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Ernesto Picco: "Hay que mirar a Malvinas más allá de la guerra"

El autor de "Soñar con las Islas" sostiene que hay que encuadrar lo sucedido desde una perspectiva de derechos humanos

Ernesto Pico es periodista, escritor y docente. Se doctoró en 2010 en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires y este año sumó un doctorado en Comunicación en la Universidad Nacional de La Plata. Pero nació hace casi 40 años en la lejana Santiago del Estero, un mes después de la capitulación de las tropas argentinas en Malvinas. No imaginó sino hasta varios años después, cuando lo sorprendió la presencia de un soldado en el colegio, que entablaría una entrañable relación con las Islas, que visitó en dos ocasiones gracias a la beca Michael Jacobs de Crónica Viajera de la Fundación García Márquez, que obtuvo en 2019. Es autor de “Políticos, empresarios y laicos católicos” (2016), “Los orígenes de la prensa en las provincias argentinas” (2018) y “Soñar con las Islas. Una crónica de Malvinas más allá de la guerra”, publicado el año pasado, con prólogo de Jon Lee Anderson.

- Se cumplen en los próximos días 40 años del desembarco argentino en Malvinas. ¿Cómo vive este aniversario?

- A Malvinas la recuerdo solamente desde los rituales de conmemoración. No tengo recuerdos de la guerra por haber nacido en julio de 1982, un mes después de que terminó la guerra. Es decir que no tengo esa marca que por ahí tienen las personas mayores de 50 años, que lo pueden recordar. Mi acercamiento a Malvinas está más vinculado a las tradiciones escolares y los consumos culturales.

- ¿Tu primer contacto con Malvinas fue en el colegio?

- Sí. El primer recuerdo es de principios de los años 90, cuando fueron al colegio algunos excombatientes. Me impresionó ver soldados en el aula del colegio. Para nosotros los soldados estaban en la tele, en las películas o en los cómics. Y de pronto en el colegio había una persona que era nuestra, que era un soldado y que había peleado en la guerra. Fue un shock.

- Soldados que además fueron escondidos mucho tiempo…

- Claro. A los excombatientes les ha costado mucho trabajo el reconocimiento social de su gesta. No solo la gesta de la guerra, sino fundamentalmente la gesta de la posguerra.

- ¿Creés que esta segunda gesta ha sido reconocida por la sociedad?

- En realidad a mí me cuesta pensar la guerra de Malvinas como una gesta. Y lo digo con mucho cuidado, porque esto involucra emocionalmente a muchas personas, pero no tenemos que olvidar dos cosas: la primera es que fue una guerra llevada adelante por un gobierno genocida que torturaba y mataba compatriotas en el continente y la segunda, que antes de la guerra Argentina había tenido avances impresionantes para recuperar las Islas por la vía diplomática. A fines de 1980, principios de 1981, el Reino Unido había enviado un gobernador a Malvinas, Rex Hunt, para intentar convencer a los isleños de que aceptaran la soberanía compartida.

- O sea que la guerra implicó una involución…

- Sin duda. Esto lo dice para mí la persona que más sabe de Malvinas, que es Federico Lorenz, que plantea que es momento de darnos cuenta de que la guerra fue un error. Es muy probable que si no hubiéramos ido a la guerra ya hubiéramos recuperado las Malvinas.

- En el imaginario colectivo, ¿se puede escindir hoy Malvinas de la guerra?

- No sé si escindir, pero sí es imprescindible ver Malvinas más allá de la guerra. Es fundamental porque lo que sabemos de Malvinas siempre nos remite al 14 de junio de 1982. Tenemos el reflejo de pensar en términos de guerra. En las aulas se enseña la guerra. Y hay cuarenta años de historia, para adelante y para atrás, que estamos dejando de lado. Hay una pregunta que es fundamental y que no es si las Malvinas son argentinas, porque de eso no hay duda. La pregunta es: ¿qué hay en Malvinas y a quién le interesa?

- ¿Eso fuiste a averiguar en tus viajes a Malvinas?

- Claro, exactamente.

- ¿Y qué encontraste?

- La primera sorpresa fue constatar que los ingleses no superan el treinta por ciento de la población de Malvinas. El 45 o 50 por ciento son isleños y después hay gente de muchas nacionalidades distintas. Es una población muy pequeña, que promueve la inmigración de gente de otros países del mundo para construir una identidad isleña. Y mientras tanto avanzan con su proyecto económico, habitacional, de cobertura de salud, social, etcétera. Y para llevarlo adelante cuentan con recursos económicos muy importantes a partir de la pesca. Desde 1987, cuando establecen la zona de exclusión y les cobran a los barcos que pescan en sus aguas, empieza el brutal despegue económico de los isleños, que en 2017 los llevó a tener el PBI per cápita más alto del mundo. Entonces por un lado es un lugar difícil para vivir porque está aislado, es aburrido, hay viento, pero la gente tiene un muy buen pasar económico y todas las comodidades para vivir bien. Y en buena medida gracias al cobro de las licencias de pesca a los barcos de Rusia, España, China y otros países de Asia, que van y pescan con controles muy laxos uno los recursos ictícolas más importantes del mundo: el calamar.

- ¿Cómo ven los isleños a los argentinos?

- Hay una diferencia marcada por la cuestión generacional. Están las personas que vivieron la guerra, que son los menos, porque en 1982 vivían solamente mil personas en Malvinas. Hoy son casi el triple y de esas mil que había algunas murieron y otras se fueron de las Islas. Entre quienes tuvieron algún vínculo con la guerra hay un sentimiento antiargentino más palpable. Es gente que vio entrar a los soldados argentinos al patio de su casa, o que fueron prisioneros. Pero los subcuarenta son completamente distintos y el boom de la pesca cambió mucho la realidad económica de la isla. En 1982 la gente que vivía en Malvinas eran campesinos y campesinas que se dedicaban a cuidar los campos de los dueños de la tierra, que estaban en Inglaterra. Era gente empobrecida, con condiciones de vida fuleras, con escasa formación y que nunca salieron de las Islas. Con los ingresos por la pesca, la creación de una nueva Constitución y la puesta en marcha de una serie de beneficios en materia de seguridad social, salud y educación, la realidad de la isla cambió sustancialmente. Han vuelto a vivir a las Islas muchos jóvenes formados -porque el Estado paga sus posgrados en Inglaterra- que hoy ocupan cargos jerárquicos tanto en las empresas privadas como en el Estado.

- ¿Esos jóvenes son kelpers o ciudadanos ingleses?

- Son isleños, pero tienen los derechos plenos que tienen los ingleses y que antes de la guerra no tenían. Se los reconoció Margaret Thatcher cuando ganó la guerra. Es una generación muy interesante, cosmopolita, formada, que puede proponer otro tipo de diálogo con Argentina.

-¿Qué recepción tuvo tu libro entre los excombatientes?

- Como mi investigación no es sobre la guerra sino sobre lo que pasó después, mi vínculo se ha dado por distintas vías. Pienso que no hay una mirada única ni homogénea entre los excombatientes: están los que volvieron a las Islas e iniciaron un proceso muy intenso de revisión a su regreso; los que siguen pensando que la guerra fue una gesta heroica y los que piensan que la guerra no tuvo nada de heroico porque los héroes no pasan hambre y frío mientras sus jefes les dan la espalda o incluso los someten a torturas. Estos últimos han llevado sus planteos hasta la Corte Suprema buscando justicia.

- ¿Las Malvinas son argentinas?

- Sí, pero no es una cuestión de orgullo patriótico; tenemos que saber qué hay ahí. Y fechas como esta son una oportunidad para hacernos estas preguntas. El desafío es pensar Malvinas desde una perspectiva de derechos humanos antes que como una gesta patriótica heroica y militarista.

Hernán Vaca Narvaja. Especial para Puntal