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La rentabilidad del tambo sigue en terreno negativo, pero la industria láctea mejora

El productor primario enfrenta precios reales en baja y utilidad negativa

El tambo encadenó 5 meses consecutivos con rentabilidad negativa.

 

La rentabilidad en la cadena láctea muestra desequilibrios entre sus eslabones. Según un informe de la Fundación Mediterránea, el indicador de rentabilidad promedio ponderada de la actividad tambera “refuerza el diagnóstico de deterioro del eslabón primario”. En marzo de 2026, último dato disponible, la rentabilidad promedio del sector monitoreada por Ocla-Inta fue de 0,9% negativa, ubicándose en terreno negativo por quinto mes consecutivo.

El registro de marzo se ubicó 4,6 puntos porcentuales por debajo del observado un año atrás (3,7%) y constituyó el peor marzo de la última década, con un nivel 3,5 puntos porcentuales inferior al promedio histórico del indicador para ese mes (2,6%).

“El cálculo de rentabilidad relaciona el ingreso al capital con el capital promedio operado”, aclara el trabajo del Ieral de la Fundación Mediterránea. El ingreso al capital surge de deducir de los ingresos totales los gastos directos, los gastos de estructura y las amortizaciones; mientras que el capital promedio operado incluye tierra y mejoras, maquinarias, animales y capital circulante.

La serie utilizada resume información técnica de Inta sistematizada por Ocla para distintas regiones, tamaños de establecimiento y niveles de eficiencia, por lo que refleja una aproximación al desempeño económico representativo del productor promedio nacional.

“Esta definición es relevante para interpretar correctamente el indicador. La rentabilidad negativa muestra una presión económica sobre el capital aplicado a la actividad, pero no necesariamente captura de manera directa el costo financiero efectivo que enfrentan los establecimientos endeudados. Por eso, el deterioro del indicador debe leerse junto con la evolución del crédito bancario: cuando la rentabilidad económica se ubica en terreno negativo, la capacidad de afrontar deuda, renovar capital de trabajo o sostener inversiones se vuelve más exigente, especialmente en un contexto de financiamiento más caro y mayor irregularidad de cartera”, advierte el informe.

Del lado industrial exportador, el panorama luce algo más holgado. Para la exportación de leche en polvo entera, el margen bruto promedió 22,7% en enero-marzo de 2026, por encima del 13,2% registrado en igual período del año anterior. Sin embargo, esta mejora no respondió a una recomposición plena de los precios externos, sino a una dinámica relativa de precios: el precio implícito recibido por el exportador cayó proporcionalmente menos que el precio pagado al productor en términos reales, con bajas de 12% y 19%, respectivamente. En valores, la diferencia entre el precio recibido por el producto final exportado y el precio de la materia prima fue de $87 por litro.

“Este margen debe interpretarse como un margen bruto industrial exportador, no como beneficio final”, aclaró el Ieral. Con esa diferencia deben afrontarse los costos de procesamiento, amortizaciones de planta, gastos comerciales, logística, financiamiento y otros costos propios de la operación exportadora. Aun así, el contraste con el tambo es claro: mientras el productor primario enfrenta precios reales en baja y rentabilidad negativa, la industria exportadora encontró en el menor costo relativo de la materia prima una mejora parcial de su margen bruto.