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"El Gobierno quiso trasladar el consenso de la cuarentena al caso Vicentin y ahí se equivocó"

El consultor político Gustavo Córdoba analiza el efecto de la polémica en torno a la cerealera. Advierte por el discurso opositor

Gustavo Córdoba cuestionó que el Gobierno no haya intentado acuerdos más amplios antes de avanzar con Vicentin.

 

El consultor político Gustavo Córdoba aseguró que el gobierno de Alberto Fernández equivocó la estrategia para el caso Vicentin, aunque aclaró que todavía tiene margen para volver atrás y recomponerse. Además, señaló que el principal desafío del Presidente es diseñar un plan de salida de la cuerentena porque la situación económica está generando “mucho ruido” en la relación con los ciudadanos.

- ¿Qué impacto está teniendo el tema Vicentin en la opinión pública?

- Vicentin es el único tema que logró imponer agenda más allá de la pandemia y el coronavirus. Semejante impacto tiene su explicación. A pesar de que el 40% de la gente no tiene información sobre Vicentin, están interviniendo otros factores que no tienen nada que ver con la empresa. Eso se reflejó, por ejemplo, en la movilización del otro día, en el banderazo, que tuvo un gran significado político. Han influido un poco el hartazgo del encierro, la mala praxis económica evidente en este momento, que ha generado el derrumbe de muchas empresas. También creo que se ha generado la oportunidad para una parte de la oposición de desgastar a un gobierno que, evidentemente, no previó de manera concreta las consecuencias negativas del plan Vicentin. Acá está una de las grandes claves del asunto. El Gobierno tenía margen para actuar porque el accionar empresario de Vicentin fue depredador; dejó el tendal. Es una empresa quebrada que ha dejado deudas por todos lados, que ha enajenado patrimonio. Pero claramente el Gobierno equivocó el enemigo y no logró ampliar los márgenes del consenso. En la zona núcleo es un error crítico porque si tenés como dirigentes cercanos a los gobernadores de Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, cómo no trabajar una instancia previa con ellos para evaluar de qué manera ampliás la base de sustentación de la medida. Creo que ciertamente hubo un apresuramiento y por primera vez la oposición, sobre todo la que no está en función de gobierno, tuvo un elemento concreto para desgastar al gobierno nacional, que había arrancado la cuarentena en niveles sumamente altos. En este punto hay otro destaque: creo que el Gobierno confundió el clima de opinión tan alto de la pandemia y lo quiso trasladar de manera automática al caso Vicentin. Y ahí se equivocó porque las formas son parte del todo y creo que para cada cosa los gobiernos deberían trabajar consensos individuales, no tomar el consenso de la cuarentena y aplicarlo de manera lineal a Vicentin.

- Hubo un elemento de mucha significación política en las marchas del fin de semana, algo que no suele ocurrirle a un gobierno peronista. La oposición ganó la calle pero no hubo una respuesta de parte del oficialismo.

- El contexto es todo. Y en el contexto actual de cuarentena y contagios creo que hay también una especie de negación de las consecuencias. Pero, ojo, la oposición está dentro de lo legítimo del marco democrático. No hay que asustarse porque la oposición cumpla su rol y destaque los puntos negativos de un gobierno. Es un síntoma de buen funcionamiento democrático. Pero sí creo que varios sectores del establishment nacional tuvo la oportunidad de entender que no iba a tener un Alberto Fernández a su medida. Por ahí fantasearon que se podía disociar la figura de Alberto Fernández de la de Cristina. Y, con este caso, han tomado plena conciencia de que no lo van a poder lograr. Si bien es un gobierno de coalición en el que cada fuerza tiene su peso, no es una novedad decir que Cristina tiene el peso mayor. Hay una diferenciación muy sutil. Mientras uno de los líderes opositores, Mauricio Macri, está en una etapa de silencios obligados básicamente por la mala praxis económica, Cristina Fernández está en una suerte de silencios estratégicos. Porque ella sabe que genera rechazos. De hecho se dio cuenta cuando declinó su candidatura y cambió el formato de la política argentina. Y creo que hay una gran parte del poder en la Argentina que todavía no entendió que Cristina les ganó. Además, la necesitan a Cristina en un tono más alto para poder sentir también que ellos son parte del juego. Porque si tu antagonista ideológica está en un modo de silencio estratégico ellos también pierden identidad.

- ¿La expropiación no parece un elemento extraño en el gobierno que venía desarrollando Alberto Fernández? ¿No parece más propio de una gestión de Cristina?

- Es que es un gobierno de Cristina. Es vicepresidenta. Es portadora de las acciones mayoritarias del Frente de Todos. El tema es que es una coalición y en Argentina no tenemos cultura coalicional. No estamos acostumbrados a ver cómo un gobierno coalicional resuelve sus diferencias internas. Y la verdad es que, entre otros, Alberto y Cristina ganaron las elecciones y hay mucha gente que no lo termina de digerir. Lo mejor es que el gobierno recapacite, vuelva atrás, porque un episodio no tiene la potencialidad de destruir todo lo que el gobierno había construido en materia de cuarentena. Pero, de persistir en la actitud, el Gobierno va a entrar en una zona peligrosa. En cambio, en la oposición lo que está pasando es un tanto peligroso para el sistema democrático porque se está dando un fenómeno: parte de la oposición está planteando un discurso muy extremo y radicalizado contra las políticas del Gobierno. Estamos viendo la muerte de los sectores más prudentes, que ante el endurecimiento del discurso opositor, no les queda otra alternativa que endurecer también el propio porque, si no, también van a desaparecer. Ahí advierto que hay un peligro. Las instituciones están funcionando normalmente pero les estamos copiando peligrosamente la agenda a los republicanos conservadores de Estados Unidos, que transforman la pelea ideológica en una política de grieta absoluta. La grieta es muy cómoda para la política porque permite dinamizar y movilizar voluntades que de otra manera no lo harías. Pero a la hora de gobernar la grieta es un impedimento casi absoluto.

- ¿Hay deterioro en la imagen del Presidente, ya sea por los efectos de la cuarentena como por el caso Vicentin?

- Claramente lo está sintiendo en su imagen. De todas maneras partió de un nivel de imagen extraordinario, inédito e inaudito. Que un presidente logre valores de 80, 90 puntos de adhesión era excepcional. Hoy está en valores más normales pero claramente los últimos tres meses ha venido decayendo 5 o 6 puntos mensuales. Hoy está con un 70 por ciento de aprobación. Considero que el Presidente todavía tiene un capital político simbólico suficiente como para transformar esto en una oportunidad y que salgamos de la crisis. Sí creo que hoy la responsabilidad más importante pasa por diseñar un plan de salida de la cuarentena porque la cuestion económica está generando muchísimo ruido en la relación de confianza entre el Presidente y los ciudadanos.