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A la contadora no la interrogan sobre los bienes de Macarrón

La hermana del acusado, Gabriela Macarrón, fue la única citada ayer. Es la profesional que le lleva las cuentas al viudo. Extrañamente, el fiscal no le formuló una sola pregunta sobre la situación patrimonial, un aspecto clave para la acusación del crimen por encargo

La visita de Gabriela Mónica Macarrón (57) a la sala de juzgamiento de Tribunales duró lo que una exhalación.

Sorprendió lo breve del testimonio porque la hermana menor del traumatólogo acusado del crimen por encargo de Nora Dalmasso era la única testigo citada ayer. Pero, sobre todo, porque la mujer que llegó con un sobrio atuendo negro es la contadora del viudo, nada menos.

Habituados a las maratónicas jornadas, los periodistas y las escasas personas que asisten como público se aprovisionaron con galletas, pastillas y frutas para una jornada de cinco o seis horas de interrogatorio como sucedió, por ejemplo, con el bioquímico Zabala, con el forense Subirachs o con el abogado Bertea.

Pero nada de eso hizo falta.

Contadora pública de profesión, Gabriela Macarrón es la mujer que “le lleva los números” al viudo. Así se presentó al tribunal apenas se sentó en la silla de los testigos.

Aunque lo dijo en voz lo suficientemente audible, nadie pareció tomar nota del detalle porque en los breves 45 minutos que duró su estadía en la silla de los testigos, ni el fiscal encargado de sostener la acusación ni ninguno de los tres jueces técnicos le formularon a la contadora una sola pregunta que buscara indagar sobre “testaferros”, “bienes gananciales”, “pooles de siembra”, “departamentos en el exterior”, ni ningún otro aspecto que roce la situación patrimonial de Marcelo Macarrón.

Que no lo haya hecho la defensa de Marcelo Brito era entendible. Más difícil de explicar fue la ostensible omisión del fiscal y de los jueces.

En el cuarto intermedio, tras la rutinaria declaración de Gabriela Macarrón, la jueza Natacha García tuvo la cortesía de responder al asombro de los periodistas.

-Acaba de pasar la contadora de Macarrón y nadie le preguntó sobre su patrimonio-, le hizo notar este diario.

-Nadie de los que podía -remarcó García- le preguntó sobre la situación patrimonial porque entienden que no necesitan hacerlo.

-¡Pero el móvil de la acusación es económico, doctora!

-Yo no estoy en condiciones de evaluar nada de eso-, se excusó la magistrada.

Aunque en este mismo juicio fue público y notorio que los vocales les hicieron preguntas a los testigos, la jueza insistió en que ellos no están habilitados para interrogar.

En medio de los desaguisados del proceso, 17 mujeres y hombres sin conocimientos en leyes asumieron la tarea de desentrañar la verdad.

¿Podrán?

No la tendrán fácil si a la contadora del acusado de planear un crimen por razones económicas no le preguntan sobre el patrimonio del viudo, si al amigo íntimo y vocero no se lo indaga sobre el cúmulo de sospechas en su contra, o si al único amante acreditado en la causa -¡y la última persona que tuvo intercambio de mensajes con la víctima!- se omite citarlo, por una cuestión de decoro.

A falta de preguntas esclarecedoras, Gabriela Macarrón proclamó la inocencia de su hermano “porque nunca hubiera hecho una cosa así”, dijo. Como hermana menor, durante los años de soltería tuvo la chance de compartir numerosos viajes con el matrimonio y aseguró que nunca vio grietas en la pareja.

La testigo ayer tuvo un efímero encuentro con su hermano sentado en el banquillo. No alcanzaron siquiera a intercambiar un gesto afectuoso porque Macarrón decidió retirarse de la sala. Un certificado del cardiólogo Federico Magri le aconsejó evitar el estrés de la audiencia porque el 10 de junio le colocarán un stent en una de las arterias.

-Yo quiero estar, pero si mi médico me dice eso...-, dijo el traumatólogo al presidente del tribunal, que, incómodo, atinó a responderle que era su decisión.

-Yo me iría a hacer resposo-, dijo entonces Macarrón.

Se puso de pie, se acomodó la bufanda y, luego de saludar en voz alta, pasó por enfrente de los jueces y se perdió por el pasillo.

Alejandro Fara