Nacionales | Infancia

Infancias en la era de la reciprocidad

En el camino hacia su personalización progresiva, niños y niñas están llamados a integrarse en una comunidad que les permita crear conciencia de alteridad y sentido de pertenencia. Y a participar en ella desde su particular modo de ser y estar en el mundo. En este marco, la familia de origen es la primera instancia mediadora con el tejido social más amplio, con funciones de particular relevancia. 

Así, el desarrollo de potencialidades, el refuerzo de capacidades, la generación de habilidades, la formación de actitudes positivas que habiliten a los hijos para un desempeño comprometido, autónomo y eficiente, son algunos de los objetivos básicos con los que los adultos debemos implicarnos.

Esto se conoce como proceso de socialización, se extiende por años y compone un período relevante del ciclo vital personal y familiar. La educación de los hijos se debatía históricamente entre dos polos emparentados con visiones opuestas de la práctica parental: el permisivismo y el autoritarismo. 

En la actualidad esta tensión dicotómica está en vías de resolución. Diversos abordajes ponen en entredicho la idea de que la infancia parte de cero y la edad adulta es el punto final perfecto del trayecto formativo personal. Hoy el aprendizaje se extiende a lo largo de la vida. Se derrumbó la certeza de que los mayores somos sabios, razonables y estamos siempre informados, y se acepta una mayor igualdad entre niños y adultos.

Esto conduce a la formulación de otra perspectiva, construida sobre la base de una relación de reciprocidad. Según esta visión, desde muy pequeño el niño toma parte activa en su propia educación. Ya no es considerado un sujeto pasivo sino un agente participativo, y la adaptación recíproca -y no el conflicto- es aceptada como lógica subyacente en el interjuego relacional de padres e hijos.

Como signo de este nuevo paradigma, los adultos libramos hoy acuerdos con los niños sin renunciar por esto a la responsabilidad asumida, al liderazgo familiar y a la autoridad entendida como servicio. Y dentro de este esquema les transferimos nuestros recursos y fortalezas, en lugar de imponerlos. Porque los mayores también evolucionamos y estamos llamados a intercambiar y orientar, inspirándonos en la reflexión sobre nuestras propias experiencias.

En la actualidad los niños son considerados competentes. Este enfoque los sitúa como actores en la escena social y cuestiona el concepto mismo de socialización. Porque ellos son productores de cambios en sus interacciones con los demás y en sus relaciones interpersonales. Ellos modifican su entorno y colaboran para crear vínculos dinámicos de crecimiento y respeto mutuo. Nuevos patrones convivenciales que delinean ambientes de reciprocidad favorables al desarrollo humano.



Mariángeles Castro Sánchez - Orientadora familiar

TEMAS:
Comentá esta nota

Noticias Relacionadas