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Gracias a un gesto de amor, el Caps de Los Olmos ahora tiene consultorio odontológico

La familia del dentista Adolfo "Chiche" Carlström, quien falleciera hace poco más de un año, donó el equipo que el profesional utilizaba para atender a sus pacientes. "Mi papá emanaba amor", declaró ante Puntal Villa María su hija Lucrecia

Un gran acto de amor y solidaridad que provino de la familia del odontólogo Adolfo “Chiche” Carlström -profesional fallecido hace un puñado de meses- le permitió al Centro de Atención Primaria de la Salud (Caps) de barrio Los Olmos, contar con un flamante consultorio odontológico, espacio que fue habilitado ayer en un emotivo y sencillo acto.

Participaron de la ceremonia en el dispensario barrial el director de Salud municipal, Pedro Trecco, y el círculo íntimo de “Chiche”: su esposa Esperanza González, sus hijos Federico y Lucrecia y también su yerno, Mario.

Éstos últimos, de manera desinteresada, hicieron entrega al Municipio del equipo de odontología que Carlström utilizaba diariamente en su consultorio para atender a un sinfín de pacientes.

“Mi papá era un hombre muy generoso, noble y solidario. Siempre nos inculcó eso. El consultorio que él tenía en casa ya no funcionaba, y sentíamos que debíamos donarlo a alguna entidad que lo ponga en marcha. Son cosas que hoy por hoy cuestan mucho, y tenerlas sin usar no nos servía”, declaró tras el homenaje su hija Lucrecia.

La mujer contó que las familias Carlström y Trecco tienen una amistad “de toda la vida”. “Hemos compartido muchísimas vacaciones, cumpleaños y bodas, somos amigos eternos”, reconoció.

Y siguió: “Con todo el respeto del mundo y sin ninguna bandera política, mi mamá (Esperanza) se comunicó con Pedro, quien le dijo que el equipo le hacía mucha falta al Caps de Los Olmos”.

Lucrecia manifestó que su papá ejerció la profesión durante más de 50 años. “Trabajó siempre en su consultorio de manera privada, nunca quiso ningún puesto público, ni del Estado. Le ofrecieron trabajar de auditor en sindicatos y demás, pero él siempre prefirió trabajar en su casa, cerca de los suyos”, exteriorizó.

Detrás del profesional, había un excelente ser humano. “No siempre le pagaban. Muchas veces ha ocurrido que le llevaban quesos, aceites y vinos en señal de agradecimiento. Había clientes de todo tipo. Algunos no pagaban con dinero, sino con especies. Él era feliz porque hacía un bien. Siempre fue así. Tocaban el timbre o la puerta en casa a cualquier hora y cualquier día y él no tenía miramientos, la gente se iba siempre con una respuesta, con una solución, ya sea un calmante, o una extracción, o un arreglo, siempre la gente se iba satisfecha”, relató.

“Mi papá emanaba amor. Es el ser más hermoso y radiante que vi en este mundo”, concluyó.

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