La infraestructura soñada para el deporte villamariense en sólo un año
Son dos propuestas diferentes, pero van en la misma sintonía. La ciudad deportiva a cambio de Plaza Ocampo es un viejo sueño de Pozzerle y los inversionistas. Otros desarrollistas ofrecen un salón de usos múltiples
El intendente Martín Gill fue por todo, y emocionó a muchos periodistas deportivos, con los que se reunió el miércoles.
Si hace 30 años alguien presentaba dos proyectos “soñados” a cambio de “entregar” el Salón de los Deportes y la Plaza Ocampo, ni la hubieran escuchado. Hoy, sí.
Muchos no le creímos al intendente cuando convocó a los periodistas deportivos para comentar los 4 proyectos de su gestión para dotar de infraestructura deportiva a una ciudad que creció en casi todos los aspectos, menos en escenarios deportivos durante 30 años.
Remodelar el Polideportivo fue una prueba superada, pero no tan superadora. La pista de solado sintético es un sueño en marcha. El estadio cerrado para 1.500 personas ya ingresó en el Concejo Deliberante. La ciudad deportiva con un estadio de fútbol profesional es aún una deuda pendiente.
Si políticamente se le cumplen los sueños a Gill, y si se cumplen los plazos de realización de obra, en apenas 1 año (a más tardar en enero de 2020) serán 4 sueños cumplidos para el deporte local.
Los sueños, sueños son...
Martín Gill explicó que el proyecto para ceder el Salón de los Deportes (volverá a ser un mercado, aunque moderno) a cambio de un estadio cerrado para 1.500 espectadores ya está en el Concejo Deliberante (necesitará 8 votos, ya que otorgar bienes públicos municipales a manos de privados, requiere la aprobación de dos terceras partes: 8 votos).
El Salón de los Deportes, más allá de los románticos y melancólicos, siempre fue una referencia fuerte del deporte villamariense y escenificó a numerosos deportistas y espectáculos de elite.
El dolor de su pérdida se mitiga y se explica en que “el salón está prácticamente en desuso, y en condiciones deplorables. Ya se practican muy pocas actividades, y sólo sirve para entrenamientos”.
Todo parece indicar por lo expresado por Martín Gill, que “es una oportunidad histórica. Cambiar un escenario en desuso, para 500 espectadores, por un estadio para 1.500 espectadores, moderno y con dimensiones óptimas para practicar más deportes de los habituales, es imperdible. A quienes quieran decir ‘no’, les pido que me den algún buen motivo. Un concejal no está para decir ‘no porque no’, y confío en que vamos a llegar a un acuerdo y consensuar”.
Es un negocio
Aunque pretendan negarlo, o encuadrarlo en “situación histórica e inigualable para dotar a la ciudad de infraestructura deportiva de primera línea”, es un negocio.
Aunque algunos periodistas deportivos se emocionen y pidan a gritos “entregar” los dos míticos escenarios de nuestro deporte a manos privadas, con la excusa del progreso de la ciudad y el deporte, el único motivo por el cual existió oposición, y existe dolor en la gente que ama la ciudad y el deporte, es porque se “canjea”.
Por eso es un negocio. Duele que deje de existir el Salón de los Deportes, aunque Gill con muchas razones coherentes exprese que “es imposible con el presupuesto que maneja la Municipalidad realizar con fondos propios una obra como esta (invertirían $51 millones, y dotaría de un espacio para la práctica de vóley, fútbol de salón, básquet, handball y deportes bajo techo). Mucho menos, es realizable el proyecto de efectuar una ciudad deportiva (a cambio de la Plaza)”.
Afirma que es “ahora o nunca”. El sueño de muchos deportistas y periodistas deportivos es el mismo del intendente y quienes acompañan su gestión. Sin embargo, es un negocio, y como tal merece un cauteloso análisis, e intentar “despolitizar” el tema resulta difícil.
Allí radicó el error de Eduardo Accastello al pretender canjear la Plaza Ocampo, y también hoy. Son escenarios deportivos míticos, y sin embargo, el tema se politizó, y es manejado políticamente. No fue así cuando se remodeló la Plaza, o cuando se gestaron otros espacios (hace más de 30 años).
Las obras pueden ser visiblemente “más modernas, con material de primera, adecuadas a las dimensiones y requisitos que tienen los deportes federados hoy (y no 30 como años antes)”, aseguró con razón Gill. El problema es que también los periodistas deportivos tendrán que entender que no es un canje publicitario, es definitivo.
Van por la Plaza
Nada se cuestionó sobre la pista de solado sintético de atletismo en la UNVM. Tampoco de las reformas del Polideportivo. Es que no hubo, ni hay “canje”, ni negocio. Es todo crecimiento, sin pérdida.
El sentimiento ya no es un tema. Como lo aclaró Gill, “la Justicia ya dictaminó y se dieron todos los pasos para que Plaza Ocampo no sea considerada una plaza de la ciudad, y no se vuelva atrás con la nostalgia o los recursos de amparo por ser un patrimonio histórico de la ciudad. Ahora es el progreso de la ciudad lo que está en juego”.
Es cierto. También es cierto que “los vecinos de Plaza Ocampo, ya no soportan vivir allí”. También que el estadio de fútbol a construir no es idéntico al que ofrecía Teximco en la gestión Accastello (proyectado para torneos nacionales profesionales y al ampliarse pasaba de 10 a 25 mil espectadores).
Habrá que analizar si no hay obstáculos ante la posibilidad de ampliar la capacidad (para 9 mil espectadores con butacas), más accesos, los vestuarios, los espacios para pulmones entre tribunas, los estacionamientos, y especialmente si las canchas auxiliares (o una sola cancha) reúne condiciones para ser utilizada (para fútbol y otros deportes o espectáculos).
“Un grupo de 10 inversores locales compró un viejo proyecto de Pozzerle, que al morir, dejó avanzado su sueño de ciudad deportiva. No es nuestro sueño, es el de una persona que trabajó mucho para hacerlo realidad, y está muy avanzado. Si aceleramos hoy, en mayo o junio puede ser realidad”.
La inversión superaría los $600 millones. Es obvio que Gill y su equipo de trabajo conoce que el proyecto es diferente al de Teximco, y la comparación es odiosa.
También sabe que “debe pertenecer al ejido municipal”, y que un estadio para 9 mil personas no alcanza para saciar a los dirigentes futboleros (aunque no lo llenen). “Tendrá un estacionamiento para 300 vehículos, dos canchas auxiliares, un estadio con natatorio cubierto (500 personas), comedor, un salón para deportes con gimnasio, sala de emergencia, y una residencia deportiva para 100 plazas”.
Es “soñado”, pero deja de existir Plaza Ocampo. Un viejo templo que aún se utiliza, de fácil acceso y un espacio verde en el centro.
Nadie duda de la necesidad de infraestructura deportiva, ni de la calidad de los proyectos. La pregunta es: ¿No hay otras tierras para entregar o canjear que no sean las de la Plaza y el Salón?
Edgar Scauso. Redacción Puntal Villa María
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Si hace 30 años alguien presentaba dos proyectos “soñados” a cambio de “entregar” el Salón de los Deportes y la Plaza Ocampo, ni la hubieran escuchado. Hoy, sí.
Muchos no le creímos al intendente cuando convocó a los periodistas deportivos para comentar los 4 proyectos de su gestión para dotar de infraestructura deportiva a una ciudad que creció en casi todos los aspectos, menos en escenarios deportivos durante 30 años.
Remodelar el Polideportivo fue una prueba superada, pero no tan superadora. La pista de solado sintético es un sueño en marcha. El estadio cerrado para 1.500 personas ya ingresó en el Concejo Deliberante. La ciudad deportiva con un estadio de fútbol profesional es aún una deuda pendiente.
Si políticamente se le cumplen los sueños a Gill, y si se cumplen los plazos de realización de obra, en apenas 1 año (a más tardar en enero de 2020) serán 4 sueños cumplidos para el deporte local.
Los sueños, sueños son...
Martín Gill explicó que el proyecto para ceder el Salón de los Deportes (volverá a ser un mercado, aunque moderno) a cambio de un estadio cerrado para 1.500 espectadores ya está en el Concejo Deliberante (necesitará 8 votos, ya que otorgar bienes públicos municipales a manos de privados, requiere la aprobación de dos terceras partes: 8 votos).
El Salón de los Deportes, más allá de los románticos y melancólicos, siempre fue una referencia fuerte del deporte villamariense y escenificó a numerosos deportistas y espectáculos de elite.
El dolor de su pérdida se mitiga y se explica en que “el salón está prácticamente en desuso, y en condiciones deplorables. Ya se practican muy pocas actividades, y sólo sirve para entrenamientos”.
Todo parece indicar por lo expresado por Martín Gill, que “es una oportunidad histórica. Cambiar un escenario en desuso, para 500 espectadores, por un estadio para 1.500 espectadores, moderno y con dimensiones óptimas para practicar más deportes de los habituales, es imperdible. A quienes quieran decir ‘no’, les pido que me den algún buen motivo. Un concejal no está para decir ‘no porque no’, y confío en que vamos a llegar a un acuerdo y consensuar”.
Es un negocio
Aunque pretendan negarlo, o encuadrarlo en “situación histórica e inigualable para dotar a la ciudad de infraestructura deportiva de primera línea”, es un negocio.
Aunque algunos periodistas deportivos se emocionen y pidan a gritos “entregar” los dos míticos escenarios de nuestro deporte a manos privadas, con la excusa del progreso de la ciudad y el deporte, el único motivo por el cual existió oposición, y existe dolor en la gente que ama la ciudad y el deporte, es porque se “canjea”.
Por eso es un negocio. Duele que deje de existir el Salón de los Deportes, aunque Gill con muchas razones coherentes exprese que “es imposible con el presupuesto que maneja la Municipalidad realizar con fondos propios una obra como esta (invertirían $51 millones, y dotaría de un espacio para la práctica de vóley, fútbol de salón, básquet, handball y deportes bajo techo). Mucho menos, es realizable el proyecto de efectuar una ciudad deportiva (a cambio de la Plaza)”.
Afirma que es “ahora o nunca”. El sueño de muchos deportistas y periodistas deportivos es el mismo del intendente y quienes acompañan su gestión. Sin embargo, es un negocio, y como tal merece un cauteloso análisis, e intentar “despolitizar” el tema resulta difícil.
Allí radicó el error de Eduardo Accastello al pretender canjear la Plaza Ocampo, y también hoy. Son escenarios deportivos míticos, y sin embargo, el tema se politizó, y es manejado políticamente. No fue así cuando se remodeló la Plaza, o cuando se gestaron otros espacios (hace más de 30 años).
Las obras pueden ser visiblemente “más modernas, con material de primera, adecuadas a las dimensiones y requisitos que tienen los deportes federados hoy (y no 30 como años antes)”, aseguró con razón Gill. El problema es que también los periodistas deportivos tendrán que entender que no es un canje publicitario, es definitivo.
Van por la Plaza
Nada se cuestionó sobre la pista de solado sintético de atletismo en la UNVM. Tampoco de las reformas del Polideportivo. Es que no hubo, ni hay “canje”, ni negocio. Es todo crecimiento, sin pérdida.
El sentimiento ya no es un tema. Como lo aclaró Gill, “la Justicia ya dictaminó y se dieron todos los pasos para que Plaza Ocampo no sea considerada una plaza de la ciudad, y no se vuelva atrás con la nostalgia o los recursos de amparo por ser un patrimonio histórico de la ciudad. Ahora es el progreso de la ciudad lo que está en juego”.
Es cierto. También es cierto que “los vecinos de Plaza Ocampo, ya no soportan vivir allí”. También que el estadio de fútbol a construir no es idéntico al que ofrecía Teximco en la gestión Accastello (proyectado para torneos nacionales profesionales y al ampliarse pasaba de 10 a 25 mil espectadores).
Habrá que analizar si no hay obstáculos ante la posibilidad de ampliar la capacidad (para 9 mil espectadores con butacas), más accesos, los vestuarios, los espacios para pulmones entre tribunas, los estacionamientos, y especialmente si las canchas auxiliares (o una sola cancha) reúne condiciones para ser utilizada (para fútbol y otros deportes o espectáculos).
“Un grupo de 10 inversores locales compró un viejo proyecto de Pozzerle, que al morir, dejó avanzado su sueño de ciudad deportiva. No es nuestro sueño, es el de una persona que trabajó mucho para hacerlo realidad, y está muy avanzado. Si aceleramos hoy, en mayo o junio puede ser realidad”.
La inversión superaría los $600 millones. Es obvio que Gill y su equipo de trabajo conoce que el proyecto es diferente al de Teximco, y la comparación es odiosa.
También sabe que “debe pertenecer al ejido municipal”, y que un estadio para 9 mil personas no alcanza para saciar a los dirigentes futboleros (aunque no lo llenen). “Tendrá un estacionamiento para 300 vehículos, dos canchas auxiliares, un estadio con natatorio cubierto (500 personas), comedor, un salón para deportes con gimnasio, sala de emergencia, y una residencia deportiva para 100 plazas”.
Es “soñado”, pero deja de existir Plaza Ocampo. Un viejo templo que aún se utiliza, de fácil acceso y un espacio verde en el centro.
Nadie duda de la necesidad de infraestructura deportiva, ni de la calidad de los proyectos. La pregunta es: ¿No hay otras tierras para entregar o canjear que no sean las de la Plaza y el Salón?
Edgar Scauso. Redacción Puntal Villa María