Con una inflación estimada del 36% para este duro año que termina, la Argentina se mantiene en el podio de países con el costo de vida más alto del mundo, y los aumentos previstos para los próximos meses amenazan profundizar ese escenario, que se traduce en un incremento de la pobreza y la indigencia.

Esta semana, el ministro Martín Guzmán -quien machaca con su frase de "tranquilizar la economía"-, dijo que la inflación será "la variable macro en la que más pondremos el foco. Esperamos reducirla año tras año". Fue al hablar con influyentes especialistas en el Instituto Peterson, un "think tank" cuyas ideas influyen en quienes toman decisiones en Wall Street.

Para la comunidad internacional de negocios, la Argentina continúa siendo un fenómeno de estudio, el país que "lo tenía todo, pero se quedó casi sin nada", cuyos niveles de pobreza superiores al 40% siguen asombrando.

La cuestión de las persistentes escaladas de precios continúan siendo inexplicables: casi no bajan cuando hay recesión, y se disparan a la estratósfera en cuanto la economía recupera un poco el oxígeno.

La incógnita es qué ocurrirá durante el verano, cuando a la suba por las Fiestas -que ya se nota en las góndolas y en rubros como indumentaria y calzado- se sumarán los incrementos previstos en salud (prepagas 10%), transporte (ya se anunció una suba del boleto de colectivo, el Gobierno aún no definió la fecha) y combustibles (se aguarda otro ajuste de YPF entre este mes y enero), por citar algunos casos.

Sin tener en cuenta a Venezuela, un país que soporta una hiperinflación superior al 1.800% anual, la Argentina es la economía con más alto costo de vida a nivel mundial. Es más, sus índices de precios triplican al de las economías más inflacionarias del globo.

Para graficar el "fenómeno" que ocurre en el país, en Turquía el costo de vida es 11,9%; India 7,6%; Arabia Saudita, 5,7%; México 4,1%; Rusia 4%; Brasil 3,9%, Polonia 3%; Sudáfrica 3%; Filipinas 2,5%; Indonesia 1,4%; Nueva Zelanda 1,4%; y Estados Unidos 1,2%, por mencionar a naciones con alta inflación. Falta de productividad, presión impositiva, leyes laborales obsoletas, inestabilidad cambiaria y expectativas desmesuradas que distorsionan la fijación de precios, son algunos de los argumentos utilizados por los economistas para tratar de entender qué ocurre en un país que lleva más de 50 años sin poder solucionar un problema que en otros lugares mantienen bajo control desde hace tiempo.

Economistas consultados para el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA pronosticaron una inflación del 36,7% para este año y una caída del 10,9% del Producto Bruto. Representa un descenso de 17 puntos con relación al costo de vida del 2019, pero sigue en niveles altísimos.

Con un mensaje poco preciso, algunos funcionarios anunciaron en las últimas semanas un descongelamiento en diversas áreas, como el transporte y la energía. La falta de precisiones al formular anuncios a medias sólo reactivan las expectativas de inflación.

Algo similar ocurre con el esquema de tarifas de electricidad y gas, donde se admite que terminará el descongelamiento, pero parece aún no haber demasiadas ideas claras sobre hasta dónde llegará la escalada.

Sólo un dato quedó claro en las declaraciones oficiales: el ajuste de tarifas recaerá sobre las espaldas de una clase media exhausta. Las subas persisten en alimentos, bebidas y productos de limpieza, y prometen profundizarse a medida que se acerque la Navidad.

El sector empresarial lo justifica en paritarias que cerraron en la zona del 30%, y en el alza del dólar a lo largo del año que encareció los insumos (como ejemplo, el país no puede resolver el desafío que representan las subas del plástico y el aluminio, dos materias primas clave). Y ya se hacen cálculos con mayores porcentajes en la mano para el 2021, pensando en recuperar terreno en materia de precios, porque los formadores confían en que se producirá una reactivación tras la llegada de la vacuna contra el Covid-19.

Algunas consultoras que nutren las casillas de mails de los máximos ejecutivos de la Argentina pronostican una inflación del 45% para el año próximo, 16 puntos por encima de lo que proyectó Guzmán en el Presupuesto (29%). Por ahora, el Gobierno logró poner bajo control una variable clave que juega en la estructura de costos: el dólar se estabilizó y la brecha cambiaria tuvo una fuerte reducción. "La estabilidad cambiaria es fundamental para el ambiente en que se desarrolla la economía y opera el sector privado", destacó Guzmán en el seminario ProPymes organizado por el Grupo Techint en un formato inédito este año. Y envió una señal sobre el dólar: "Al tipo de cambio lo vemos a niveles razonables, competitivos para la economía argentina", dijo.

Por las dudas, el ministro dejó un mensaje que pasó casi desapercibido pero está vinculado con las negociaciones mantenidas esta semana con el FMI en Washington: "No es momento para ir en dirección de aumentar el déficit fiscal, sino de poner las cuentas públicas en orden".

Una frase para graficar el intento de ajuste que se viene, como requisito para sellar la refinanciación de la enorme deuda con el Fondo Monetario.

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