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Viene diciembre, la nueva valla que enfrentará el Gobierno

Es habitualmente considerado un mes caliente para las administraciones porque se conjugan cuestiones económicas, emocionales y este año sumará una nueva dimensión: la sanitaria. Eliminación del IFE y nuevo cálculo de jubilaciones, de contexto

Diciembre siempre es un desafío para los gobiernos cuando la situación económica acumula dificultades, lo que en Argentina suele darse de manera bastante frecuente. Generalmente son tres diciembres los que presentan desafíos: nunca el primero de la gestión, cuando el presidente recién asume. Para no tener que recordar los de principios de este siglo, en la gestión de Mauricio Macri, cada vez que llegaba fin de año alguien echaba a correr el recuerdo de las dificultades del último mes del año.

Y parece que esta vez no será la excepción. La gestión de Alberto Fernández tiene el próximo mes un nuevo desafío. Un escollo importante porque se encuentra con una realidad que el ministro de Economía Martín Guzmán es el encargado de describir en el principal despacho de la Casa Rosada vinculada a los números en rojo de la administración. El Estado tiene un déficit con opciones para financiarlo que son todas malas. Debe elegir entre todas para tomar la menos dañina. En las últimas semanas cobró cada vez más fuerza la alternativa de incluir en el acuerdo con el Fondo Monetario un desembolso que fortalezca las reservas y así llevar más tranquilidad al mercado cambiario.

La otra opción es la emisión de pesos, algo que va en contra de las últimas medidas tomadas por Guzmán, que hace esfuerzos por aspirar billetes ante las señales de alarma que comenzaron a encenderse en materia inflacionaria.

Allí empieza a delinearse una combinación que para diciembre siempre es preocupante: precios y caída de poder adquisitivo, lo que en definitiva construye un escenario de mayor vulnerabilidad social. En ese sentido hay que sumar la eliminación del IFE, que el propio Guzmán adelantó la semana pasada aunque en el ala política del Gobierno eso todavía no se da por hecho. Hay quienes están advirtiendo justamente el sentido de la oportunidad de recortar ese beneficio, que hasta aquí se pagó tres veces en 7 meses. Cada beneficio fue de 10 mil pesos, por lo cual implicó aproximadamente unos 4.300 pesos mensuales de promedio por beneficiario.

A su vez, los aportes a las empresas para el pago de haberes -los ATP- fueron ya fuertemente recortados.

Y en la agenda se metió ahora el nuevo cálculo para las jubilaciones, que genera polémica porque advierten que se dejará de lado la variable inflacionaria y eso podría provocar un perjuicio para los pasivos. Ahora se estimará el ajuste teniendo en cuenta la evolución de los salarios -que siguen perdiendo de manera significativa frente a la inflación- y la recaudación. Este último ítem tendrá parcialmente incorporada la inflación porque hay tributos, de los más importantes, que copian la evolución de las góndolas, como el IVA, por ejemplo. De todos modos es un ingrediente más que genera ruido, especialmente con aliados del Gobierno como son los sindicatos, que ya mostraron su descontento, aunque por ahora de manera muy tenue.

El Gobierno los busca convencer de que a esta altura esas medidas son el mal menor. Y que de no ajustar el gasto, la situación podría derivar en algo mucho peor.

Pero la quita de la inflación de esa fórmula no es poca cosa. Más teniendo en cuenta algunas proyecciones. Este año podría terminar con un porcentaje de entre 37 y 38 por ciento. Pero en 2021, difícilmente sea menor. El dato arrojado por el Indec la semana pasada, con 3,8% de alza, dentro del cual los alimentos y bebidas escalaron 4,8%, empezaron a confirmar la estimación de mayores subas en 2021. Este año, además, hubo al menos dos trimestres fuertemente afectados por la parálisis de la actividad, que ayudaron a contener los precios. Sin embargo, en paralelo, la fuerte emisión de pesos necesaria para sostener a los sectores más vulnerables empezó a meter presión cuando las máquinas comenzaron a encenderse y la actividad se fue recuperando. Pero además, hay un par de elementos que se sumarán para apuntalar las posibilidades de mayor índice inflacionario: las tarifas que se mantuvieron congeladas, comenzarán a ajustarse en enero. Los salarios, empezarán a meter presión también para recuperar todo el terreno perdido. Y el tipo de cambio sigue siendo un gran interrogante tras semanas de fuerte alza, fuerte baja, y nuevamente ascenso. ¿Se sumarán los recortes en los programas de precios controlados?

A su vez, la inflación en crecimiento plantea un enorme desafío por el contexto social. Con una estimación de 50% de pobreza en Argentina para diciembre, un porcentaje de inflación nuevamente por arriba de 40% va a seguir alimentando la pobreza y la indigencia.

El analista económico Salvador Di Stéfano explicó cómo serían para él los próximos cuatro meses: noviembre y diciembre son naturalmente de mayor demanda de pesos porque “hay que armar el mostrador y encarar las fiestas de fin de año”, lo que llevaría cierta tranquilidad al dólar. Pero advirtió que pasado ese período, enero y febrero son la contracara, en la que puede incrementarse la demanda en el dólar.

Con todo, el Gobierno sigue enfrentado a enormes desafíos, todos enmarcados en la pandemia que aún está lejos de resolverse.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal