Luego de que Irán bombardeara con misiles de corto alcance una base militar y un aeropuerto en Irak donde había fuerzas estadounidenses sin dejar víctimas ni grandes destrozos, el máximo líder iraní, el ayatollah Alí Jamenei, aclaró que fue sólo "una cachetada" y adelantó que la verdadera represalia tendrá un objetivo más estratégico.
El mensaje que envió Irán fue doble. Por un lado, puertas afuera, le dio el pie al gobierno estadounidense para distender la situación -lo que efectivamente sucedió cuando Donald Trump decidió no responder con otra acción militar- y, por otro lado, puertas adentro, prometió que la represalia real estará al nivel del rol que cumplió Qasem Soleimani: regional y con un objetivo estratégico.
Desde que Estados Unidos mató al comandante militar iraní más influyente, Jamenei y el resto de las autoridades prometieron represalias contundentes, que a su vez desataron nuevas amenazas de Trump.
La escalada militar y verbal fue tan vertiginosa que Estados Unidos no pudo contener a sus aliados y esta semana varios miembros de la Otan comenzaron a retirar sus tropas de Irak por miedo a quedar en medio del fuego cruzado entre Washington y Teherán.
Pese que potencias regionales y hasta algunos dirigentes estadounidenses reconocieron el asesinato de un comandante militar como un acto de guerra, la teocracia iraní demostró, una vez más, que es un Estado pragmático que, como sostiene la teoría política clásica, busca tanto expandir su poder como su supervivencia.
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Desde que Estados Unidos mató al comandante militar iraní más influyente, Jamenei y el resto de las autoridades prometieron represalias contundentes, que a su vez desataron nuevas amenazas de Trump.
La escalada militar y verbal fue tan vertiginosa que Estados Unidos no pudo contener a sus aliados y esta semana varios miembros de la Otan comenzaron a retirar sus tropas de Irak por miedo a quedar en medio del fuego cruzado entre Washington y Teherán.
Pese que potencias regionales y hasta algunos dirigentes estadounidenses reconocieron el asesinato de un comandante militar como un acto de guerra, la teocracia iraní demostró, una vez más, que es un Estado pragmático que, como sostiene la teoría política clásica, busca tanto expandir su poder como su supervivencia.
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