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El momento Batakis

La ministra anunciará esta mañana las primeras medidas de su gestión luego de formar su equipo, delinear las primeras acciones y reunirse con el Presidente ayer. Deberá atender varias urgencias en simultáneo, crear confianza y transmitir certezas

Una semana después de asumir, conformar equipo y trabajar puertas adentro para trazar el diagnóstico de situación y elaborar ls primeras acciones, la flamante ministra de Economía, Silvina Batakis, anunciará hoy las primeras medidas de su gestión que intentarán mejorar algunos de los múltiples desafíos que enfrenta el gobierno de Alberto Fernández.

Claramente hay allí una lista que incluye el acelerado proceso inflacionario, el déficit fiscal, tarifas, los abultados vencimientos de deuda en pesos del segundo semestre, la restricción cambiaria, el alza de los tipos de cambio financieros y el cumplimiento de las pautas del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que cerró su antecesor, Martín Guzmán, entre otras urgencias.

¿Por dónde empezar? El primer gran desafío de Batakis es que no tiene la posibilidad de elegir y tendrá que ensayar un plan que intente dar respuestas en simultáneo a los múltiples frentes abiertos que muestra la economía nacional.

Pero algunos indicios dio en sus primeras declaraciones sobre lo que aspira lograr. Apenas asumió hace 7 días, dijo que el equilibrio fiscal era un sendero en el que el Gobierno debía avanzar. Eso llevaría implícito un equilibrio de las cuentas vía ajuste del gasto o por mayores ingresos, o ambas a la vez. Sobre estos dos puntos, también dio pistas la ministra. En el primer ítem, remarcó que va a continuar el plan de segmentación de tarifas de luz y gas del que el Gobierno viene hablando desde el comienzo de la gestión; pero pasaron dos años y medio y no hubo avances de ningún tipo. Fue uno de los fracasos de la gestión Guzmán que nunca terminó de dominar el área energética, donde se levantaron resistencias que explicaron parte de su salida el sábado 2 de julio. La noticia es que la única Secretaría dentro de Economía que no cambió de ocupante es justamente la de Energía, donde continuó el neuquino Darío Martínez y el subsecretario Federico Basualdo, este último identificado fuertemente con el kirchnerismo y que en 2021 protagonizó un insólito enfrentamiento con Guzmán cuando quiso echarlo. Hoy Basualdo sigue y Guzmán está en su casa. En el resto de las secretarías Batakis llegó con gente de su confianza; algo siempre deseable para asegurarse máxima coordinación y más con el antecedente del ministro saliente y el episodio Basualdo.

Habrá que ver cómo se implementa el tema segmentación porque es un punto clave si la ministra piensa avanzar en mejorar la relación entre ingresos y gastos. En la teoría, ese programa tiene todo a su favor: básicamente busca que el 10% de mayores ingresos de la población no reciba ningún tipo de subsidios y pague la tarifa plena de los servicios; la franja del medio que reciba aumentos en torno al 40% y mantener sin cambios al segmento de menores recursos. Hasta ahí no hay ruido. Pero la puesta en práctica de ese plan resultó un caos. La disponibilidad de información por un lado y el convencimiento político del oficialismo por el otro impidieron su materialización. La discusión fue y vino, y no prosperó. Hoy los subsidios energéticos suman 2,5 puntos del PBI, imposible de sostener en medio de la crisis de recursos que tiene el país. Pero además, buena parte de esos recursos se gastan en sectores sociales acomodados, de muy altos ingresos. Eso resulta un doble despropósito.

Donde se encendieron además luces de alarma y críticas anticipadas es por la otra pata de la ecuación: la de los ingresos que podrían generarse a través de cambios en impuestos. La ministra dio más pistas: no subirán retenciones, según afirmó en una entrevista televisiva a mitad de la semana pasada; pero se mostró a favor de avanzar con la “renta inesperada” definida por los ingresos extras que tuvieron algunos sectores por el efecto de la guerra. Allí se apunta rápidamente al campo y el precio de las commodities, sin embargo en las últimas semanas hubo una vuelta atrás de la cotización de los granos que los llevaron -en el caso del maíz y la soja, los dos principales en Argentina- a valores muy similares a la preguerra. Eso abrió otro debate: si el Gobierno observaba como factor de alza en los precios el movimiento internacional de las commodities, ¿por qué ahora que retrocedieron la inflación sigue acelerada?

Hay otro nudo que requiere ser destrabado en el corto plazo y que tiene que ver con las importaciones. Ante la corrida desatada hace 10 días, el Gobierno entró con la motosierra y bloqueó las operaciones de importación para frenar el drenaje de dólares. Observó que había allí “un festival de importaciones”, según lo definió la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Pero con escasa sutileza, decidió cortar todo. Y en la bolsa cayeron muchos sectores que ya están advirtiendo por severas consecuencias si no se revisa y comienza a separarse la paja del trigo. Hubo uno la semana pasada que puso el grito en el cielo y fue el de la industria de los alimentos balanceados que luego se destinan a bovinos en feedlots, porcinos, aves y mascotas. En 30 días podrían parar la producción si no hay revisión de la medida con el consecuente impacto en todas esas cadenas cárnicas. Necesitan apenas 150 millones de dólares hasta fin de año para importar insumos y cerrar 2022. La cifra es lo que vendió el Banco Central en un día la semana pasada.

Ayer, el presidente del BancoCentral, Miguel Pesce, dijo que en el segundo semestre se iba a flexibilizar la decisión tomada sobre las importaciones. Pero ese plazo del funcionario estaría colisionando contra la necesidad de los sectores productivos.

Gonzalo Dal Bianco