Todo transcurre en seis días: del miércoles 31 de mayo al lunes 5 de junio de 2017, cuando Lucrecia Ñañez, de 15 años, muere de una infección generalizada (sepsis) que genera la caída, a niveles muy bajos, de la tensión arterial y la presión sanguínea: un shock séptico multiorgánico. Ayer se cumplieron dos años de aquella jornada y el sábado, a las cuatro y media de la tarde, se movilizarán en inmediaciones de la Plaza Centenario para reclamar justicia porque consideran que hubo mala praxis.
Carina Gelinetto, de 35, es la madre de la adolescente y María Rosa Ramos, de 58, la abuela. Ambas llegan a un bar de la ciudad. Son las diez y media de la mañana. Piden un café con leche. Ramos saca una libreta pequeña, bordó; mueve las hojas algo amarillas y se detiene. Remueve fotos en su memoria, mete las manos detrás del tiempo.
Lucrecia cursa un embarazo de casi tres meses. Le recetaron reposo y tuvo que dejar la escuela.
—Venía complicado, pero dentro de los parámetros normales —le cuenta a PUNTAL VILLA MARÍA la abogada que sigue la causa, Analía Nicoli.
Son las cuatro de la mañana del último día de mayo y la adolescente no sabe, pero atraviesa un aborto espontáneo. Una ambulancia llega al domicilio, en el barrio San Nicolás y la trasladan al Hospital Regional Pasteur.
—Supuestamente había perdido el bebé. La doctora que me atendió no me dejó entrar, salió la nena y dijo que estaba todo bien —comenta Ramos.
Lucrecia regresa a su domicilio. No le recetan antibióticos. Porque supuestamente está todo bien. Familiares sacan un turno para hacerle, a las seis de la tarde, una ecografía transvaginal en una clínica de la ciudad. Les confirman la pérdida del embarazo y, entonces, también les confirman que hay restos. Nuevamente al centro de salud de barrio Ramón Carrillo e internación y legrado. La intervención iba a ser a las siete de la mañana, pero se concretó ocho horas después: a las tres de la tarde.
—Sale del quirófano, todo bien. El viernes a la mañana le dan el alta —continúa la abuela.
Todavía es viernes y, según recuerda la madre, habrá otro legrado. Y habrá, otra vez, ambulancia, hospital, intervención y una escena que le rompe los ojos a Ramos que ahora sí, ingresa y se queda en obstetricia con Lucrecia.
—Llega un médico y vi exactamente lo que vi cuando perdió el bebé: le habían dejado restos. Entonces ahí nomás me saca el médico con la nena cerca y me dice que, para salvarle la vida hay que operarla y sacarle el útero. Directamente la llevan a terapia.
El útero. Había que sacarlo. Pero después no. Y, supuestamente, podría haber ingresado una bacteria.
—El médico la atendió, la vio, le dijo que no era para sacárselo —dice Gelinetto.
El sábado fue de fiebre y muchos vómitos. Y la historia de siempre hasta que su hija sale intubada. Y la madre que dice por qué, y los médicos que le dicen que no se asuste, que está así porque no puede respirar bien, que está muy dolorida y que entonces un coma farmacológico.
—Se estaba muriendo —interrumpe la abuela.
***
Una vez que se entierran los restos, se exhuma el cuerpo e interviene la Fiscalía de Instrucción del Tercer Turno, que está a cargo de René Bosio.
—La Justicia ha sido sumamente expeditiva en esto. Hace dos años que sucedió esto y, normalmente, una causa de esta índole cuánto tiempo tarda en resolverse. La secretaría de Pedro Diana ha actuado con total celeridad. Tengo miles de discusiones en la Justicia por los tiempos, pero realmente, sabiendo que no hay una persona imputada, ni detenidos, ni riesgos ni peligros, y que la muerte está determinada, esto fue un logro —explica Nicoli.
Si los profesionales actuaron con negligencia, aún no se sabe. Las pericias ya fueron realizadas. El caso se planteó desde lo penal (no desde lo económico) porque el objetivo es esclarecer el hecho. Y hay resultados que se están esperando.
—Se mandó todo a Córdoba para determinar, en el Centro de Mala Praxis, si, efectivamente, con las pruebas, historias e informes médicos que se secuestraron del hospital y con las autopsias efectuadas tanto en el cuerpo como después por separado en el útero, hubo o no mala praxis.
***
Por el momento han comparecido, en los Tribunales locales, entre 10 y 14 médicos con sus abogados defensores. Han comparecido sólo a los fines de la investigación; esto significa que no hay ninguna persona imputada.
Este mes es posible que se conozcan los resultados del Centro de Mala Praxis.
Este mes es posible que los allegados de Lucrecia metan las manos detrás del tiempo: para conocer, de una vez, el principio del fin.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal Villa María
Comentá esta nota
Lucrecia cursa un embarazo de casi tres meses. Le recetaron reposo y tuvo que dejar la escuela.
—Venía complicado, pero dentro de los parámetros normales —le cuenta a PUNTAL VILLA MARÍA la abogada que sigue la causa, Analía Nicoli.
Son las cuatro de la mañana del último día de mayo y la adolescente no sabe, pero atraviesa un aborto espontáneo. Una ambulancia llega al domicilio, en el barrio San Nicolás y la trasladan al Hospital Regional Pasteur.
—Supuestamente había perdido el bebé. La doctora que me atendió no me dejó entrar, salió la nena y dijo que estaba todo bien —comenta Ramos.
Lucrecia regresa a su domicilio. No le recetan antibióticos. Porque supuestamente está todo bien. Familiares sacan un turno para hacerle, a las seis de la tarde, una ecografía transvaginal en una clínica de la ciudad. Les confirman la pérdida del embarazo y, entonces, también les confirman que hay restos. Nuevamente al centro de salud de barrio Ramón Carrillo e internación y legrado. La intervención iba a ser a las siete de la mañana, pero se concretó ocho horas después: a las tres de la tarde.
—Sale del quirófano, todo bien. El viernes a la mañana le dan el alta —continúa la abuela.
Todavía es viernes y, según recuerda la madre, habrá otro legrado. Y habrá, otra vez, ambulancia, hospital, intervención y una escena que le rompe los ojos a Ramos que ahora sí, ingresa y se queda en obstetricia con Lucrecia.
—Llega un médico y vi exactamente lo que vi cuando perdió el bebé: le habían dejado restos. Entonces ahí nomás me saca el médico con la nena cerca y me dice que, para salvarle la vida hay que operarla y sacarle el útero. Directamente la llevan a terapia.
El útero. Había que sacarlo. Pero después no. Y, supuestamente, podría haber ingresado una bacteria.
—El médico la atendió, la vio, le dijo que no era para sacárselo —dice Gelinetto.
El sábado fue de fiebre y muchos vómitos. Y la historia de siempre hasta que su hija sale intubada. Y la madre que dice por qué, y los médicos que le dicen que no se asuste, que está así porque no puede respirar bien, que está muy dolorida y que entonces un coma farmacológico.
—Se estaba muriendo —interrumpe la abuela.
***
Una vez que se entierran los restos, se exhuma el cuerpo e interviene la Fiscalía de Instrucción del Tercer Turno, que está a cargo de René Bosio.
—La Justicia ha sido sumamente expeditiva en esto. Hace dos años que sucedió esto y, normalmente, una causa de esta índole cuánto tiempo tarda en resolverse. La secretaría de Pedro Diana ha actuado con total celeridad. Tengo miles de discusiones en la Justicia por los tiempos, pero realmente, sabiendo que no hay una persona imputada, ni detenidos, ni riesgos ni peligros, y que la muerte está determinada, esto fue un logro —explica Nicoli.
Si los profesionales actuaron con negligencia, aún no se sabe. Las pericias ya fueron realizadas. El caso se planteó desde lo penal (no desde lo económico) porque el objetivo es esclarecer el hecho. Y hay resultados que se están esperando.
—Se mandó todo a Córdoba para determinar, en el Centro de Mala Praxis, si, efectivamente, con las pruebas, historias e informes médicos que se secuestraron del hospital y con las autopsias efectuadas tanto en el cuerpo como después por separado en el útero, hubo o no mala praxis.
***
Por el momento han comparecido, en los Tribunales locales, entre 10 y 14 médicos con sus abogados defensores. Han comparecido sólo a los fines de la investigación; esto significa que no hay ninguna persona imputada.
Este mes es posible que se conozcan los resultados del Centro de Mala Praxis.
Este mes es posible que los allegados de Lucrecia metan las manos detrás del tiempo: para conocer, de una vez, el principio del fin.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal Villa María

