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Isabel II descansa en su última morada, tras un multitudinario funeral

Cientos de miles de personas y decenas de líderes mundiales despidieron a la reina de Gran Bretaña

El féretro de la reina Isabel fue llevado ayer a una bóveda del castillo de Windsor, su última morada, luego de un día de incomparable pompa que hizo viajar a líderes de todo el mundo a su funeral y congregó a cientos de miles personas en las calles para despedirse de una venerada monarca.

Las personas se agolparon en la ruta que siguió su coche fúnebre desde Londres, arrojando flores, vitoreando y aplaudiendo mientras pasaba de la ciudad a la campiña inglesa, a la que tanto estuvo apegada.

Miles de personas ya se habían reunido en la capital para presenciar la procesión y el funeral, en un homenaje a la monarca más longeva de Gran Bretaña.

En el interior de la majestuosa Abadía de Westminster, donde se celebraron los funerales, había unos 500 presidentes, primeros ministros, miembros de familias reales extranjeras y dignatarios, entre ellos el presidente estadounidense, Joe Biden.

Más tarde, la atención se trasladó a la capilla de San Jorge en el castillo de Windsor, donde unos 800 invitados asistieron al entierro. La ceremonia concluyó con el retiro del ataúd de la corona, el orbe y el cetro, símbolos del poder y el gobierno de la monarca, y su colocación en el altar.

A continuación, el lord Chambelán, el funcionario de mayor rango de la Casa Real, rompió su "Varita de Oficio", que significa el fin de su servicio a la soberana, y la colocó sobre el féretro antes de que éste descendiera lentamente a la bóveda real.

La despedida

Mientras la congregación cantaba el himno nacional, el rey Carlos parecía tratar de evitar las lágrimas.

Más tarde, en un servicio familiar privado, el féretro de Isabel y el de su marido el príncipe Felipe, fallecido el año pasado a los 99 años, serán enterrados juntos en la misma capilla en la que también descansan sus padres y su hermana, la princesa Margarita.

Es el mismo vasto edificio donde la reina fue fotografiada llorando a solas a Felipe durante el confinamiento por la pandemia, lo que reforzó la sensación de sintonía con su pueblo en un momento de prueba.

En el funeral en Westminster, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, dijo a los presentes que el dolor que sienten tantas personas en Gran Bretaña y en todo el mundo refleja la "vida plena y el servicio amoroso" de la difunta monarca.

Procesión militar

Tras el funeral, su féretro, envuelto en una bandera, fue arrastrado por marineros por las calles de Londres en un carro de artillería, en una de las mayores procesiones militares vistas en el país, en la que participaron miles de miembros de las fuerzas armadas vestidos con galas ceremoniales.

Caminaron al ritmo de la música fúnebre de las bandas de música, mientras de fondo el famoso Big Ben de la ciudad daba las campanadas cada minuto. El rey Carlos y otros miembros de la realeza les siguieron a pie.

El féretro fue llevado desde la Abadía de Westminster hasta el Arco de Wellington antes de pasarlo al automóvil fúnebre que fue trasladado a Windsor.

Entre la multitud que acudió de toda Gran Bretaña, la gente trepaba a las farolas y se subía a las barreras y escaleras para poder ver la procesión real, una de las más grandes de la historia moderna de la capital.

Millones de personas más lo veían por televisión en un día festivo declarado para la ocasión. El funeral de un monarca británico nunca había sido televisado.

Hacia el final del servicio en Westminster, la iglesia y gran parte del país guardaron silencio durante dos minutos. Las trompetas sonaron antes de que la congregación cantara "God Save the King". En el exterior, la multitud se unió y rompió en aplausos cuando terminó el himno.

El gaitero de la reina puso fin al servicio con la lamentación "Duerme, querida, duerme", que se fue apagando.