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Joaquín Pichón Riviere: "La pandemia ha modificado el vínculo de los docentes y estandarizó la educación"

El psicólogo social analizó el contexto actual en las escuelas por el Covid-19, el rol de los educadores y la influencia de las nuevas tecnologías en el tratamiento de los contenidos. Consideró que es fundamental un cambio de modelo que incluya a las familias

El psicólogo social Joaquín Pichón Riviere es uno de los máximos referentes del estudio de la educación en Argentina, y en diálogo con Puntal analizó el contexto actual por el que atraviesa todo el sistema.

El especialista indicó que se deben repensar el modelo y los roles de la familia y los docentes. Del mismo modo, planteó un nuevo escenario en el que las tecnologías y la educación emocional deben tener un papel fundamental.

“Me gusta tomar como referencia la evolución del fenómeno, y en el caso de la educación me ubico en la década del ’60, en la escuela como institución, un lugar diseñado para producir conocimiento. Si en algún momento se salía a la calle y se le preguntaba a una madre que dejaba al niño en el colegio sobre lo que era la escuela, muchas decían que era el segundo hogar de los chicos y la maestra era su segunda madre”, señaló Pichón Riviere sobre el valor que ha tenido la institución de la escuela a lo largo de los años, y señaló que a mediados del siglo pasado, “si uno analiza a esa generación observa dos valores relevantes: el hogar, algo que viene de los inmigrantes europeos y que representa los ladrillos, una de las primeras cosas que buscaron conseguir, tener su casa, con mucho esfuerzo, y la madre, algo que se diferencia de otros países donde la religión tiene muy presente a la Virgen María, Argentina es un país mariano”.

Ahora, en tanto, la respuesta sería diferente para el especialista: “Si a esas mismas preguntas las hiciera hoy, la respuesta sería toda negativa, dirían que es todo un caos, que las maestras faltan sin avisar, que las escuelas están que se caen, que los chicos se distraen y no aprenden, pero todo sin mucha convicción”, explicó.

En este sentido, se refirió a los roles de los docentes, y citó el estatuto del docente, “que es como la Constitución de un país, y que yo tengo entendido que no ha sido cambiado, establece perfectamente los roles que van de cómo es la familia en su hogar para los hijos: en la comida, la higiene, el respeto, y cómo tiene que llegar al colegio con todo eso porque no es la escuela el lugar donde lo deben aprender, en todo caso hacer más finas estas acciones, pero se trata de valores que vienen de la casa. La escuela primaria, luego, tiene un modelo de cómo el chico debe llegar a la secundaria y después la secundaria a la universidad”, detalló Pichón Riviere.

Por esto, aseguró que cuando se desconocen estros principios “suceden hechos que preocupan mucho a las maestras, como un padre que se acerca violentamente a la maestra para cuestionarle por una nota que le pusieron a su hijo, de un modo muy intolerante, pero ese padre no sabe cuál es el rol de la escuela, que es ponerle la nota que corresponde, y después ayudarlo a recuperarla”, señaló.

- En este marco, y considerando cómo ha ido cambiando el rol de la familia, más en un contexto de pandemia como el actual, ¿cuál es el lugar que deben tener los padres en este espacio de enseñanza?

- La pandemia nos ha obligado a modificar, en el caso de la educación, el vínculo, y para los docentes la virtualidad ha significado la imposibilidad de sentir casi el olor del alumno, notar la mirada, la atención, le ha quitado al educador el contacto fino que le permite apoyar al alumno, y en la virtualidad ha tendido a estandarizar la relación con ellos. Para los padres, esa estandarización del conocimiento puede ser que los obligue a participar más de lo que puede no haber entendido el niño, y si los padres no tuvieran todas las obligaciones que tienen, podría ser un muy lindo proceso de constitución de la familia, en el sentido de acompañarlo en los conocimientos con los ejemplos de vida. Les permitiría transmitir muchos saberes que a veces no se dan porque los padres no tienen tiempo, ni hablar si tienen dificultades físicas en términos del espacio, pues hay algo que sabemos desde antes de la pandemia y que nunca pudimos resolver, y es que hay más de un 40% de los alumnos que no accede a Internet y por ello a la virtualidad.

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Joaquín Pichón Riviere se refirió a la actualidad de la educación y la necesidad de darle valor al trabajo de los docentes.

Joaquín Pichón Riviere se refirió a la actualidad de la educación y la necesidad de darle valor al trabajo de los docentes.

Pichón Riviere señala que en este análisis se habla de la complejidad de la virtualidad pero no se tiene en cuenta a la pobreza, y sostuvo: “La existencia de pobreza también es una decisión del Estado, no de la gente, el generador de estas condiciones termina siendo el Estado como poder político, y hablamos de que la mayoría de los problemas están en el noroeste, el noreste y a la vez tenemos lugares como San Luis que tienen Internet en toda la provincia. Estas cosas se pueden hacer si así se lo desea”, consideró.

De todas formas, reconoció que la virtualidad dificulta los procesos de aprendizaje, pero diferenció lo que los alumnos aprenden en la actualidad de lo que reciben desde el pasado: “Una cosa es que aprendan desde la virtualidad un juego muy complejo y todas sus reglas, pero otra es que desde este modelo se carguen cosas que son del pasado. Obviamente que hay temas del futuro, pero la historia, las normas, la geografía, hay aristas que son difíciles de modernizar: dar ejemplos, trabajar en grupos, con la virtualidad se pierde la dinámica grupal”, explicó el especialista.

- Los docentes han hecho un gran esfuerzo para sostener el sistema educativo saliendo de la presencialidad y aprovechando los recursos de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación; hacia futuro, ¿se puede pensar en un escenario sin el uso de estas tecnologías?

- Creo que decididamente la virtualidad democratiza la educación. Si antes era difícil generar un dispositivo escolar en determinada zona -por ejemplo, lugares en los que la maestra tiene un alumnado muy segmentado en edades-, con la virtualidad ella puede completar la enseñanza con mejores contenidos a pesar de lo rudimentario que pueda ser el dispositivo. Del mismo modo, los alumnos pueden seguir trabajando y recurrir a la maestra como referente para consultas y como guía. Democratiza porque con la correcta tecnología se puede llegar a zonas remotas, que un chico no tenga que hacer 20 kilómetros a bicicleta o a caballo, y pueda desde un lugar más cercano acceder con la virtualidad a la escuela. Pero no hay que dejarle toda la virtualidad al chico, porque se pierda la interacción, la posibilidad es desarrollar la virtualidad en un dispositivo grupal.

- Se habla de la importancia de repensar las inteligencias y el lugar que tiene la educación emocional, más en este último año en el que los chicos pasaron por un período que ha aumentado los niveles de frustración y ansiedad, ¿debe tener más lugar lo emocional en la enseñanza?

- Sí, evidentemente esto empieza porque los docentes son la población que tiene más posibilidad de capacitarse en este sentido, a diferencia de los padres, que tienen otras responsabilidades. Tenemos una estructura racional-emocional que siempre estará presente; en un modelo freudiano podría decirse que la pandemia ha despertado el “ello”, el inconsciente que quiere hacer lo que quiere y no tiene límites, pero la cultura se construyó desde un “superyó” que decide las normas. La pandemia destruyó esta etapa, han bajado las barreras de contención social y eso no se arregla con discursos políticos, los relatos generan más expectativas.

Finalmente, el especialista se refirió a otro fenómeno que considera próximo a darse, y que la educación deberá resolver cómo encararlo, y que tiene que ver con una gran migración a lugares rurales. “En poco tiempo tendremos robotizada la producción, y debemos pensar en cuáles son los servicios y trabajos que requerirá la población”, señaló Pichón Riviere. Y concluyó: “Se debe proteger al educador, los sindicatos que miran el pasado son incapaces de pensar en el futuro, sólo piensan en el poder económico de ellos y no piensan en empoderar a los educadores en términos de capacidades; no puede ser que tengamos educadores que les teman a sus referentes”.