El investigador principal del Conicet, Gabriel Kessler, investiga las reacciones políticas y sociales en distintos niveles frente a la disminución de la desigualdad. En una entrevista con este medio calificó como “una catástrofe” el posible triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil. “Significa que la ultraderecha fascista llega al poder por medio de las urnas y es algo que pensábamos imposible en una Latinoamérica democrática”, aseguró.
Respecto a las políticas de seguridad en Argentina mostró su preocupación por la intervención militar en temas de seguridad interna. “Sería un retroceso democrático inconcebible”, manifestó.
En dos oportunidades Kessler recibió el premio Konex en Sociología. Es autor de numerosos libros: La nueva pobreza en la Argentina (con Alberto Minujin), Sociología del delito amateur, Controversias sobre la desigualdad y Muertes que importan (con Sandra Gayol), entre otros. Esta semana dictó un seminario en el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Villa María.
-¿Por qué se interesó por el delito y el crimen?
-El delito y el crimen no me interesó por una relación con la ley o con el orden, sino como desenlace de ciertas situaciones y crisis sociales que se habían vivido en Argentina y, en particular, por un rasgo distintivo del delito amateur que era la relación entre desestabilización del mundo del trabajo y de cierta vida institucional.
-¿Cómo lo trabajó?
-Llego al tema porque había estudiado la pauperización de la clase media sin pérdida del lugar laboral, sino más bien una contracción de las condiciones económicas. Cuando empecé a ver los picos de desempleo a mediados de los ’90, observé que a diferencia con el desempleo que estudiábamos en Europa, donde era de larga duración, en Argentina eran más bien periodos cortos de desempleo y mucha relación con la informalidad. Primero traté de ver la particularidad de la inestabilidad laboral en relación con la pobreza. Empecé a ver un aumento del delito y cierta preocupación a finales de los ’90 por el delito juvenil. Trabajé sobre delito amateur que estaba lejos de la idea de una carrera que implicaba un compromiso con el delito, ponía el foco en la cuestión laboral y el impacto de la reforma neoliberal en la vida de los y las jóvenes. Se mostraban lógicas de acción, cómo era la experiencia del delito. Trato de mostrar esa cuestión. Luego me fui interesando por otras.
-¿Qué relación encuentra entre el delito y la desigualdad?
-Luego de ese proceso, trabajé un territorio muy estigmatizado, conocido como Fuerte Apache, en la periferia de Buenos Aires. Ahí observé qué pasa con el delito cuando hay una mejora de la situación económica y una disminución de la desigualdad. Creo que una respuesta que no dimos en las ciencias sociales latinoamericanas es que tuvimos argumentos para mostrar cómo el aumento de la desigualdad se correlacionaba con el aumento del delito, pero no pudimos demostrar lo contrario. Es decir que, contra nuestros pronósticos, la disminución de la desigualdad que se dio en muchos países de la región entre 2003 y 2010 no significó una retracción del delito, que se dio en ciertos países pero fue más bien un amesetamiento. Es una pregunta académica y política muy fuerte. Qué cosas no vimos o cómo deberíamos pensar de manera más compleja la relación entre desigualdad y delito. Sobre todo qué sucede con el delito con la disminución de la desigualdad. Uno tiene que pensar lo contrario también, porque la reactivación económica implica de algún modo más dinero que circula, más mercados legales e ilegales, más bienes; entonces la mirada de la relación entre igualdad y delito fue una mirada muy importante en América Latina sobre todo en momentos donde la desigualdad bajó.
-¿Desde dónde abordó las desigualdades?
-Me interesó analizar qué había sucedido en Argentina con la desigualdad. Era un tema de debate que traté en Controversias sobre la desigualdad. Cuáles son las desigualdades, cómo medirlas, es un debate permanente. La pregunta es más amplia y a mí me interesó analizar la multidimensionalidad y qué sucedía con diferentes desigualdades y las experiencias contrapuestas en el periodo kirchnerista. Sobre todo en el debate acerca de si todo había mejorado o se había mantenido igual. Había una tendencia contrapuesta, por un lado la disminución de desigualdades y por otro un aumento. También se daba que lo mismo que generaba una mejora en los ingresos de ciertos hogares tuvo su impacto en el encarecimiento de tierras rurales y urbanas, por ejemplo, y así muchos hogares que vieron mejorar su situación económica estaban más alejados de acceder a una vivienda o a tierra.
-¿Y actualmente?
-Hoy trabajo más sobre América Latina y qué sucedió con las sociedades latinoamericanas. Me interesa algo que lamentablemente es muy dramático y son las reacciones políticas y sociales en distintos niveles frente a la disminución de la desigualdad, porque eso está en la base de movimientos de ultraderecha. Me interesa centrarme en la zona intermedia de configuración de subjetividades, narraciones, acciones y relatos que, de algún modo, alimentan distintas reacciones frente a la disminución de la desigualdad. Trabajo temas como género, o cuestiones que no necesariamente tienen una traducción política instantánea como la cobertura y el acceso a bienes y servicios.
-En ese sentido, ¿qué opinión le merece la situación del electorado en Brasil?
-Lo que sucede en Brasil es una catástrofe si gana Bolsonaro, porque significa que la ultraderecha fascista llega al poder por medio de las urnas y es algo que pensábamos imposible en una Latinoamérica democrática. Nos obliga a analizar en detalle qué pasó y ver que para ganar tiene que tener el apoyo y la tracción de sectores que pueden disputar los espacios progresistas. El hecho de que estén votando a un candidato de derecha no fue un límite para esos sectores, entonces hay que pensar algunos errores del PT en la caracterización de esos distintos grupos de electores y electoras. Hay franjas de electores de diferentes culturas políticas sobre los cuales hay que trabajar, así como las crisis de seguridad, las influencias de grupos evangélicos, las tendencias racistas, toda una agenda de investigación que no se limita a pensar que toda la sociedad se volvió racista porque eso no nos ayuda. Hay todo un debate sobre si esto no puede pasar en Argentina, pero hace unos años se decía que esto no podía pasar en Brasil. Nos obliga a estar muy atentos y saber que posiblemente esta nueva internacional reaccionaria que hay a nivel mundial es un incentivo para los grupos de ultraderecha.
-Mencionó a la seguridad, ¿qué impacto tiene el tratamiento mediático sobre este tema?
-Las tasas de delito en argentina en relación a la victimización, personas que declaran haber sido víctimas de delito, es alta desde hace varios años. Se mantienen entre el 30 y el 40 por ciento. Hubo una investigación del PISCAC, de la cual participan las universidades, que nos permite ver que el delito contra la propiedad es alto. Esta es la base de una experiencia de victimización en ciudades medianas y pequeñas del país. Eso cambió las subjetividades, las formas de socializar de los hijos, cambió prácticas y mercados. También se ve que la tematización de la inseguridad en los medios está guiada por otras variables. En términos generales hubo con el gobierno actual una situación de morigeración de la presencia del delito en los medios en términos comparativos, está todo el tiempo pero con menos clamor que en periodo anterior donde la inseguridad era lo que estaba en disputa. Hay temas preocupantes en la agenda de seguridad de este gobierno como la idea de centralidad del narcotráfico como principal problema, también el intento de volver a hacer participar a los militares en la seguridad interna que era una de las ganancias de la democracia de los años ´80. Estamos yendo en un camino preocupante, en un intento de volver a darle protagonismo en temas de seguridad interna a los militares y eso sería un retroceso democrático inconcebible.
Rodrigo Duarte. Redacción Puntal Villa María.
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En dos oportunidades Kessler recibió el premio Konex en Sociología. Es autor de numerosos libros: La nueva pobreza en la Argentina (con Alberto Minujin), Sociología del delito amateur, Controversias sobre la desigualdad y Muertes que importan (con Sandra Gayol), entre otros. Esta semana dictó un seminario en el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Villa María.
-¿Por qué se interesó por el delito y el crimen?
-El delito y el crimen no me interesó por una relación con la ley o con el orden, sino como desenlace de ciertas situaciones y crisis sociales que se habían vivido en Argentina y, en particular, por un rasgo distintivo del delito amateur que era la relación entre desestabilización del mundo del trabajo y de cierta vida institucional.
-¿Cómo lo trabajó?
-Llego al tema porque había estudiado la pauperización de la clase media sin pérdida del lugar laboral, sino más bien una contracción de las condiciones económicas. Cuando empecé a ver los picos de desempleo a mediados de los ’90, observé que a diferencia con el desempleo que estudiábamos en Europa, donde era de larga duración, en Argentina eran más bien periodos cortos de desempleo y mucha relación con la informalidad. Primero traté de ver la particularidad de la inestabilidad laboral en relación con la pobreza. Empecé a ver un aumento del delito y cierta preocupación a finales de los ’90 por el delito juvenil. Trabajé sobre delito amateur que estaba lejos de la idea de una carrera que implicaba un compromiso con el delito, ponía el foco en la cuestión laboral y el impacto de la reforma neoliberal en la vida de los y las jóvenes. Se mostraban lógicas de acción, cómo era la experiencia del delito. Trato de mostrar esa cuestión. Luego me fui interesando por otras.
-¿Qué relación encuentra entre el delito y la desigualdad?
-Luego de ese proceso, trabajé un territorio muy estigmatizado, conocido como Fuerte Apache, en la periferia de Buenos Aires. Ahí observé qué pasa con el delito cuando hay una mejora de la situación económica y una disminución de la desigualdad. Creo que una respuesta que no dimos en las ciencias sociales latinoamericanas es que tuvimos argumentos para mostrar cómo el aumento de la desigualdad se correlacionaba con el aumento del delito, pero no pudimos demostrar lo contrario. Es decir que, contra nuestros pronósticos, la disminución de la desigualdad que se dio en muchos países de la región entre 2003 y 2010 no significó una retracción del delito, que se dio en ciertos países pero fue más bien un amesetamiento. Es una pregunta académica y política muy fuerte. Qué cosas no vimos o cómo deberíamos pensar de manera más compleja la relación entre desigualdad y delito. Sobre todo qué sucede con el delito con la disminución de la desigualdad. Uno tiene que pensar lo contrario también, porque la reactivación económica implica de algún modo más dinero que circula, más mercados legales e ilegales, más bienes; entonces la mirada de la relación entre igualdad y delito fue una mirada muy importante en América Latina sobre todo en momentos donde la desigualdad bajó.
-¿Desde dónde abordó las desigualdades?
-Me interesó analizar qué había sucedido en Argentina con la desigualdad. Era un tema de debate que traté en Controversias sobre la desigualdad. Cuáles son las desigualdades, cómo medirlas, es un debate permanente. La pregunta es más amplia y a mí me interesó analizar la multidimensionalidad y qué sucedía con diferentes desigualdades y las experiencias contrapuestas en el periodo kirchnerista. Sobre todo en el debate acerca de si todo había mejorado o se había mantenido igual. Había una tendencia contrapuesta, por un lado la disminución de desigualdades y por otro un aumento. También se daba que lo mismo que generaba una mejora en los ingresos de ciertos hogares tuvo su impacto en el encarecimiento de tierras rurales y urbanas, por ejemplo, y así muchos hogares que vieron mejorar su situación económica estaban más alejados de acceder a una vivienda o a tierra.
-¿Y actualmente?
-Hoy trabajo más sobre América Latina y qué sucedió con las sociedades latinoamericanas. Me interesa algo que lamentablemente es muy dramático y son las reacciones políticas y sociales en distintos niveles frente a la disminución de la desigualdad, porque eso está en la base de movimientos de ultraderecha. Me interesa centrarme en la zona intermedia de configuración de subjetividades, narraciones, acciones y relatos que, de algún modo, alimentan distintas reacciones frente a la disminución de la desigualdad. Trabajo temas como género, o cuestiones que no necesariamente tienen una traducción política instantánea como la cobertura y el acceso a bienes y servicios.
-En ese sentido, ¿qué opinión le merece la situación del electorado en Brasil?
-Lo que sucede en Brasil es una catástrofe si gana Bolsonaro, porque significa que la ultraderecha fascista llega al poder por medio de las urnas y es algo que pensábamos imposible en una Latinoamérica democrática. Nos obliga a analizar en detalle qué pasó y ver que para ganar tiene que tener el apoyo y la tracción de sectores que pueden disputar los espacios progresistas. El hecho de que estén votando a un candidato de derecha no fue un límite para esos sectores, entonces hay que pensar algunos errores del PT en la caracterización de esos distintos grupos de electores y electoras. Hay franjas de electores de diferentes culturas políticas sobre los cuales hay que trabajar, así como las crisis de seguridad, las influencias de grupos evangélicos, las tendencias racistas, toda una agenda de investigación que no se limita a pensar que toda la sociedad se volvió racista porque eso no nos ayuda. Hay todo un debate sobre si esto no puede pasar en Argentina, pero hace unos años se decía que esto no podía pasar en Brasil. Nos obliga a estar muy atentos y saber que posiblemente esta nueva internacional reaccionaria que hay a nivel mundial es un incentivo para los grupos de ultraderecha.
-Mencionó a la seguridad, ¿qué impacto tiene el tratamiento mediático sobre este tema?
-Las tasas de delito en argentina en relación a la victimización, personas que declaran haber sido víctimas de delito, es alta desde hace varios años. Se mantienen entre el 30 y el 40 por ciento. Hubo una investigación del PISCAC, de la cual participan las universidades, que nos permite ver que el delito contra la propiedad es alto. Esta es la base de una experiencia de victimización en ciudades medianas y pequeñas del país. Eso cambió las subjetividades, las formas de socializar de los hijos, cambió prácticas y mercados. También se ve que la tematización de la inseguridad en los medios está guiada por otras variables. En términos generales hubo con el gobierno actual una situación de morigeración de la presencia del delito en los medios en términos comparativos, está todo el tiempo pero con menos clamor que en periodo anterior donde la inseguridad era lo que estaba en disputa. Hay temas preocupantes en la agenda de seguridad de este gobierno como la idea de centralidad del narcotráfico como principal problema, también el intento de volver a hacer participar a los militares en la seguridad interna que era una de las ganancias de la democracia de los años ´80. Estamos yendo en un camino preocupante, en un intento de volver a darle protagonismo en temas de seguridad interna a los militares y eso sería un retroceso democrático inconcebible.
Rodrigo Duarte. Redacción Puntal Villa María.

