si pasa el tiempo. Cuando la enfermedad afecta al 20 o 30 por ciento del rodeo el panorama es totalmente distinto. El problema es que muchas veces productores y veterinarios desconocen la problemática.
Estudio
El entrevistado destacó que estudios de ese tipo no se realizan frecuentemente, salvo en zonas tradicionalmente endémicas, como en el norte del país. En la región que circunda a Villa María las referencias sobre la enfermedad se relacionan con las muestras presentadas en los laboratorios para diagnóstico.
Los datos relevados hasta el momento permiten confirmar que en la zona “la enfermedad es endémica, aunque vale aclarar, de baja endemicidad. Hablamos que está por debajo del 20 por ciento, aunque debemos seguir trabajando para confirmarlo. En forma preliminar, de lo procesado un 18 por ciento de los rodeos tenía animales infectados en distinto grado, algunos sabiendo que estaba la enfermedad”.
“El segundo aspecto es que encontramos no solo la difusión del anaplasma marginal, que es el nombre de la bacteria que causa la enfermedad, sino también la bacteria de menor patogenicidad que se utiliza para vacuna. Eso ingresó a la zona porque seguramente en algún rodeo ya se utilizó la vacuna o porque se han importado animales vacunados de otras regiones”.
Echaide volvió a subrayar que lo importante a tener en cuenta sobre la enfermedad es que su difusión obedece a la falta de controles previos a la incorporación de animales.
“Se importan animales de otras regiones que vienen de rodeos lecheros de zonas en las que la enfermedad es endémica. Cuando se dieron las inundaciones en la provincia de Santa Fe hubo establecimientos que se cerraron y algunos animales vinieron seguramente a esta zona; esa es la manera de empezar a tener problemas. Hay pruebas de diagnóstico que son rápidas y se puede identificar si algún animal por comprar es portador de la enfermedad”.
Pablo Correa. Redacción Puntal Villa María

