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El riesgo del tiro por la culata en un escenario crítico

La necesidad de dólares se volvió evidente con el correr de las últimas semanas, pero las medidas anunciadas por el Banco Central pueden agravar la situación por una aceleración de importaciones y una demora mayor en las exportaciones

El Gobierno ganó tiempo, aunque no mostró todavía cómo piensa solucionar el problema que la Argentina vuelve a padecer una vez más y que es la asfixia por la falta de dólares. Es un loop permanente en la historia nacional de remontada, ascenso, pérdida de altura y choque contra el iceberg verde. Décadas patinando en el mismo lodo.

La semana pasada, acorralado ya en la defensa de los últimos paquetes de dólares que quedan en el Banco Central y ante una demanda de ahorristas y activistas del puré que agotaban rápidamente el cupo de 200 dólares mensuales para atesorar o para vender inmediatamente en el mercado informal, el Banco Central dispuso trabar un poco más el acceso por esa puerta y reforzó el cepo. Era sabido que alguna disposición se iba a implementar porque la tendencia llevaba a imaginar un pronto agotamiento de las reservas. Incluso comenzó a escucharse frecuentemente sobre la existencia del oro que podría ser vendido para abastecer esa compra incesante. Eso podía ser sólo el inicio de una aceleración. Como se sabe, aquellos bienes que escasean suelen generar mayor demanda y alientan además la suba de sus precios. Este último punto no se corrigió en la Argentina al ritmo de la compra y por lo tanto la avalancha se fue agravando. Y lo que no se corrige por precio, se corrige por cantidad. El Gobierno decidió finalmente agregarle presión tributaria al que compre billetes con un 35% a cuenta del impuesto a las Ganancias que se sumó al 30% del impuesto País. En definitiva, el dólar de 79 pesos cuesta en realidad 130. Los 79 son para operar en el mercado internacional, ya sea de importaciones como de exportaciones. Aunque en este último sector el valor es relativo porque allí también opera otro impuesto como son las retenciones. Por eso el dólar soja ronda los 53 pesos y la brecha con los otros es cada vez mayor. Pero además, corrió fuerte entre los dirigentes agropecuarios otra vez la posibilidad de que haya una vez más cambios en los derechos de exportación. Por ahora el Gobierno se mantuvo en silencio con respecto a esto. El viernes, el presidente de Cartez, Javier Rotondo, dijo a medios nacionales que “el manotazo va a venir”.

Lo cierto es que hay un consenso en el sector agropecuario sobre el que se refirió también en los últimos días el titular de la Aceitera General Deheza, Roberto Urquía, y que apunta a una gran cantidad de granos que siguen en los campos a la espera de mejores condiciones para la venta.

El industrial aceitero explicó que con este mercado cambiario no hay incentivos para vender, sino todo lo contrario. Vende aquel que necesita fondos para encarar la campaña gruesa que está esperando los primeros chaparrones para largar, pero los demás prefieren mantener sus granos porque venderlos implica perder recursos. ¿Quién vendería algo hoy que cotiza en dólares a 53 pesos? Más allá de las chicanas sobre la especulación del sector, la respuesta es de sentido común.

¿Qué puede fomentar esta nueva medida en este sentido? Que los importadores aceleren su paso para garantizarse este dólar de 79 pesos mientras los exportadores demoren todo lo que puedan esperando que efectivamente haya una corrección en el tipo de cambio, como creen que debería darse.

Ese escenario es para el Gobierno peor que el anterior porque le acelera la demanda mientras le retrasa el ingreso de divisas. Una suerte de tiro por la culata.

En ese punto, también hay que recordar la máxima de que cuando “se pone una piedra en la puerta giratoria de dólares para que no se vayan más, tampoco pueden entrar”. Fue una de las definiciones que incluso dieron en su momento desde el Gobierno y sobre la cual hay bastante consenso en el heterogéneo mundo de los economistas.

Aún como candidato a presidente, Alberto Fernández abonó esa teoría al señalar el 22 de agosto del año pasado: “Fui muy crítico del cepo y sigo siéndolo. No fue una buena solución. El cepo es como poner una piedra en una puerta giratoria: nadie sale pero nadie entra. Eso fue lo que nos pasó”, indicó en aquel momento.

Pero más allá de la definición del por entonces candidato y la realidad que se repite, el desafío es imaginar cómo sortear el cuello de botella. Esta semana el ministro Martín Guzmán tendrá la oportunidad de transmitir cuál es el plan del Gobierno para sortear este difícil momento. El funcionario, que logró un brusco ascenso después de cerrar el canje de deuda con los bonistas, tiene por delante la negociación con el FMI y su presentación mañana en el Congreso para intentar llevar tranquilidad y certezas. Ayer, adelantó que el Presupuesto tiene dos objetivos: recuperar la economía y tranquilizar las variables que se muestran más tensas. Y después dejó en claro que un pilar central será “la sostenibilidad fiscal como condición necesaria para una economía estable. Paso a paso debemos construir una economía ordenada, donde la sostenibilidad de la deuda esté garantizada y el fisco deje de depender estructuralmente del financiamiento del Banco Central”. Sería un buen intento por evitar el mismo loop de siempre y romper con el desajuste generalizado de las cuentas públicas que aparecen en la raíz de todos los problemas.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal