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Entre los "ni-ni" y la informalidad laboral que golpea en los jóvenes

"Muchos de los jóvenes desempleados no necesariamente no estudian, lo que desmitifica un poco el ni-ni, sino que pueden estar en programas de terminalidad o con materias en el secundario", dijo la socióloga Daiana Monti

Un informe desarrollado por el Centro de Estudios de la Educación Argentina, de la Universidad de Belgrano, reflejó que uno de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 24 años, no estudia ni trabaja. Son los comúnmente conocidos como “ni-ni”. En el escrito, el especialista Alieto Guadagni dio cuenta de la necesidad de reducir el porcentaje de jóvenes que no estudian a los fines de que “tengan mejores probabilidades de encontrar un trabajo, ya que en promedio, dos de cada 10 argentinos con formación terciaria no consiguen empleo”.

Para la socióloga local Daiana Monti es necesario analizar un contexto mucho más amplio, abordando desde las políticas públicas destinadas a juventudes hasta la informalidad laboral que alcanza, en gran medida, a ese grupo etario. En la charla con este medio, Monti explicó el proceso que lleva adelante a través de la investigación y estudio justamente de políticas pensadas para los jóvenes, “y cómo esos jóvenes van viviendo o apropiándose de las mismas”.

“Cuando pensamos en las políticas públicas hay diferentes áreas, desde las vinculadas a la educación hasta salud, trabajo. Hay programas que trascienden las gestiones y están presentes, y otras se reformularon, como la educación, a partir de la pandemia. El cierre de escuelas implicó un cambio fuerte en la vida del grupo poblacional de adolescentes y jóvenes”, destacó en la entrevista.

Consideró además la necesidad de hablar de juventudes, en plural, ya que existen diferentes formas de vivir y transitar este momento de la vida: “Cuando hablamos de jóvenes no son personas aisladas, sino que son sujetos que están atravesados por desigualdades. En la sociología tratamos de pensar las palabras y grandes categorías, desarmándolas y viendo qué tienen adentro. Al hablar de jóvenes hay una pluralidad de experiencias que van apareciendo, según el sector que vayamos mirando”.

Entendió además que en la sociedad persiste un preconcepto a través del tiempo de jóvenes ni-ni que termina siendo “una categoría en la que muchas veces, a partir de proyectos de investigación, discutimos ya que hay un imaginario en el que se apunta a un tipo de juventud, que suele ser vinculada a las clases populares. Entonces aparece la estigmatización”.

Destacó además que existen estudios e investigaciones en los que muchas veces “no se tiene en cuenta el género, pero gran parte de los jóvenes que eran catalogados como ni-ni eran mujeres, y en realidad se trata de personas que eran madres o tenían tareas de cuidado, u ocupaban diferentes lugares de responsabilidad, con trabajos que no están reconocidos. Y en general cuando se hacen encuestas, ese tipo de trabajo no se puede marcar en un casillero”.

Informalidad laboral

La socióloga recordó que una gran parte de los sujetos que percibieron el IFE fueron jóvenes. “Y si se tiene en cuenta que estaba destinado a trabajadores de la economía popular e informal o monotributistas, surge como dato, y que muchas veces no es tenido en cuenta, que los jóvenes tienen trabajos informales”.

Fue más allá al explicar que la informalidad pasa con juventudes “en clases populares, pero también en algunos sectores medios ante la imposibilidad de tener un empleo en función de los requisitos que se piden para ingresar, o condiciones de los empleos que se ofrecen. Y allí se desprende que la informalidad laboral en gran parte es ocupada por jóvenes, varones y mujeres”.

Sobre los motivos de esa informalidad, consideró que se deberían pensar varias cuestiones, “entre ellas una que se discute y tiene que ver en que terminar la secundaria garantizaba que pudieras ingresar a algún trabajo formal. Eso sigue funcionando en nuestras cabezas, pero en la práctica no es tan así”. “Muchos de los jóvenes desempleados no necesariamente no estudian, lo que termina desmitifica un poco el ni-ni, sino que pueden estar en programas de terminalidad o con algunas materias en el secundario”, sentenció.

Desde su punto de vista, recalcó que se perciben en la actualidad “dificultades para las juventudes conseguir trabajo únicamente con el título del secundario, pero ello tiene que ver también con los requisitos para el ingreso. De igual manera, desde antes de la pandemia, el mercado laboral actual tiene implicancias por lo que es otro aspecto a tener en cuenta en la búsqueda de por qué sucede esto en este grupo poblacional”.

“Se habla de informalidad en varones, ya sea con jóvenes que son peones de albañil o changas en la zona rural, pero también está invisibilizada la tarea de jóvenes mujeres, que trabajan de niñeras o empleadas domésticas y son situaciones que no figuran en las estadísticas”, dijo.

“A lo largo de la historia Argentina y en diferentes momentos muchas veces se dan procesos de estigmatización, de algún modo, a ciertas juventudes. Se tiene la idea de que los jóvenes son el futuro, pero también se generan ideas contradictorias porque entre esos también estás los ‘ni-ni’”, sentenció.