El mural de dos dehecinos, entre los mejores de un concurso colombiano
El trabajo de Hernán Monetti y de la artista Lorena Tarable adornará la Terminal de Ómnibus de Cali, tras ser seleccionado en la Bienal que se desarrolló en dicha ciudad
El mural que una pareja de General Deheza presentó en el concurso de la Bienal de la ciudad colombiana de Cali quedó entre los 10 mejores de un total de 180 trabajos de diversos países y ahora adornará la Terminal de Ómnibus del lugar. Se trata de la obra que realizaron Hernán Monetti y su esposa Lorena Tarable, junto a la artista chilena Gabriela Vivart. El grupo retrató con la técnica de mosaiquismo las aves autóctonas de la selva de dicha zona.
“Nos enteramos por Facebook de la convocatoria, participamos como colectivo con Hernán -que es mi marido- y una artista de Chile. Lo presentamos y quedamos sorprendidos por el resultado. No pensamos que íbamos a tener la suerte de salir convocados. Cuando llegamos allá nos dijeron que, de 180 trabajos presentados, en lo que es mosaico quedamos entre los 10 mejores”, aseguró a Puntal Lorena.
El encuentro desarrollado en Colombia se llevó a cabo las últimas semanas de septiembre. Allí la pareja junto a su compañera debieron afrontar el desafío de finalizar la tarea, con el mural completo de más de 7 metros de largo en pocos días.
El grupo integrado por los tres artistas se llama “Ankatu”, que significa “Señor de los cielos” en mapuche. El pueblo aborigen llamaba así al cóndor, animal que -según la dehecina- une a las patrias chilena y argentina. “Era lo que nos identificaba a ambos países y por eso le pusimos ese nombre”, detalló.
-¿Cómo fue la experiencia de participar en la Bienal?
-En esta Bienal se trabajó con un artista, Carlitos (Carlos Andrés Valencia Carabalí), que es un joven que a los 12 años le diagnosticaron un tipo de reuma que lo dejó postrado en una silla de ruedas. Hace 7 años que el Museo Libre [de Cali] trabaja con él y le ha enseñado a hacer mosaico. Hoy hace murales cuando pensaba que ya no iba a poder hacer más nada. Muchas de las obras que se hicieron en esta Bienal van a quedar en su barrio. La experiencia fue muy enriquecedora en todos los aspectos, en lo social sobre todo. Los encuentros tienen lo lindo de encontrarse con otros artistas, reencontrarse con conocidos y hacer amigos nuevos.
-¿Cómo decidieron el tema y el concepto que vertieron en el mural?
-El lema de la Bienal era “La capacidad de la incapacidad”, inspirada por Carlitos. Entonces empezamos a investigar un poco lo que era Cali y toda la región, el Valle del Cauca. Y vimos que la mayor diversidad de pájaros del mundo se encuentra allí, el mayor avistaje. Y pensamos: “¿La gente los verá todos los días?”. Si es consciente de esto o les pasará como a nosotros, que vemos el benteveo, la calandria y el gorrión y como es común ni los miramos. Así que quisimos reflejar eso, que tenemos la capacidad de ver y a veces no vemos. Queríamos ver si la gente tiene la capacidad de ver y de apropiarse de todo esto. Tuvimos la oportunidad de ir a la selva, al interior, y ver en vivo todos esos pájaros. Cuando estábamos trabajando [en el mural] la gente pasaba y nos decía: “Chicos, esto es Cali, refleja la paz y lo que es Cali”. Todo lo que a nosotros nos sorprendía de esos pájaros ellos lo tienen todos los días en las plazas. Y colocar niños leyendo e interactuando en la obra fue un poco esto de sacarlos y que ellos miren la naturaleza, se nutran de ello y no solamente del teléfono y de la tecnología que nos rodea. A veces estamos encerrados y no miramos hacia el afuera.
-¿Cómo fue hacer el mural con mosaicos? ¿Cuánto tiempo les llevó?
-El trabajo en sí nos llevó 5 días, de 8 de la mañana a 8 de la noche. Entre los tres era 1,22 metros por 7,50 metros de largo, así que fue bastante arduo el trabajo. El resto de los días estuvimos recorriendo la ciudad y conocimos dónde va a quedar la obra, fuimos a conocer los barrios. A su vez , ellos no tienen azulejos como nosotros acá. En Cali todo se trabajó con porcelanato y cerámico para piso, bien duro el material, tuvimos que hacer los cortes con amoladora porque el trabajo era grande. Así que fue un desafío, pero los colores que había era increíbles. Acá no conseguimos amarillos o rojos porque nadie va a colocar un piso de esos colores y allá sí.
- ¿Y cuándo comenzó tu pasión por hacer murales?
-Desde que tengo uso de razón tengo cuadernos de dibujo. Mi contacto con lápices de colores fue cuando entré a la primaria, pero esto lo tengo de toda la vida. A veces las circunstancias te van llevando por caminos diferentes. Me decían que del arte no iba a vivir, así que hice la carrera de Contador Público en la Universidad de Río Cuarto, aunque no ejercí nunca. Me casé y tuve mis hijos, y retomé cuando mi hija empezó primer grado. Volví a la pintura, fui más pintora de caballete. De hecho, he realizado exposiciones en Europa, en África y Brasil. Pero lo de muralismo lo conocí en 2013 y fue en un encuentro, que es la Bienal de Miramar, que me encontré con el mosaico y comencé a trabajar con esta técnica, que es maravillosa y te abre muchos caminos. Lo interesante del muralismo es que al arte lo lleva a toda la gente, a la calle.
Luciana Panella. Redacción Puntal
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“Nos enteramos por Facebook de la convocatoria, participamos como colectivo con Hernán -que es mi marido- y una artista de Chile. Lo presentamos y quedamos sorprendidos por el resultado. No pensamos que íbamos a tener la suerte de salir convocados. Cuando llegamos allá nos dijeron que, de 180 trabajos presentados, en lo que es mosaico quedamos entre los 10 mejores”, aseguró a Puntal Lorena.
El encuentro desarrollado en Colombia se llevó a cabo las últimas semanas de septiembre. Allí la pareja junto a su compañera debieron afrontar el desafío de finalizar la tarea, con el mural completo de más de 7 metros de largo en pocos días.
El grupo integrado por los tres artistas se llama “Ankatu”, que significa “Señor de los cielos” en mapuche. El pueblo aborigen llamaba así al cóndor, animal que -según la dehecina- une a las patrias chilena y argentina. “Era lo que nos identificaba a ambos países y por eso le pusimos ese nombre”, detalló.
-¿Cómo fue la experiencia de participar en la Bienal?
-En esta Bienal se trabajó con un artista, Carlitos (Carlos Andrés Valencia Carabalí), que es un joven que a los 12 años le diagnosticaron un tipo de reuma que lo dejó postrado en una silla de ruedas. Hace 7 años que el Museo Libre [de Cali] trabaja con él y le ha enseñado a hacer mosaico. Hoy hace murales cuando pensaba que ya no iba a poder hacer más nada. Muchas de las obras que se hicieron en esta Bienal van a quedar en su barrio. La experiencia fue muy enriquecedora en todos los aspectos, en lo social sobre todo. Los encuentros tienen lo lindo de encontrarse con otros artistas, reencontrarse con conocidos y hacer amigos nuevos.
-¿Cómo decidieron el tema y el concepto que vertieron en el mural?
-El lema de la Bienal era “La capacidad de la incapacidad”, inspirada por Carlitos. Entonces empezamos a investigar un poco lo que era Cali y toda la región, el Valle del Cauca. Y vimos que la mayor diversidad de pájaros del mundo se encuentra allí, el mayor avistaje. Y pensamos: “¿La gente los verá todos los días?”. Si es consciente de esto o les pasará como a nosotros, que vemos el benteveo, la calandria y el gorrión y como es común ni los miramos. Así que quisimos reflejar eso, que tenemos la capacidad de ver y a veces no vemos. Queríamos ver si la gente tiene la capacidad de ver y de apropiarse de todo esto. Tuvimos la oportunidad de ir a la selva, al interior, y ver en vivo todos esos pájaros. Cuando estábamos trabajando [en el mural] la gente pasaba y nos decía: “Chicos, esto es Cali, refleja la paz y lo que es Cali”. Todo lo que a nosotros nos sorprendía de esos pájaros ellos lo tienen todos los días en las plazas. Y colocar niños leyendo e interactuando en la obra fue un poco esto de sacarlos y que ellos miren la naturaleza, se nutran de ello y no solamente del teléfono y de la tecnología que nos rodea. A veces estamos encerrados y no miramos hacia el afuera.
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-El trabajo en sí nos llevó 5 días, de 8 de la mañana a 8 de la noche. Entre los tres era 1,22 metros por 7,50 metros de largo, así que fue bastante arduo el trabajo. El resto de los días estuvimos recorriendo la ciudad y conocimos dónde va a quedar la obra, fuimos a conocer los barrios. A su vez , ellos no tienen azulejos como nosotros acá. En Cali todo se trabajó con porcelanato y cerámico para piso, bien duro el material, tuvimos que hacer los cortes con amoladora porque el trabajo era grande. Así que fue un desafío, pero los colores que había era increíbles. Acá no conseguimos amarillos o rojos porque nadie va a colocar un piso de esos colores y allá sí.
- ¿Y cuándo comenzó tu pasión por hacer murales?
-Desde que tengo uso de razón tengo cuadernos de dibujo. Mi contacto con lápices de colores fue cuando entré a la primaria, pero esto lo tengo de toda la vida. A veces las circunstancias te van llevando por caminos diferentes. Me decían que del arte no iba a vivir, así que hice la carrera de Contador Público en la Universidad de Río Cuarto, aunque no ejercí nunca. Me casé y tuve mis hijos, y retomé cuando mi hija empezó primer grado. Volví a la pintura, fui más pintora de caballete. De hecho, he realizado exposiciones en Europa, en África y Brasil. Pero lo de muralismo lo conocí en 2013 y fue en un encuentro, que es la Bienal de Miramar, que me encontré con el mosaico y comencé a trabajar con esta técnica, que es maravillosa y te abre muchos caminos. Lo interesante del muralismo es que al arte lo lleva a toda la gente, a la calle.
Luciana Panella. Redacción Puntal